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Mario Garcés: el camino hacia una historia popular. Por José Leandro Urbina

Desde sus días en el Liceo de Puerto Varas, Mario Garcés quería estudiar historia. Le preguntó a su profesora cómo se llamaban las personas que escribían historia: historiadores, contestó ella y añadió: ahora son doctores en historia. Cuando llegó la hora de declarar las preferencias frente al orientador, el joven Garcés escribió: doctor en historia.

En el año 70, en Santiago, al terminar su secundaria en el Instituto Nacional y reflexionando sobre qué disciplina estudiar que fuera útil para ayudar a la revolución que vendría de la mano del electo Salvador Allende, decidió estudiar antropología.

Como la Universidad de Chile no impartía esa carrera, decidió partir a Concepción. Esta era la única universidad que contaba con antropología en su malla curricular. El viaje terminó abruptamente cuando después del golpe del 73, fue expulsado de la universidad y tuvo que volver a Santiago.

El 78 se dieron las condiciones para volver a estudiar. Y ahí vino la pregunta de dónde estudiar. Ir a la Chile era lo ideal, pero representaba un riesgo de que en algún momento lo pusieran en la calle. Así es que decidió separar su vida política de su vida académica y matricularse en la Católica. Había que hacer de la universidad un lugar básicamente de estudio.

Ya en cuarto año, cuando llegó el momento de escribir la tesis de licenciatura, debían tomar un seminario previo como condición para poder hacer la tesis y el profesor disponible era nada menos que Gonzalo Vial, respetado historiador de derechas. Para evitar problemas Garcés siempre buscaba temáticas un poco colaterales a la política. Al elegir el tema de seminario, descubrió que, en la época parlamentaria, que era el tema de Vial, se había producido la emergencia de las iglesias evangélicas en Chile, año 20. Así es que se puso a investigar sobre los evangélicos y cuando llega el plazo de iniciar la escritura de la tesis final, propone el tema Movimiento Obrero en la década del 30 y el Frente Popular. Es el año 1985, el tema se acepta y la tesis se la dirige el historiador Gonzalo Izquierdo.

El primer año, cursando ramos muy poco estimulantes, Garcés decidió crearse un currículo paralelo con los temas que le interesaban. Se hizo socio de la Biblioteca Belarmino de los jesuitas y comenzó a buscar material sobre la clase obrera chilena.

Había poco, un libro de Jobet, de Ramírez Necochea y de Marcelo Segall. Y después a la calle San Diego, a escarbar libros usados, antiguos, por si quedaba algo por ahí.

Cuando estaba en segundo año se empezó a producir el primer movimiento entre los estudiantes de la Católica que comenzó a generar talleres culturales por carrera en los que se discutía qué estaban estudiando y para qué estaban estudiando. En ese contexto, le contó a un grupo más pequeño de sus compañeros lo que estaba haciendo como segundo currículo y los invitó a formar un grupo de discusión. Les participó los apuntes y los libros que había encontrado y así constituyeron un colectivo de trabajo. Paralelamente, comenzó su relación con la vicaría poniente en un equipo de educación popular y con la pastoral juvenil. En esa etapa la iglesia tenía muchas actividades en los barrios y a él lo invitaban a dar charlas, a conversar con la gente sobre problemas sociales y económicos.

Ese fue el comienzo de la educación popular, del 79 al 80. Ahí se dio cuenta que la mayor inquietud popular iba por el lado de la historia, por las preguntas de qué había pasado, por qué el golpe y hasta cuando se iba a prolongar esa situación. También, qué pasaba con la historia de los pobladores, las mujeres, los jóvenes y la iglesia; todas esas preguntas daban vueltas.

El estudiante Garcés comenzó a meterse con esos temas y comenzó a escribir; primero textos cortos que tenía que leérselos al secretario del obispo local, para ver si se podían publicar o no y como había cierta peligrosidad en lo que hacían, todo se publicaba sin nombres. Además, la misma iglesia tenía que cuidarse.

En el equipo de Educación Popular a fines del 79, principios del 80, le dijeron, ¿por qué no escriben sobre el movimiento obrero? Y esto es un dato importante: a pesar de que estaban trabajando en poblaciones, todavía la imagen de lo popular histórico era el obrero. Entonces, el primer texto que les publicó la Vicaría Pastoral Obrera, se llamaba Historia del Movimiento Obrero en Chile. Ese trabajo lo hizo con tres compañeros, y ahí surgió de nuevo el tema, ¿cómo firmamos? Tampoco podían poner nombre. Entonces, como lo que en realidad estaban buscando hacer era una nueva historia, que no fuera la historia tradicional, la historia del Estado, sino que la historia de los sectores populares, decidieron que el autor del texto era el “taller de Nueva Historia”. Y así lo bautizaron. Poco a poco, a medida que surgían otras preguntas, se dieron cuenta que el tema no era solo la historia, sino que el tema más relevante para su trabajo era la memoria.

