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Matta rena-ser Natalicio 1911-2020. Por Jorge Leal Labrin

FOTO: Matta en la exposición «Artistas en Exilio» en la Galería Pierre Matisse, New York, marzo 1942. Abajo desde la izquierda a derecha: Matta, Zadkine, Tanguy, Ernst, Chagall, Léger. Arriba desde la izquierda a derecha: Breton, Mondrian, Masson, Ozenfant, Lipchitz, Tchelitchew, Seligmann, Berman. Fotográfo: Georges Platt Lynes

«Ser» parte del universo fue siempre la idea de una nueva sociedad. La tierra es de todos. MATTA viaja por el mundo tal cual un Matta-piojo

Este rasgo es una ¨condición particular¨ que uno puede atribuir a este artista original al extremo. Es la idea del sobrevuelo, inquieto y vibrante, ¨actitud¨ que él mantuvo en cualquier lugar de la tierra donde habitó. Su carácter lo asemeja a un coleóptero. MATTA, al igual que este insecto, vuela sin plegar las alas. Él nos presenta una pintura de apariencias únicas, tocada por un encantamiento maravilloso. En sus diversos periodos creativos, recurre a visiones desde perspectivas diversas, que nos acercan al sentido renacentista del espacio. MATTA nos revela en su obra un universo incomparable, otro mundo en que encontramos el macrocosmos y el microcosmos funcionando de manera amigable en un lenguaje perfecto, sombras, luces y colores, en un advenimiento de magia natural. El sentido de perspectiva en MATTA está en el deseo del ojo de otorgarse siempre placeres visuales únicos, difícil de encontrar en otro creador: ¨Quiero mostrar lo que el ojo no ve. Quiero reemplazar la perspectiva por una suerte de prospectiva y simultáneamente reemplazar el espacio de las distancias por un espacio del sentido… ¨ (1).

