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Los estudiantes escolares de Chile no entienden lo que leen: ¿Quién es el culpable? Por Benjamín Escobedo

Recientemente se acaban de publicar las métricas de un estudio bajo la dirección de Acción Educar elaborado a partir de los resultados del Simce año 2025 y sus cuestionarios de contexto. El análisis consideró a 188.654 estudiantes de II medio que rindieron las pruebas de Matemática y Lectura (Lenguaje) y concluyó que el 60,5% se ubicó en nivel insuficiente en al menos una de las dos evaluaciones. Sin duda, una realidad preocupante, un viejo conocido y un desafío latente que necesita respuesta a la brevedad en Chile. ¿Quién o quiénes son los culpables de estos resultados en nuestro país?

 

En primer lugar, dicha realidad deja en evidencia empírica cuantificable que el 60,5% de los alumnos de 2° medio alcanzaron niveles insuficientes de desempeño en alguna de las pruebas de Lenguaje o Matemática del Simce 2025. Cabe señalar que, 74.462 alumnos, equivalentes al 39,5%, no presentan insuficiencia en ninguna de las dos pruebas. Por asignatura, el 47,1% obtuvo nivel insuficiente en Matemática y el 47,4% en Lectura, lo que equivale a que uno de cada tres estudiantes presenta rezagos transversales en ambas áreas evaluadas. Entre los hallazgos del estudio se dio cuenta de que el fenómeno no se distribuye de manera homogénea: en los establecimientos SLEP el 74,7% de los estudiantes presenta insuficiencia en alguna prueba, cifra similar a la de los de administración delegada (72,1%) y municipales (71,5%). En tanto, en los particulares pagados la proporción baja a 24,5%. La ruralidad también aparece como un factor asociado a diferencias en los resultados. Mientras el 69,0% de los estudiantes de establecimientos rurales presentó insuficiencia en alguna de las evaluaciones, entre los alumnos de colegios urbanos la proporción llegó al 60,3%.

 

En segundo lugar, entre quienes presentan insuficiencia en ambas pruebas, el 21,2% aseguró haber sido amenazado, cifra que disminuye al 9,7% entre quienes no presentan ese nivel. Además, el 15,2% de los estudiantes con insuficiencia en ambas áreas señaló haber dejado de asistir al colegio por miedo a que alguien le hiciera daño, frente al 6,2% registrado entre el resto de los alumnos. Según el informe, el Plan Nacional de Tutorías del Plan de Reactivación Educativa llegó solo al 0,3% de la matrícula durante 2024, mientras que la estrategia de reactivación en Matemática alcanzó al 2,5% de los docentes. Desde la organización plantearon que una eventual estrategia debería identificar a los estudiantes y cursos con mayores rezagos, entregar apoyos pedagógicos directos y sostenidos y realizar un monitoreo permanente de sus avances.

 

En tercer lugar, la experiencia nacional muestra que Chile ha desarrollado diagnósticos, recursos pedagógicos, acompañamiento docente y tutorías, pero no cuenta actualmente con una intervención de alcance nacional dirigida específicamente a estudiantes de enseñanza media con rezagos importantes. Algunas acciones que conocemos en esa dimensión son las siguientes: Plan de Reactivación Educativa, implementado para enfrentar las consecuencias de la pandemia. Esto se ejecutaba a través de recursos, tutorías o programas para alumnos y profesores. Otra iniciativa es el plan Chile Aprende y Avanza, lanzado este año, que busca fortalecer los aprendizajes basales en Lectura y Matemática desde los primeros años de las trayectorias educativas. Entre sus primeras medidas se contempla una evaluación de lectoescritura en 2° básico para identificar tempranamente sus rezagos. Tal vez, nos encontramos frente a una realidad ambigua, catastrófica y de profunda crisis en nuestro país; la educación necesita ideas, no ocurrencias, de ahí que surjan algunas preguntas que me propongo inscribir con amistad cívica.

 

¿Por qué los estudiantes escolares de Chile no entienden lo que leen? ¿Quiénes son los agentes responsables de esta triste realidad? ¿Hemos de continuar con un sistema de admisión escolar que no filtre la calidad de sus estudiantes? ¿Podemos solamente responsabilizar al Estado de esta situación producto de su burocracia curricular y evaluativa, o bien, necesitamos reforzar el trabajo y motivación de las familias para generar conciencia de esfuerzo y disciplina en sus hijos, los estudiantes? ¿Qué nivel de alumnos pueden egresar de este tipo de establecimientos educacionales esbozados, si por definición, las métricas (resultados aludidos) dejan mucho que desear pensando en la proyección universitaria hacia el futuro? ¿Será que estamos frente a una desconexión del Estado en materia evaluativa creyendo a priori que todos los colegios tienen el mismo nivel? ¿Qué rol juegan los docentes de un colegio tras los resultados de insuficiencia del Simce 2025? ¿Será que hay profesores lustrabotas, mañosos, cahuineros, mediocres y ausentes de su vocación formativa que viven en el sistema escolar chileno perjudicando la calidad y docencia impartida? ¿Qué nivel de alumnos tiene el sistema escolar en Chile? Al parecer, estas y otras preguntas emergen desde un cuestionamiento racional y heterogéneo, no encallado en las emociones y sensibilidades, sino en la búsqueda sistemática por visibilizar una realidad que se volvió hace rato parte del paisaje chileno, esa donde diversos estudiantes adscriben a un nivel paupérrimo de rigurosidad académica, en la que docentes de mediocre calidad pululan como moscas en la feca, donde el Estado mira al muerto pasar y donde la figura familiar parece estar ausente de resultados curriculares que, dicho sea de paso, juegan un rol trascendental de apoyo, motivación, disciplina y esfuerzo en sus hijos. Necesitamos repensar el rol del Estado en estas materias, la participación y responsabilidad de las familias, la calidad de los docentes y la empírica mediocridad de los estudiantes en muchos casos. Por ahora, una conversación que amerita diálogo, sinceridad y uso de la razón in situ.

 

 

Benjamín Escobedo

Secretario Ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile.

Estudios de Doctorado en Historia.

Licenciado en Historia - Licenciado en Teología

Investigador Asociado de Monte Alto Editorial (Colombia)

Investigador de Ediciones Escaparate (Chile)

Columnista – Escritor - Docente

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