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Los presos políticos de la revuelta sí existen. Por Luis Osorio

Hay trayectorias que se pueden medir utilizando magnitudes diferentes, proporcionando como resultado cifras que no son comparables. El 11 de septiembre de 1973, se produce una situación política, de carácter violento, con paso a un modelo impositivo avalado por la fuerza y la violencia.

Análisis al respecto hay bastante, y una participación directa de las fuerzas armadas junto a la derecha, que preparó las condiciones para llegar a una situación de ese tipo, con todas las consecuencias posteriores. Fue nuevamente el inicio, de un período de presos políticos, torturados, desaparecidos y chilenos que tuvieron que iniciar un período de residencia obligada en el extranjero.

Entre ese año y el actual, ya han transcurrido casi 48 años, que en términos de tiempos representa el paso de varias generaciones, una magnitud que ha implicado un gran daño social, y que tiene como base el trazado de una trayectoria política, fría y estratégicamente planeada.

No es sólo un estilo de sociedad, sino la instauración de un sistema político administrado con una larga sobrevivencia y no tolerante a los cambios. Es el peso del poder económico y la imposición del círculo del grupo minoritario de los más ricos, aquellos ubicados en el 1%.

Es una situación que no se resuelve con cartas a la presidencia, comisiones, mesas, ni la competencia de expertos. Ello porque el sistema instalado, si hace una proyección retrospectiva, obedece a una cadena de eslabones muy bien atados.

Ante un escenario de esta naturaleza, no es posible identificar el momento dentro de la trayectoria mencionada, en que se pueda hablar de la existencia de una democracia. Más bien es un cúmulo de acontecimientos, situados en una apariencia, de un sistema cerrado en el cual hay componentes relacionadas e impermeables, que no dan lugar a estructuras diferentes.

Todo fluye, dentro de un ambiente totalmente delimitado en que la elección pasa a no representar ningún hito determinante en materia de cambio.

Luego, hay que apreciar y dar vuelta la mirada, volviendo al punto de origen, el 11 de septiembre de 1973, y la distancia entre la estructura política planeada en ese momento y el día anterior al 18 de octubre de 2019, prácticamente no tiene variación.

Pero desde otro punto, si hay variación y muy considerable. Una desigualdad social acentuada, una acumulación creciente de rabia, una falta de oportunidades, condiciones de vida precarias con privilegio de la mano de obra barata, deficiencias en la atención de salud, hacinamiento y una mala educación. Agregar, el suma y sigue.

Ante una situación de este tipo, que está enraizada en una idea de nación ideada y modelada por la derecha, no en un estilo de buenas costumbres, sino en un concepto político de envergadura, lo que se iba fraguando en el tiempo y haciendo una relación total, era la incubación de una reacción, ante hechos políticos, manifestados en una acción.

Las acciones contenidas, no vienen de la nada, sino que están relacionadas con ideas, y si el fondo es una ideología política que predomina por años sin aceptar el desplazar barreras, lo único posible es que el contenido de la reacción sea de tipo político, espacio donde radican las ideas, de las cuales había la costumbre de la aceptación de las que provenían de un sector. El 18 de octubre de 2019, se produjo una reacción inevitable, de lo contrario habría que haberse prolongado por siempre en un estilo de vida que ya no daba para más.

Bajo este análisis, es que resulta totalmente rebatible los argumentos del gobierno cuando no acepta la existencia de presos políticos, y se niega a lo inevitable que cuando se apuesta a iniciar un ciclo desde la violencia extrema, el atropello a los derechos humanos y todo ello para imponer una sociedad injusta. A ratos da la impresión que la derecha tiene la potestad y la propiedad de la violencia, que ayuda a sus fines.

Existen reacciones en distintos grados, donde puede haber habido violencia, pero que es ínfima en relación al momento en que ocurre la instalación del modelo de sociedad imperante, fortalecido y sostenido de manera intencional. En el contexto descrito, hay presos políticos y el entendimiento sobre ello, resulta ser fundado. Pudo haberse evitado, por supuesto que sí, pero habiendo dado un giro en el siglo XX y no a esta altura, cuando ya es bastante tarde.

La única condición que va en contra de los cambios imprescindibles, es que se mantiene el sector político de derecha, protegido por una violencia ejercida desde la institución del Estado destinada a cumplir ese rol, sector político que sólo tolera sus ideas a cualquier precio, los pensamientos contrarios no constituyen ideas y están erradicadas de la política, no entran en las reglas del juego.

Se trata de situaciones de entendimiento humano, las que no están limitadas a determinadas instituciones del Estado. Es el tránsito hacia la determinación ciudadana, cuando hay grandes desconfianzas instaladas y a la vez el sueño de un país justo.

5 de julio de 2021

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