En él, las imágenes parecen procesos alquímicos que van tomando forma y perfeccionándose por medio de la emoción en el acto y gesto automático, inconsciente, irreflexivo. Su interés por lo que fue el Renacimiento le hacía decir continuamente que a la sociedad, al mundo en que vivimos, le faltaba un nuevo Renacer, que éste vendría de algún continente, como África… Algún lugar perdido en la tierra. Faltaba para él una nueva visión del hombre frente a un mundo distinto, agotado. Las grandes transformaciones en lo social y estético, dadas entre los siglos XIX y XX, no consideraron lo fundamental, sus premoniciones: ¨La tierra es un hombre¨, título de uno de sus cuadros. Ver lo real de lo que sucede en la tierra, interpretar su secreto. Entre muchos acontecimientos históricos, a MATTA, le toca vivir la globalización de la comunicación, el ciberespacio, un cibermundo más acelerado. No dejó por un instante de trabajar, indagando en sus últimas obras virtuales y en todo fenómeno nuevo. Su automatismo se extiende en una visión que va hacia otras dimensiones. Como dice MATTA: «Ser ¨automático¨ libre, quiere decir no tener prejuicios estéticos-morales y tratar de acostumbrar a las personas a captar un real que no puede ser representado, pero que es lo mismo que aquello que se llama vida; lo cual es muy difícil puesto que depende de quién interprete el ¨secreto¨» (2). Él, como surrealista, no dejó de buscar el secreto de lo real en la vida, de aquello que para André Breton era la ¨verdadera vida¨ que había que encontrar. La inmediatez del tiempo real es un nuevo fenómeno, pero que no transforma del todo el lenguaje, ni en lo escrito y visual, ni en el comportamiento ético y estético de la sociedad. MATTA es un hombre de imagen y escritura, por lo que se identificaría totalmente con el cibernauta de las redes de hoy, comunicación y sociedad. Al igual que el Renacimiento, se trata bien de una visión positivista utópica de la realidad; no es menos fundamental el rol de este nuevo ¨navegador¨ en un mundo de velocidad y despliegue imaginativo. Ahora son miles de inter-navegadores de la red del espacio virtual que logran tener un mismo sentimiento o emoción social, sentido de vida; tal cual como fue en el Renacimiento con las redes de comunicación fundadas por medio de la navegación, en que todos a través de la astronomía seguían la misma estrella. Lo que más entusiasma a MATTA del Renacimiento es el acto creativo a todo nivel, que busca con la perspectiva, el trompe-l’œil, el riesgo del viaje - para pasar de un paisaje a otro - la real dimensión del paisaje-tierra, por lo que cada vez MATTA señala: ¨Tu Leonardando Vinci¨. Es el diálogo de las grandes utopías, muchas no realizadas pero que fueron ejercicios imaginativos en su época a gran escala. Es el sentido de travesía, cartografía y navegación para recorrer el mundo que despertaba el interés de científicos y artistas. Lo primero que hace MATTA, al salir de Chile, con sus nociones de arquitectura, es construirse su propia cartografía para desplazarse asertivamente por los lugares donde le tocó vivir y ser un captor entusiasta del ritmo de cada ciudad. Así pudo transformarse cada vez como artista en un factor de cataclismo y revelación. Es el caso de sus años en Nueva York, en su taller de la Novena Avenida desde el año 1939, en Paris con sus permanentes actos reflexivos y contactos con el movimiento surrealista, en su trabajo en busca de una arquitectura basada en la recuperación de chatarras de automóviles, para pensar en ideas con los sindicatos en Italia - en un momento de crisis habitacional - que puedan dar uso al desecho de la sociedad industrial, en un proyecto de visión renacentista en su forma de creación de ¨EL AUTOAPOCALIPSIS¨: la casa, el hábitat en su totalidad, hecho con restos de automóviles, rescatados de los cementerios, autos en desuso que han perdido su vida útil, creados para circular y que implicaban el movimiento. La belleza está en lo que logra MATTA cuando hace de ellos instalaciones, habitaciones, un espacio de protección, de intimidad, emocionalmente creativo. El acto imaginativo del mundo, tiene que ver con lo que señala el filósofo y urbanista PAUL VIRILIO: ¨La vivienda es la base de las proporciones y, por lo tanto, de mi relación con el mundo. La arquitectura es una medida del mundo¨ (3). Es el sentido que genera MATTA, la transformación morfológica y síquica que se da en el Renacimiento, basada en la creación de jardines y plantas fantásticas como en la obra de Jerónimo Bosch, otra manera de conectarse con la belleza; espacios utópicos que convergen en el teatro, la música y la poesía. La verdadera pulsión energética que se presenta en las sociedades de hoy, como redes sociales globales, es un fenómeno que tiene que ver con la misma utopía, una manera de ver la tierra. Fue el tema del Renacimiento, con Nicolás Copérnico, astrónomo que sostenía con su teoría Heliocéntrica, que el sol se encontraba al centro del universo, y que la tierra giraba una vez al día sobre su eje, completando una vuelta cada año. Así la tierra fue el centro del debate. Por su parte Galileo Galilei, como físico y astrónomo, sostendrá más tarde que la tierra giraba alrededor del sol, lo que fue fatal para los que sostenían que la tierra era el centro del universo. Tal idea lo condenó por parte de la iglesia católica a reclusión perpetua. En el caso de MATTA, prefiero pensar como Copérnico, que su obra rota en su propio eje; en ese movimiento pasa de la luz a la sombra, y se nutre de la atmósfera cósmica, quedando plasmados sus años y décadas en ese magnífico espectáculo de colores de cuerpos y sustancias líquidas de mares, ríos, erupciones volcánicas, que vemos en sus trabajos. Él supo aferrarse al concepto de eternidad que adquirió del movimiento surrealista. MATTA ha creado con tanto afán en cada territorio del mundo en que vivió, su talento y vitalidad fueron tan productivos que, en dimensiones, él alcanza a los artistas renacentistas y, en cantidad, su obra es sólo comparable a la de Picasso, por lo que no es nada extraño que las colecciones sean más fecundas de lo que pensamos y que encontremos con sorpresa croquis, esbozos, bocetos, creaciones jamás vistas.

