Comentario del libro No todo el amor, de Iván Quezada (Andesgraund Ediciones, Santiago, 2025).
Una voz reconocida entre los escritores contemporáneos, el poeta Iván Quezada, le escribe al amor con una intensidad distinta a la de los Veinte poemas de amor de Pablo Neruda (libro que en 2024 cumplió cien años), apartándose del mero presente, de las obsesivas figuras del amor carnal, aunque sin desecharlas, poniendo distancia de los prejuicios adjudicados a la relación amorosa, para brindarnos otros paisajes desde su particular óptica. Encontramos en sus letras afinidades que honran al amor. Por ejemplo:
«¿Quién eres bajo el cielo de mis deseos?» o «Eres joven como un mundo todavía inexistente», ambas citas de Canción. «¿Es ella el mito de la eternidad o del deseo? // ...mientras las horas no se la lleven en un carruaje lejos del poema...», escribe en Playa Las Dichas. O: «¿Cómo amarte sin cometer todos los crímenes del mundo?», se pregunta en Importancia.
Suma a su poesía el particular concepto del hombre inserto en lo pasajero de la vida, capaz de considerarse mortal sin miedo a la muerte, redimido por el amor y su inquebrantable fuerza. En este manojo de bellezas, se encienden luces como fuegos que destellan en el cielo de la poesía, con la legítima intención de celebrar a Neruda.
Si leemos los poemas de Quezada nos encontraremos, en muchas ocasiones, con una elaboración en versos largos y también una manera espontánea de manifestarse. Su poesía nos habla de la inocencia y las fantasías del niño que creyó en la amabilidad del universo, resguardado por padres cuidadosos de aquella inocencia. Transita luego a la adultez, rescatando el valor de la amistad, con la visión de una realidad más fría, consciente de la hostilidad del mundo, en lo social y en el interés por lo material.
Al referirse al amor describe momentos felices, pero fugaces. El amor siempre se escapa, se desvanece por uno u otro motivo. El sujeto de la poesía es un hombre bien plantado en el mundo real, consciente de una humanidad pasajera, capaz de sobreponerse al infortunio y al olvido que seremos, con la entereza del estoico. Todo esto no conspira en absoluto en desmedro de la belleza de sus realizaciones: «recuerdo una lluvia de infancia en que vi palomas bajo un techo de zinc...»; «me veo en la casa de mis padres y descubro el jardín iluminado por antorchas...»; «es un tiempo antiguo, anterior al miedo a las alondras y las casas embrujadas...»; «la palabra mujer se confunde con las estrellas...». Es un breve muestrario que invita a leer y disfrutar de sus imágenes, presentes en este libro o en otros.
Olga Laudani
Poeta de Argentina
