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Ministra Valdés: baldes de agua fría. Por Federico Gana Johnson

Gracias, Ministra. Queda más claro todavía, aunque ya el actual ensombrecimiento de los indispensables caminos de la Cultura lo venían evidenciando: este gobierno sencillamente ignora los esfuerzos culturales de todo el amplio y generoso espectro formado por todos los que vemos en la actividad artística una feliz forma de vida que se traspasa a toda la sociedad.

La sentencia vino clara y desenfadada, desde la propia ministra de esta actividad que, por su naturaleza pura de sentimiento y acción, despierta sueños de todos:

«Un peso que se coloca en Cultura, se deja de colocar en otra necesidad», dijo Consuelo Valdés.

Y eso es lo que se le agradece: las cosas claras. Nefastas, impresionantes. Pero verdades sin tapujos. Incluso, ante esa declaración que aumentó iras y sinsabores en los círculos culturales donde ya los hay y de sobra, con justeza se comenta que hubiese sido preferible la acostumbrada ausencia de la ministra en vez de que visibilizara esa ponencia demoledora contra los trabajadores de la cultura.

Son baldes de agua fría, ministra Valdés. Y sirven para que establezcamos que no podemos estar peor ni contar con su apoyo. Y desde esta realidad seguir luchando. Sí. Hay que ser realistas y pedimos lo posible. Obviamente el presupuesto anual no pertenece al ministerio de las Culturas, ni a la ministra del ramo ni al Estado. Está claro que “es de todos los chilenos” y lo ponemos entre comillas porque es una frase demasiado repetida. Lo señaló ella misma en relación con la campaña que aboga por un 1% de este presupuesto para apoyar la industria cultural chilena, golpeada por la crisis en su más amplio escenario.

En marzo pasado en el Ministerio de las Culturas y las Artes se concretó una consulta para aclarar las medidas que, en opinión de colectivos, organizaciones y artistas, dicha Secretaría de Estado debiera levantar para atender las demandas y urgencias. Se revisaron reasignaciones (económicas), de actividades que no se podían realizar por la pandemia, y se elaboró una serie de medidas. Tiempo después, en relación al presupuesto 2021, la ministra mostró su optimismo:

“Tenemos la convicción de contar con buenas cifras, dentro del contexto sanitario, económico y de desempleo que está el país. Ojalá lleguemos a un presupuesto del 1%”.

Y agregó detalles sobre la estrategia que adoptó el ministerio: convocatorias, fondos especiales, adquisición de contenidos culturales, derechos de autor, fuentes de ingreso a artistas, creadores, productores, actores. Y un aumento de la oferta de contenidos culturales al público.

Hoy, la ministra Valdés al definir que los recursos no pertenecen “ni a este Ministerio ni al Estado, sino que son fondos de todos los chilenos y un peso que se coloque en Cultura, es porque se deja de colocar en otro programa o necesidad de los ciudadanos”, da la espalda a todo lo anterior. Es una perfecta forma de no comprender al mundo de la Cultura. El problema es que la ignorancia siempre es nefasta y el daño que se está haciendo tiene consecuencias que no son insospechadas: se saben. Incluyen abandono y desprecio hacia el mundo cultural que vibra en todo el territorio nacional. Incluye, también, una triste realidad: que en Chile la Cultura no es un derecho.

*El autor es periodista y escritor, miembro del Colectivo Hoja en Blanco.

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