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Los que siempre sobreviven: Evitar el contagio como privilegio de clases. Por Nicol A. Barria-Asenjo

“Mi formula es que la situación es demasiado grave como para entrar en pánico. Las reacciones en pánico no se toman las cosas en serio, hacen cosas absurdas como comprar todo el papel higiénico. ¡No! Es demasiado serio como para entrar en pánico. Tenemos que retroceder y reflexionar: Cuál es nuestro modo de vida, cómo debemos cambiarlo. Porque tenemos que ser conscientes de una cosa: si volvemos a una normalidad, no será la normalidad que conocíamos” (Slavoj Žižek, 2020)

El escenario post-pandemia en pleno mayo 2020 prevalece como epicentro de análisis teóricos podríamos hablar de esta actitud ¿Cómo una forma de pánico universitario frente a la extrema vulnerabilidad y bajos o nulos avances, mejor publicar que no hacer nada?. Las diferentes disciplinas del campo de las Ciencias Sociales se han encargado de utilizar sus destrezas para realizar diferentes investigaciones, análisis, reflexiones intentando trazar una línea capaz incluso de “predecir” el futuro o generar un esbozo del panorama que los “sobreviviente” tendrán que “Soportar”.

Somos bombardeados por datos, e información que es entendible -olvidamos esto- solo para un grupo selecto: los académicos, los estudiosos; los intelectuales. Si bien, el mundo globalizado nos vuelve conscientes de que estamos expuestos al contagio “en la misma medida”, también, de la mano del capitalismo esta pandemia se ha permitido articular otras forma de violencia, ya que, incluso la recepción de la información que circula termina por incrementar en cierta medida, las brechas significativas que hay en el campo de las diferencias sociales. Informarse es también un privilegio de clases. Se espera que esta pandemia llegue a un punto en el cual irremediablemente, todo se frenará. La utopía de un retorno a la normalidad deambula por cada rincón del país. Pero, es necesario cuestionarnos: ¿Cuál es esa normalidad a la que espera regresar?

En medio de la crisis y, con el terror, angustia, estrés y caos que trajo consigo la pandemia, pareciera que nos olvidamos del simple hecho de que precisamente esa “normalidad” mundial es lo que nos llevó a estar en la situación actual. Lo obvio, como lo menos considerado. Ahora bien, precisamente esa normalidad previa al escenario pandémico actual funcionaba como una suerte de silenciador frente a la brecha que hoy por hoy lamentablemente se incrementa y queda en total evidencia. Lo silenciado hoy son gritos presentes de extremo a extremo.

En temas de educación, lamentablemente se retorna a dilemas bastante “obsoletos”. Si en tiempos remotos la educación solo era accesible para un grupo, con la llegada de la pandemia, esto sea apodera de la realidad nacional, los noticieros del país nos demuestran a diario la cruda realidad de los “Estudiantes” que, por ejemplo, para continuar con sus estudios, pasan horas y horas sentados en techos de sus viviendas, siendo esta la única forma de tener conexión a internet. Eso, como un panorama “positivo”, no olvidemos que hay otro grupo, que simplemente quedó desconectado y, sin opción alguna de seguir educándose.

Por otro lado, hay un grupo no menor de estudiantes que, desde la comodidad de sus casas, pueden continuar. La educación “online” que para un grupo es una forma de violencia, discriminación y exclusión social, para el otro, se traduce en un nuevo privilegio.

Otro dilema presente, y que integra el título de este escrito, es el privilegio del evitar el contagio. Parece irónico, humor, etc. Innegablemente la minoría tiene la posibilidad de viajar a sus casas de campo, a sus casas en la playa, y de esta forma alejarse de las ciudades, de los riesgos del contagio. Este mismo grupo es el que se abasteció con provisiones que le permiten vivir meses, incluso años, sin tener que exponerse. El otro grupo, permanece encerrado en viviendas pequeñas, sin internet, hacinados, y con la difícil tarea de sobrevivir el día a día. No hay opción de autocuidado, no hay opción de evitar el contagio, la exposición al virus es un privilegio de clases.

