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Los nombres de la ciudad: Poblete por Caffarena en justicia con las mujeres. Por Ximena Valdés

Con la irrupción en el otoño 2018 de la tercera ola feminista protagonizada por jóvenes estudiantas ocurrió un fenómeno insólito en nuestro país: muchas personas, autoridades, docentes, artistas, ministras, funcionariado público, y en fin mujeres y hombres de distintos ámbitos, se declararon feministas. Sorprendente. Y sorprendente pues aquí mismo hasta hace muy pocos años decirse feminista era liquidarse como persona respetable y caer en el campo de la satanización más abyecto. En la Edad Media nos habrían quemado a varias por heréticas y brujas. Pues bien, como no es el caso para nuestro país y nuestra época en que se ha adherido manifiestamente al feminismo tras este reciente y masivo reclamo por igualdad, no discriminación, fin al acoso sexual y a la violencia de género, entre otras de las patologías machistas y misógenas, es tiempo de cambiar los nombres de los lugares, cambiar el nombre de los símbolos inscritos en la ciudad.

La polis exige modificar ese masculino que cubre todo cuanto miramos cuando nos desplazamos por calles, plazas y parques. Así, habitar y recorrer otros nombres puede contribuir a imaginar otra cultura y a recuperar los silenciados nombres de mujeres que han contribuido a formar una sociedad de iguales. Es el caso de lo que demanda la Universidad de Chile en estos días de colocarle el nombre de Eloísa Díaz a la Estación de Metro Hospitales. Merecido para la primera médico formada en la Universidad de Chile cuando hasta avanzado el siglo XIX les estaba prohibido a las mujeres poner los pies en las aulas universitarias.

Hoy sin embargo tan política como esta demanda, y más aún pues castiga y renombra, sería cambiarle al parque el nombre del abusador cura Poblete por el nombre Elena Caffarena, feminista, abogada, miembro del Movimiento pro Emancipación de la Mujer Chilena -MEMCH- Que luchó porque las chilenas pudiéramos adquirir el derecho a voto, quien escribió un libro sobre el matrimonio por gananciales en 1946 (sobre ésto se legisló recién en 1992) y quien ha sido un ejemplo para las feministas chilenas.

Veamos si los Jesuitas que son parte del problema, apoyan esta idea que rompe la falocracia del nombre de los lugares públicos, veamos si el Ministerio o la repartición encargada de los nombres adhiere a esta idea, veamos si el feminismo declarado por autoridades y clase política se hace parte de la penalización de un cura abusador dando lugar a una mujer que le abrió a las chilenas la calidad de ciudadanas sacándolas de la condición de menores de edad.

Así podríamos creer que en engrosamiento de las filas feministas no fueron el año pasado solo banalización de la palabra y de la lucha de las jóvenes, justamente, por denunciar a los Pobletes laicos y eclesiásticos.

Por lo demás amerita agregar algo a esta idea que la justifica mucho más. Creamos un grupo de profesionales feministas el Círculo de Estudios de la Mujer a fines de los setenta. La entonces Academia de Humanismo Cristiano nos cobijó pero, a raíz de nuestra postura política en favor del divorcio y del aborto, el mentado cura Poblete el año 1984, nos expulsó de la Academia. Esa moralina católica cuando se es abusador, fundamenta aún más se revierta esta cuestión de los nombres en la ciudad y a este jesuita abusador se lo reemplace por una gran luchadora feminista.

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