Los españoles tienen un refrán: cuando algo está en decadencia luego de mucho tiempo con grandes resultados y gloria, les gusta decir con sorna “murió de éxito”. Suena extraño morir de éxito, si en la lógica actual, es el éxito lo que todos persiguen.
Bueno, este refrán esconde la moraleja de que, al no ser capaz de adaptarse a los cambios, y tener una actitud arrogante en el momento de éxito, no nos logramos dar cuenta que la repetición de la misma “fórmula del éxito”, ya no funciona. Ni en el presente ni ante las expectativas del futuro.
Un ejemplo comercial bastante conocido es el caso de los videos club. Se pagaba una membresía para arrendar películas en VHS y posteriormente DVDs. A pesar del enorme éxito que tuvieron en su momento, ya en el 2025 son un recuerdo pasajero. Según cuenta la historia de Netflix, antes de ser lanzada la plataforma, su creador ofreció esta idea a los dueños de Blockbuster, quienes rechazaron la rechazaron por completo. El tiempo le dio la razón a un actor de esa conversación sin lugar a dudas.
¿Qué tiene de relación esto con el vino? Durante la década de los noventa en Chile, se crearon “nuevos” viñedos buscando exportar hacia destinos novedosos como Asia o USA, por ejemplo. Esta idea se replicó en Europa, donde se incentivó desde el estado expandir viñedos para “satisfacer” una supuesta futura demanda que dejaría sin vinos a todos. Un ejemplo de esto es el viñedo de Burdeos, la cual no tuvo el éxito esperado en el crecimiento del consumo de sus vinos de apelación. Actualmente, el gobierno francés se ha visto en la obligación de tener que pagar para arrancar las viñas por la baja demanda de vinos y como una respuesta para detener la caída de los precios de vinos poco conocidos. En este caso la búsqueda de exportar hacia estos “nuevos destinos” era el objetivo de estos viñedos. Primero se consideró que el vino podría entrar en estas nuevas culturas sin problema, el consumo interno de cada país productor seguiría igual o con bajas variaciones y el vino sería un producto asequible para todos en la Tierra.
Es importante recordar que el vino se produce en ciertas franjas de latitud en el mundo, en Sud América principalmente entre Chile y Argentina de manera histórica. Por lo cual países como Brasil, que son considerados consumidores de vinos importados por excelencia, actualmente intentan abrirse paso a través de avances técnicos para su cultivo.
En el caso de África, Sudáfrica experimentó un auge en la expansión de los viñedos existentes, lo mismo en Australia y Nueva Zelanda, que emergieron rápidamente como opciones exóticas, especiales, apreciadas por sus “nuevas tipicidades”.
Ya durante la primera década del siglo XXI, se comenzó hablar de las cepas como protagonistas. El Cabernet Sauvignon se plantó en muchos viñedos para buscar esta nueva “tipicidad”. Así, el mercado explotó en oferta, críticos, guías, conocedores y el futuro solo era brillante, lleno de promesas doradas. El panorama ha cambiado dramáticamente. Desde el año 2023, tenemos conocimiento de arranques de grandes extensiones de viñedos en lugares simbólicos como Napa, Rioja y Burdeos. Lo mismo en los lugares mentados como novedosos y exóticos, con Australia anunciando un arranque total de casi la mitad de todo su viñedo plantado.
En nuestra realidad, el mercado nacional ha experimentado una baja sostenida en consumo de más de una década y unos 3 años de crisis total, marcado por bajas ventas y un sobre stock. Los viñedos son arrancados o dejados a su suerte por no ser rentables, dado que actualmente es muy difícil ser rentable vendiendo uva. Se ha intentado rescatar ciertas cepas, imponiendo la idea de que “la tipicidad” era diferente en todo sentido. Así prometían los vendedores y la crítica especializada, para revitalizar el consumo interno de vinos en Chile.
Sumado a lo anterior, la crisis en nuestro país se ve más agudizada aún, por su fuerte vocación exportadora. Se pensó en China como el gran comprador de la producción nacional, pero actualmente el gigante asiático cuenta con 785.000 hectáreas plantadas, lo que lo transforma en el segundo país con más superficie de viñedos para vino. En simple, el gran mercado “prometido” se puede auto abastecer en gran medida.
La tipicidad o el Terroir parece ser para muchos una forma de diferenciarse y poder navegar esta crisis. La década del 2010 vio surgir la idea de la tipicidad hacia la identidad o el Terroir. El Terroir es un sabor único de una región específica. Para ejemplificar esto, fuera de la nomenclatura vitivinícola, en Chile, la reputación altísima de las sandías de Paine, sin competidor serio dentro de nuestra cultura nacional como las mejores sandías. El Terroir nos ofreció un segundo aire de “novedad” sobre origen para poner atención en lugares plantados con ya 20 a 30 años de historia y resucitar viñedos olvidados como Itata o Las Sierras de Gredos, por ejemplo.
Sin darse cuenta el Terroir permitió dar espacio a pequeños productores tradicionales con este sabor único, novedoso, originado en poblados o localidades ajenas a la “industria del vino” con un gran encanto, como la Ribiera Sacra en la actualidad. Esto dio paso a la idea de hacer vinos únicos, de fuerte identidad y la idea de ser “Premium pero para todos”.
Este último paso implicó precios rápidamente al alza de esos vinos, dado su “Terroir”, lo que termina de llevar al vino a su abismo actual: demasiada oferta, demasiada información para elegir, demasiadas tipicidades a recordar y sobre todo alzas de los precios sostenidos en el tiempo.
El alza se dio como fenómeno en países como Chile por temas estructurales principalmente, pero en casos regionales como Borgoña, botellas que costaban 10 euros pasaron a costar 50 euros en casos de apelaciones notorias, lo que conllevó a que, con el tiempo, el vino dejo de ser consumido por los locales.
Hace 20 años, estudiar enología era prometedor: nuevas plantaciones, nuevos mercados, nuevas cepas, nuevas regiones y un interés por viajar junto a las botellas. Actualmente la industria mira con interés vinos sin alcohol, hacer cocktails con vino o simplemente “darle sabor extra” es el caso de la apuesta por vinos saborizados de las grandes compañías de nuestro país.
Es posible decir sin duda que hoy se habla más de vino, de cepas, valles, pequeños productores, sabores regionales y una mirada filosófica del vino como un elemento cultural de las sociedades productoras, pero el consumo esta en caída libre sin antecedentes previos y sin indicios de repuntar. Desde el 2017 al 2023 se acumula un descenso de 10.53% del consumo a nivel mundial.
Al cierre, invito a los lectores a considerar la internacionalización del vino como un éxito rotundo, la exportación de culturas y cepas como el Cabernet Sauvignon un éxito, la diversificación de la oferta de cepas y tipos de vinos un éxito, los trabajos de difusión y comunicación de los valles vitivinícola cada día mejores. Serian grandes noticias si no existiera los problemas de bajo consumo, el desplome del consumo desde hace una década y la reducción de las superficies de viñedos mundial.
El párrafo anterior me hace pensar fuertemente en la idea de morir de éxito. Pareciera cada día más evidente que el vino se vuelve un objeto de lujo y de nicho. Se puede apreciar una distancia importante del consumidor potencial con el vino y así queda muy lejos el recuerdo del vino en la mesa como un producto diario al igual que el pan o las ensaladas.
Sebastian Fuentes Germany.
Geólogo-Enólogo Master Vino Viña Terroir.