Los ¨Grands Transparents¨ es la idea que él comparte con Breton y Duchamp en sus conversaciones sobre el ¨Grand Verre¨ (4). Esta idea es cristalizada en su obra, nos da la noción también de tonos y semitonos. Más allá de lo cromático, es el sonido de la cristalidad que resuena en el verbo poético de las preguntas planteadas en su pintura. La música está en su obra, como transparencias, y en sus formas más gráficas. Son aquellas figuras oscilando en sus cuadros, en que el vacío es el espacio total, la tierra, el universo infinito. Su aproximación, al igual que Duchamp, parte de la física y la matemática (Patafísica). Sin embargo MATTA habla de: ¨Este espacio en el cual los navegantes son los artistas¨, para ampliar el sentido de realidad. ¨La tarea de aquel que hace ver es agitar a los que miran para hacerlos captar más de realidad. La palabra Surrealismo no significa para nada contar historias fantásticas o tontas, quiere decir captar más de la realidad¨ (5). Todo ese ¨in crescendo¨, lo encuentra cuando va a los conciertos, invitado por su amigo Solti (6). Lo ve dirigiendo la gran orquesta, con la batuta que se mueve de lado a lado, como las manos, los ojos, el cuerpo… Los músicos emiten sonidos que emergen de las entrañas del alma, tal cual los personajes de MATTA, en sus pinturas, surgen de ese automatismo donde el efecto de inacabado que deja en sus telas genera un fenómeno algo parecido a lo que señala Octavio Paz: ¨En el espejo de la música las constelaciones se miran antes de disiparse…¨ ¨Quizás la música es una creación utópica que demuestra la posibilidad de un acuerdo orquestal, una sociedad de seres humanos¨. (7)

Las pequeñas obras de MATTA, los ¨cheques¨, son la sorpresa, el canje, el juego surrealista de mensajes en pequeños papeles, acompañados de un poema-idea, muchas veces en un destino incierto, como una botella tirada al mar. Tiene algo que ver también con el juego surrealista del ¨cadáver exquisito¨. Existe algo que a MATTA, lo dejó perplejo; fue cuando se encontró con Breton en la Galeria Gradiva en 1937, quien adquirió luego algunos de sus dibujos sobre papel y le pagó con un cheque. MATTA cuenta que dudó; no sabía si cambiarlo o guardarlo. Así también lo hizo con sus amigos chilenos en dificultad, al enviarles obras en forma de cheques. El juego de MATTA era provocar en el destinatario el mismo sentimiento de duda: guardarlo, canjearlo o venderlo.

Su capacidad de cautivar fue su arma de navegante. Lo testimonian todos quienes lo conocieron y sus cinco mujeres amadas. Él al salir de Chile, lo buscaba todo. Su flechazo fue con el Surrealismo, palabra de once caracteres que cierran el ciclo numérico de MATTA: 11-11-1911.

Jorge LEAL LABRIN

Artista Visual - Profesor de Historia del Arte - Ensayista Master en Arte - Universidad París I - Panthéon Sorbonne - París

1) Matta in Paul Haim, ¨MATTA, Agiter l´oeil avant de voir¨, Editions Séguier, Paris, página 64.

2) Matta in ¨Entrevista con MATTA: Hablando del dibujo¨ con Alain Sayag, conservador del Museo Nacional de Arte Moderno, Centro Georges Pompidou, París, Catálogo ¨Exposición MATTA Uni Verso¨.

3) Paul VIRILIO, ¨Cibermundo¨, ¿una política suicida?, Ediciones Dolmen, página 103.

4) ¨Gran Cristal¨. Obra de Duchamp desde 1915 a 1923, que se encuentra en el Museo de Arte de Filadelfia

5) Matta in ¨Entrevista con Matta: Hablando del dibujo¨, con Alain Sayag, catálogo ¨Exposición MATTA Uni verso¨.

6) Georg Solti: Músico húngaro, nacionalizado británico, director de orquesta, especialista en Wagner y Mozart (1912-1997).

7) Matta in ¨Carnets de Matta¨.

Acuarela de Jorge Leal Labrin

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