Recientemente, y tristemente, con la apertura de los locales comerciales, encontramos nuevamente las dos caras de la moneda. Un grupo que corrió a la apertura de los locales comerciales, decidiendo exponerse para adquirir nuevos aparatos tecnológicos, abastecerse de ropa nueva o cómoda para esta nueva modalidad de existencia y trabajo desde sus casas, el otro grupo, nuevamente carece de opciones de autocuidado, los trabajadores de los locales comerciales no tienen opción. Son los que atienden, exponiéndose porque si no trabajan ¿Quién alimentará a sus familias?.

En esta dirección, las palabras del filósofo Sloveno Slavoj Žižek (2020) parecen ser muy atingentes, cuando menciona: “Si en casos previos la gente pensaba simplemente en el aislamiento y todo eso, actualmente espero que nos estemos dando cuenta de que tenemos que actuar unidos y coordinados. Todos, toda la humanidad, estamos sentados en el mismo barco. El gran perdedor, creo será precisamente el nacionalista, el racista que piense que su país tiene que estar aislado”.

Cuando el mismo aislamiento se traduce en un privilegio de clases y forma de violencia en contra del grupo de los siempre olvidados. El retorno a la humanidad, a la solidaridad, al valor de la vida es lo que debería comenzar a operar. Cuando esta crisis humanitaria nos lleva a un estado de extrema fragilidad, lo que debemos esperar no es un regreso a la normalidad asquerosa y violenta que nos llevó a estar como estamos, sino a trazar un panorama mediante el cual, en un escenario pandémico futuro, seamos capaces de enfrentarlo sin menores problemas. La solución es precisamente a nivel general una extrema solidaridad y cooperación internacional. En niveles menores como por ejemplo en Chile, esto significa y se traduce en el tender la mano a quienes no tienen opción de cuidarse. En primera instancia ser consciente de los privilegios que tenemos, y si es que los tenemos sentirnos obligados a solidarizar.

Regresando al título de estas líneas, creo importante, invitar a lector a una reflexión enfocada en el retorno al dilema de lo humano, en soltar los índices, en soltar la saturación de información que nos bombardea, es necesario mirar la serie de privilegios que tenemos a nuestro alrededor, o simplemente las diferencias y extrema pobreza que nos acompaña.

Hoy cuando estamos todos en el mismo barco, nos viene bien recodar a aquellos que no tienen opción o no puede aislarse. En este sentido, lo que, si podemos, debemos exigirnos más. Corre a los centros comerciales a comprar y comprar, solo se aumenta la brecha del país, cuando se despide a los empleados en plena crisis humanitaria dejando a familias sin comida e ingresos, incrementa la brecha, retornar a la solidaridad, a la cooperación humana, es necesario.

A modo de conclusión, lo interesante, e innovador es ser realistas, pero para ser realistas hay que iniciar por soñar con aquello que muchos tachan de imposible. Porque precisamente esa “utopía” de extrema solidaridad es el único chaleco salvavidas de un grupo.

La burla en contra de una situación de extrema colaboración no es más que reírse de aquellos quienes sin colaboración y sin apoyo no tienen opción de sobrevivir. En palabras de Slavoj Žižek (2020): “¡Debemos actuar de forma unida, ayudándonos, con respiradores, mascarillas, lo que sea que se necesite! Creo que en este sentido debemos comportarnos como si estuviéramos en medio de una operación militar. No es una cuestión de mercados ni nada así, debemos coordinar nuestro medio y apoyarnos, una coordinación transparente al público, compartiendo información, coordinando actividades, es eso un mundo muy, muy triste”

Nicol A. Barria-Asenjo, Chile.
correo de contacto: nicolbarria05@gmail.com

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