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Madre. Por Ricardo Espinoza Lolas

A veces una Madre es una “Madre” y con esto me refiero a ese carácter radical y tautológico de la Madre que por ser Madre te ha dado la vida y el hijx se vuelve como en una extensión de ella. Y ser tal extensión se arrastra para siempre, como si fuera parte de las cadenas de algún fantasma del pasado que te acechan y retornan como lo traumático. Y esas cadenas se actualizan siempre en un presente determinado por tal o cual cosa y, de este modo, ese pasado te cobra una deuda como si estuviera impaga o uno mismo, que es peor, se siente endeudado simplemente por ser hijx. Es como si ser hijx fuera parte de la propia tautología de ser madre, esto es, la madre “madrea”, a saber, hijxs. Lacan era muy severo con las madres, casi todos los psicoanalistas siempre van a analizar nuestras madres para poder ver algo que no se deja del todo atrapar en nuestro aparato psíquico, pero que lo constituye y que te acompaña como un síntoma hasta el final de tus días: un cierto tipo de fantasma o espectro. No olvidemos al propio Freud y su madre, o a la madre de Heidegger, o de Nietzsche, etc. O pensemos literalmente en nuestras propias madres. ¿Cómo tener un trato “sano” con nuestra madre sin caer en situaciones de culpa, melancolización o de mero “contrato” entre partes, incluso en alguna estructura sadomasoquista radicalmente tóxica y dañina? O dicho de otra forma, preguntar por la madre es preguntar evidentemente por el hijx. No es posible hablar de la madre sin hablar del hijx y me refiero con esto a cualquier hijx o hijxs de la madre. Y, por tanto, entonces estamos ante una cierta relación entre madre e hijx, en donde hablar de uno necesariamente es hablo del otro.

Les aconsejo que vivan, ahora que son adultos, un tiempo con vuestras madres, mínimo unas dos semanas. Y allí se darán cuenta de lo que es una madre, de lo que puede una madre respecto de sí misma y, en especial, respecto del hijx. La experiencia de vivir con una madre a la que se debe cuidar porque es viuda, es muy mayor, está enferma por algún motivo, no tiene a nadie para que le de soporte, etc., te permite entender a la madre desde dentro mismo del vínculo contigo como hijx. Es una experiencia en donde madre e hijx se co-determinan, pero de modo distinto. Lo fundamental, como lo veo, es que es un problema de vínculo, de cómo realizamos el vínculo entre NosOtros. Y ese vínculo debe estar más allá de lo familiar naturalizado, incluso del “potlatch” (como dirían los antropólogos), esto es, del don y contra don, del intercambio. Un problema grave de cómo hacemos el vínculo es el intercambio, doy la mano para que me den la mano, y a esto hay que añadirle que en estos días queda totalmente ese intercambio mediatizado por el capitalismo. Y por tanto el vínculo se vuelve hoy eminentemente en un intercambio capitalista (valor, acumulación, mercado, reconocimiento, éxito). Y de allí ya nos hemos extraviado por completo en el Laberinto de lo humano y de ahí se vuelve bien difícil salir, casi imposible.

¿Cómo generar un vínculo con nuestra madre que no está tocado por el intercambio, menos por el actual intercambio capitalista? Y lo que digo también se refiere a todo tipo de vínculo con la especificidad propia de quienes se vinculan (parejas, amigos, cofradías, deportistas, partidos, sindicatos, movimientos políticos, redes sociales, nodos de interacción virtual, etc.). En el caso de madre e hijx un vinculo no puede generar ningún tipo de culpa-deuda (Schuld), que es lo que suele suceder y, por lo mismo, la melancolización está a la orden del día y se vuelve imparable. El vínculo en general y con la madre, en especial, debe ser en la libertad, esto es, “aneconómico”: un dar la mano sin esperar nada a cambio, ni que te la den de vuelta, sin circularidad alguna. Solamente desde la gratuidad del vínculo es posible alguna forma de amor que no esté mediatizado por la inmediatez alienante del intercambio. Un “eterno sí del ser” lo llamaba Nietzsche.

Solamente desde la libertad puede acontecer otro que me constituye en toda su diferencia y materialidad situada; y así señalar rotundamente de este modo: “¡Sí estoy contigo!”. Y en el caso del vínculo con la madre por partida doble. O sea, no se trata de recordar a cada rato que ella te dio la vida y que uno le debe su vida, que ella lo dio todo por uno y uno le debe todo a ella, que ella se sacrificó por uno y se postergó y luego ahora viene que uno se sacrifique, así ad infinitum, tan típico de la cadena de la melancolía que nos carcome lo que somos y nos enferma y sumerge en el abismo de la culpa infinita (en el fondo un narcisismo que no nos deja ser libres ni para estar con el otro, menos para amar). Eso ha sido el caldo de cultivo de tanto dolor por años, decenas y siglos, en donde el psicoanálisis, ha dicho muchas cosas, pero también hoy el feminismo y en forma encubierta la teoría crítica. El problema es cómo entendemos lo familiar porque ya no podemos seguir entendiéndolo de cierto modo esencialista y, a la vez, naturalizado (porque de “natural” no tiene nada, sino todo lo contrario está construido para que funcione así). La familia si se le entiende de un modo cerrado, sanguíneo, moralizante, burgués o lo que sea que intente totalizarlo la convertirá en la primera institución “tanopolítica” que nos forma (de-forma), nos educa en la ideología cavernosa en la que estamos viviendo, pues elimina de raíz todo lo vivo, abierto y diferencial que somos, y se vuelve en una maquinaria de repetición mortífera que todo lo tritura, en primer momento al hijx y en ello mismo, en un segundo momento, a la propia madre, pues antes de madre se es mujer. Una madre es más que mera madre y un hijx más que mero hijx. Y en estar forma de realizar el vínculo no nos percatamos que abandonamos la grandeza de ser libres y de estar abiertos los unos a los otros.

Un vínculo con la madre acontece y cuando acontece, se da una cierta estructuración que en la materialidad de la vida funciona con todo el roce que puede esto significar, con toda la opacidad que lleva a cuestas, con muchas mediaciones de mediaciones, errores, la mayoría inconsciente e históricos, en la distancia, la sana distancia, y en ello mismo se impone un otro para uno y uno acontece como un otro para ese otro. Es el vínculo.

Playa Ancha, 19 de abril de 2023

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