"Por cada persona que empieza a llorar
en otro lugar, otra deja de llorar.
Lo mismo ocurre con la risa".
(Samuel Beckett. Esperando a Godot)
Cada año el festival de Viña del Mar genera polémicas, muchas veces innecesarias que sólo sirven a la industria de la farándula, es decir, no constituyen nada relevante, su liviandad para la cultura les hace insignificativas. Este año 2026 se lució de forma notable la artista Mon Laferte, y para algunos la presentación de Pet Shop Boys fue de otro nivel; la competencia nos permitió conocer la calidad de la española María Peláe que fue premiada como mejor intérprete.
Para el público, más allá de los fans de cada artista que se presenta, el humor es el momento más esperado, hay historias de rutinas que han hecho reir a carcajadas y otras que han sido un fracaso alimentando así la figura del monstruo de la Quinta Vergara. Este año el temido público gozó de cada una de las presentaciones, todos los comediantes salieron con las manos llenas de gaviotas. Sin embargo, cada presentación tuvo altos y bajos haciendo que la mayoría de las rutinas no fueran éxitos tan rotundos.
El humorista más conocido era Kramer que recurriendo, como siempre, a las imitaciones fue capaz de hacer reir nuevamente a los asistentes, dolido con la crítica expresó varias veces la ironía para responder al reclamo de una falta de vigencia, logró incluso enojar al arzobispo Chomali al recordar los abusos sexuales de la iglesia católica chilena. El Pastor Rocha, también friccionó las opiniones de otros líderes religiosos que expresaron su intolerancia. La cuestión religiosa que es parte de nuestra cultura popular se presenta como un buen motivo para los humoristas capaces de tocar temas incómodos para estas instituciones, como dijo Beckett: "Hay un hombre en cada parte culpando a sus botas de los defectos de sus pies".
La presentación de Asskha Sumatra era de las más esperadas, dado el simbolismo que representaba la exposición de un comediante transgénero conocida por su compromiso con esa comunidad, su rutina simple no fue de las mejores de este año, el corte que le hicieron a su presentación permitió la finalización de una actuación que no estuvo a la altura de un festival internacional y de una rutina que quedó atrapada en lo grosero.
Quizá el plato fuerte de este año fue la presentación de Piare conP, mostrando la maduración artística alcanzada por el laborioso oficio que ha desarrollado. Un humor que permite una imagen de la cultura popular actual, atrevido, sugerente y con una personalinidad desbordante en el escenario haciendo lucir su formación teatral.
Así se dieron las jornadas del humor de este año que volvió a tener un espacio para la comunidad venezolana que celebra la intervención de Trump, para ellos justificada en lo que llaman el fin de la dictadura de Maduro. Lo cierto es que Esteban Duch superó la lastimosa presentación de George Harris. La cuestión política sigue siendo una de las fuentes fértiles para recordar nuevamente a Beckett, en su visión del absurdo, de que "No hay nada más divertido que la infelicidad".
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
