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Morir dignamente: medidas y políticas interdisciplinares para la calidad de vida y navegar el Covid-19. Por Victoria Valdebenito Mac Farlane

La muerte, el fin de la vida como la conocemos, ha intrigado a muchos desde los orígenes de la historia de la humanidad. Usando un cliché y dicho popular al respecto, es esta la segunda de las certezas que tenemos luego de saber que hemos nacido en este planeta. A pesar de esta preocupación de sentido común, la temática sigue siendo uno de los mayores tabúes, entendiendo este último como prohibición de decir algo determinado, impuesta por ciertos reparos de carácter social o psicológico, una de sus acepciones según la RAE. Con su presencia más cotidiana en nuestro mundo de vida producto de la pandemia del Covid-19, a pesar de las convenciones sociales, se hace inevitable debatir sobre ella.

Al jueves 22 de abril del 2021 en Chile hay casi 26 mil muertos producto del virus covid-19. Con justa razón el miedo a la muerte nos circunda. Más aun, la evidencia indica que si somos de grupos sociales más desventajados tenemos más probabilidades de su ocurrencia, pues diferencias en aspectos como el capital social, entendido como asociatividad en grupos, junto con las inequidades en el nivel de ingresos como las presentes en Chile, impactan directamente en la propagación de la enfermedad (Elgar et al., 2020). En particular, la asociatividad es un aspecto que en nuestro país se ha resquebrajado por la encarnación en nuestras prácticas de valores neoliberales como el individualismo (PNUD, 2002; 2017).

Para hacer frente a la masacre, las autoridades han estado diseñando medidas desde lo sanitario y biomédico, dejando de lado otras esferas del quehacer humano. Ejemplo de esto, es la medida del horario de deporte, alineada con evidencia que indica que el ejercicio físico aumenta las probabilidades de superar el virus (Pérez-Villacastín, 2021). Sin embargo, este dato puede verse afectado si hay solo un horario restringido para hacerlo, generado aglomeraciones, aumentando por tanto las probabilidades de contagio.

Lo anterior apunta a que, para poder elaborar medidas sustentables y exitosas, es necesario trabajar interdisciplinaria y participativamente en la toma decisiones y diseños, teniendo como objetivo dar calidad de vida a todas las comunidades. Cuando la muerte se hace cercana impacta de muchas maneras, teniendo diversos efectos emocionales (Fernández, 2011). En consecuencia, tenemos pendiente generar evidencia sobre los efectos de las medidas de confinamiento, permisos y restricciones de movilidad que estamos viviendo, ante una carencia considerable, por ejemplo, de medidas de salud mental (Cornejo, 2021), recordando que la salud es completo bienestar físico, mental y social.

Es urgente entonces incorporar otras áreas disciplinares en el diseño de medidas. Al respecto, la incorporación de enfoques de género en las medidas ante la pandemia, por ejemplo, ha sido destacada como esencial (Lozano y Calvente, 2020). La interdisciplinariedad refiere a un proceso de responder y afrontar un problema o abordar un tema que es demasiado amplio y complejo para ser tratado adecuadamente por una sola disciplina o profesión, integrando diversas áreas y sus percepciones (Klein, 1999). Los desafíos de la pandemia del Covid-19 son sin duda complejos. Asimismo, existe evidencia de la adecuación del enfoque interdisciplinar a temas ecológicos y de sustentabilidad (por ejemplo, Sherren, 2005; Arruda, 2020), los que son una urgencia en el mundo actual que nos toca compartir. Más que nunca como sociedad tenemos una enorme necesidad de políticas públicas sustentables por la calidad de vida, porque una vida digna nos permitirá tener expectativas de una muerte digna.

Victoria Valdebenito Mac Farlane. Socióloga, PhD y Master en Educación. Profesora Universidad Adolfo Ibáñez

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