La memoria era un camino para rehacer la historia y para repensar la historia. Eso ocurría en los años ochenta. De hecho, el 81, dos miembros del taller Nueva Historia, Pedro Milos y Mario Garcés, empezaron a contactarse con la ONG Educación y Comunicaciones (ECO), que estaba fundando el sociólogo Hugo Villela. ECO en sus orígenes, a instancias de Villela se propuso constituir un Centro de Cultura Popular, con profesionales capaces de escuchar y compartir sus saberes con los grupos populares que reconstruían sus redes sociales y comunitarias en medio de la dictadura Ahí participaban varios gramscianos y esto marcó definitivamente a los dos jóvenes. Pablo Freire fue su guía en el tema de la educación popular y Antonio Gramsci en la revolución política

Garcés tuvo allí un papel de liderazgo importante, fue él quien empezó a moverse hacia una historia más social, más de cultura popular. En los 80, siendo miembro investigador de ECO, se empiezan a perfilar otras organizaciones y de otros conglomerados que participan políticamente de manera distinta de la cosa partidaria. Las mujeres, los estudiantes, las organizaciones de familiares de desaparecidos; reconocerlos, para los proponentes de Nueva Historia, fue un lento aprendizaje, pero con algunos visos relevantes, porque ellos también eran parte de esa cultura que consideraba que la historia social era la historia del movimiento obrero. De hecho, hasta el 83, incluso más, tuvieron vínculos con sindicatos y el 83, cuando empezaban las protestas, hicieron dos semestres de formación, con dirigentes sindicales.

Básicamente, recuerda Garcés, lo que los hizo cambiar la perspectiva fueron los talleres de memoria. ¿Por qué los talleres? Porque donde los realizaban era en poblaciones, en barrios. Allí estaba la presencia de la Iglesia y a su amparo se reorganizaba, mayormente, la resistencia de los pobladores a la dictadura.

Hay muchos momentos, en los cuales, con el grupo, se daban cuenta de que, en una actividad educativa al interrogar a los participantes sobre su historia, lo que emergía era la historia poblacional, y emergía porque lo habían vivido y por lo tanto era su propia memoria de cómo se habían formado sus barrios, sus poblaciones. Ahí entonces se les empezó a aparecer, primero que nada, el mundo poblacional, el mundo de las tomas de terrenos y de la construcción de viviendas, respecto al cual en esa época en Chile no había casi nada escrito. Había un texto de Cecilia Urrutia de la colección Nosotros los chilenos que se llamaba Poblaciones, y era el único, no había más. No había ningún seguimiento escrito de la vida de sus comunidades, solo quedaba la memoria, nada más.

Debido a que sus talleres se hacían ya con metodología de educación popular, Garcés con Pedro Milos presentaban un diaporama, y después invitaban a los asistentes a conversar y ver de qué manera se identificaba, o no, con la historia proyectada y qué faltaba en esa historia, que estaba ausente. Ese fue un momento de mutuo aprendizaje, los pobladores iban recuperando su historia, los monitores se hacían historiadores.

Convertido en un educador popular e investigador de la memoria histórica, Garcés vuelve en 1994 a la Universidad Católica a completar un Doctorado. En 1999 se gradúa con una tesis titulada "La lucha por la casa propia y una nueva posición en la ciudad: el movimiento de pobladores de Santiago, 1957-1970" dirigida por Armando de Ramón, académico e historiador urbano de gran prestigio. Con esta, completa el giro hacia la memoria popular, la ampliación de los sujetos históricos y el reconocimiento de las luchas urbanas.

En 1996 se encarga de la dirección de ECO. Aunque legalmente responsable de la institución, siempre fue un director que le dio una dirección política popular a esa institución. ECO cerró sus puertas en enero del 2024, tras 44 años de actividad.

Como académico enseñó del 2000 al 2006 en ARCIS, brevemente en la Universidad Bolivariana, 2007 y 2008. De ahí volvió a la USACH con la que estaba vinculado desde el 2000 y en la actualidad es profesor asociado de esa universidad donde imparte cursos de pregrado y posgrado en áreas como memoria histórica, movimientos sociales e historia de América Latina.

La obra de Mario Garcés gira, fundamentalmente, en torno a los movimientos populares. En 1983 publica la serie Historia del Movimiento Obrero; en el 85 La explosión de las mayorías; Crisis social y Motines populares reeditado por LOM, 2003 y 2014; Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957 – 1970, LOM 2002; con Sebastián Leiva, El golpe en La Legua, LOM 2005 y 2012; El despertar de la sociedad. Los movimientos sociales de América Latina y Chile, LOM 2012; Estallido Social y una Nueva Constitución para Chile. LOM 2020; y La Unidad Popular y la revolución en Chile, LOM 2020.

A eso habría que agregar una multiplicidad de artículos y entrevistas en revistas de América Latina. Debido al valioso trabajo de Mario Garcés sobre los sectores marginados de presencia en la historia chilena tradicional, ha sido postulado para el Premio Nacional de Historia 2026.

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