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Los presidenciables ante la crisis del cuidado. Parte 2. Por Lorena Armijo

La agenda de seguridad ha vuelto a copar los debates y la campaña presidencial, desplazando a un lugar secundario cualquier otra necesidad de la población que no sea el combate a la delincuencia, el férreo control de la migración y el narcotráfico. Una de las necesidades relegadas es la atención en salud que, según la encuesta del CEP de octubre de este año, ocupa el segundo lugar entre los principales problemas a los que el gobierno debería dedicar un mayor esfuerzo.

En una columna anterior titulada «Los presidenciables ante la crisis del cuidado», parte 1, publicada en este medio, indicábamos que el cuidado, como ámbito o expresión de la salud, es una urgencia ya anunciada por organismos nacionales e internacionales y a la que deberá hacer frente el próximo Gobierno, en medio del déficit de cuidadores y el envejecimiento de la población. Esta transición demográfica ejercerá presión sobre los sistemas de atención y el presupuesto gubernamental, por lo que los gobiernos deberán reordenar sus recursos y destinarlos mayoritariamente a la tercera edad, invirtiendo la tendencia hacia la primera infancia que han tenido hasta ahora las políticas de cuidado.

Aunque todos los candidatos están de acuerdo con repartir las tareas e incorporar a los padres trabajadores como corresponsables del cuidado, lo cierto es que esta figura, ya presente en nuestra legislación sobre protección de la maternidad y la paternidad, requiere permisos y subsidios que aseguren su ejercicio efectivo con un Estado más presente. Hasta ahora, los distintos gobiernos han incluido a los padres en el cuidado, pero con medidas residuales que no tienen en cuenta el coste de oportunidad que supone hacerse cargo del cuidado para esta población. Este sigue siendo un desafío para el país, tal y como se indicó en las recomendaciones del Comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) al octavo informe periódico del Estado de Chile en 2024.

Junto con la corresponsabilidad paterna, la ampliación de servicios de cuidado accesibles y de calidad, y la atención comunitaria, son iniciativas que se incluyen en los programas de los cuatro candidatos a la presidencia con más posibilidades, por lo que no resultan novedosas ni suponen una ruptura con el pasado, tal y como señalan abiertamente en la campaña, en un afán forzado de distanciarse de cualquier gobierno anterior bajo la idea de urgencia o de un nuevo país.

La continuidad o adhesión a las actuales políticas de cuidados se observa principalmente en los programas de las candidatas Matthei y Jara. Ambas impulsan el apoyo a los cuidadores mediante el proyecto de sala cuna universal, que fue concebido originalmente en el programa de Bachelet de 2014 y avanzó durante el segundo gobierno de Piñera en 2018. Esta iniciativa, se debate actualmente en el Congreso y cuenta con la aprobación del Fondo Mixto en la Comisión de Trabajo del Senado. Junto con la omisión de este proyecto en tramitación, las candidatas reconocen también la necesidad de articularlo con organismos o programas gubernamentales, como pone de manifiesto la candidata de izquierda al referirse a la JUNJI, Integra y los VTF municipales, así como a la necesidad de aumentar su fiscalización. Por su parte, la candidata de derecha pretende asegurar los cupos en los jardines de infancia y ampliar el Programa de 4 a 7 y el Programa Red Local de Apoyo y Cuidados.

Para hacer frente a las múltiples necesidades del cuidado, las candidatas presidenciales coinciden en la necesidad de fortalecer la institucionalidad: Jara promueve el Sistema Nacional de Cuidados de Apoyos y Cuidados (SNAC), creado durante el segundo mandato de Bachelet y que actualmente se encuentra en proceso de tramitación en el Senado, mientras que Matthei propone una nueva etapa de la Política Nacional de Cuidados que fortalezca el apoyo a los cuidadores y aumente la cobertura y la calidad de los servicios, aprobada en la administración de Boric. Otra de las iniciativas es aumentar el estipendio que reciben del programa de dependencia severa, y capacitar y certificar a los cuidadores, ya sea como un reconocimiento a su trabajo o un medio para avanzar en su autonomía económica.

Pese a la omisión de la continuidad o ajustes que realizarían en caso de ser elegidas, en los programas de las candidatas a la presidencia se observa un conocimiento de la gestión y administración del Estado, que se manifiesta en la articulación con las actuales políticas de cuidado y sobre las cuales las distintas organizaciones sociales de cuidado han construido una agenda legislativa coherente durante años. Reconocer que la acción del gobierno no se desarrolla en una tabla rasa, sino en un contexto delimitado por instituciones políticas y prácticas sociales preexistentes permite aprender de los errores de las administraciones anteriores. Un ejemplo de ello es la creación de una plataforma digital orientada a las personas cuidadoras, que ofrece servicios de orientación, redes comunitarias y apoyo en salud mental. Esta herramienta responde a una necesidad del sistema planteada por organizaciones como «Yo Cuido», que buscan disminuir el agotamiento físico y emocional de las personas cuidadoras no remuneradas, y la falta de atención a la cuidadora.

El intento de diferenciarse de cualquier administración anterior ha llevado a los presidenciables y, particularmente a las dos candidatas, que muestran un mayor conocimiento de las políticas de cuidado, a ignorar los avances, las demoras y los retrocesos en esta materia, lo que, en la práctica, podría reproducir las desigualdades existentes al repetir lo ya ejecutado. No tener en cuenta lo aprendido e ignorar el pasado podría ser contraproducente, ya que se corre el riesgo de continuar con la orientación maternalista de las políticas de cuidado, lo que ha tenido como efecto más evidente la reproducción de prejuicios contra las madres trabajadoras, salarios más bajos y sobrecarga de trabajo. Y tampoco permitiría proyectarlas adecuadamente para enfrentar la crisis de cuidados que traerá nuevos retos en los próximos años.

Dra. Lorena Armijo, académica CISJU UCSH

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