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No es el Covid-19 el que mata a la gente en Chile. Por María Paz Crisóstomo. ilustraciones de Susana Rivas

Mientras en el mundo los países aprenden de los anteriores, de aquellos que se infectaron primero con el virus, de los que lograron revertir la situación o de quienes les fue peor, el presidente de Chile, Sebastián Piñera declara Estado de Catástrofe. Pero una seguidilla de errores nuevamente, ponen en evidencia su ineficacia a la hora de manejar una crisis y actuar de manera preventiva. Por un lado, el Estado de Catástrofe le ha permitido al gobierno generar un estado mental de pánico mediático. Así, el miedo a la muerte y al contagio funciona como una política de control de los espacios politizados por la revuelta social, lo que trajo un cambio de fecha de plebiscito constituyente. Todo esto hace sospechar que este estado es una medida de control de la rebeldía civil más que ser una medida de sanidad pública a la altura de la amenaza real.

No es casual que en vez de poner en marcha un plan para abastecer a los hospitales, intervenir la salud privada, comprar respiradores mecánicos, mascarillas, reforzar el cuerpo médico y de especialistas, etc. El gobierno prefiere comprar carros lanzaguas además de pintar plaza de la dignidad como un desesperado intento por recuperar los espacios y los símbolos que desean apropiarse como la foto que fue tomada ahí. Pero ya no les pertenecen, incluso dice en un grafiti Fuera Piñera.

El virus llega al aeropuerto de Santiago y viaja hasta Las Condes. Las personas hablan de cuarentena, pero el gerente trabaja en sus reuniones online y algunos se van a la playa o a una fiesta de matrimonio, sin saber si son portadores. Incluso una autoridad en la Araucanía viajó a la zona y dejó a sus colegas políticos y periodistas con corona o en cuarentena, entorpeciendo aún más la administración de la emergencia en la región. Pero las clases acomodadas tienen acceso a espacio Riesco, una de las salas de eventos más caras de Santiago para albergar a los infectados por corona, en vez de usar centros médicos privados. Se gastaron una fortuna en camillas eléctricas, mientras todo el año los profesionales de la salud tienen que mendigar insumos médicos. Para los demás, los que se fueron en el transporte público como la empleada de la señora del barrio alto que llegó del extranjero y que viene contagiada, y que sin saberlo contagió a todos los demás, para ellos no alcanzarán las camas en espacio Riesco.

El modelo capitalista se evidencia a través de la defensa de los intereses de las grandes empresas transnacionales y la utilización de la pandemia como instrumento político. El Estado no anuncia cuarentena general para aplanar la curva de contagios, ni toca un tema fundamental para tranquilizar al país: la suspensión de pagos, el congelamiento de los arriendos y la ayuda a las personas que no recibirán ingresos. Por el contrario, anuncia que bajo la constitución las empresas van a dejar de pagar tres meses a sus empleados y piensan en reabrir los centros comerciales antes de tiempo.

Pareciera una estrategia deliberada de parte de un gobierno que, desde hace seis meses asesina, tortura y viola los DDHH en Chile, ante el silencio cómplice de los organismos internacionales, razón por la cual no hay cifras exactas. No es sólo el Covid-19 el que mata a la gente en Chile.

Los militares se encuentran en las calles cumpliendo funciones de” resguardo y orden público” aun cuando su función pudiese ser la de ayudar de forma humanitaria a la ciudadanía bajo la catástrofe que se desencadenara en Chile, por responsabilidad de la negligente y criminal decisión de Piñera. El Colegio Médico de Chile acusó que frente a esta crisis "contamos con muy poca información para colaborar con el gobierno. Los datos aportados a la fecha son incompletos, inconsistentes y tiene una tremenda falta de transparencia que no se había visto en la historia institucional de la salud pública chilena”, El ministro de salud, expulsado del colegio médico “por faltas a la ética”, ha contabilizado a los muertos como recuperados y aun así se mantiene al mando de la una de las peores pandemias que ha afectado al mundo en el último tiempo.

Científicos de la Universidad de Concepción crearon un antiviral que previene el contagio del coronavirus. Con el apoyo del MINSAL y el ISP podrían haber sido testeado. Pero al Ministerio de Salud no le interesó financiar esta iniciativa, porque no pensaban invertir en soluciones. En grupo de periodistas salió a la luz que el Ministerio de Salud que compró el doble de bolsas mortuorias con antelación, en vez de comprar mascarillas y camillas, y desde hace un tiempo ronda en varios tweet y comentarios la siguiente pregunta. ¿Y si quieren exterminar a los pobres y viejos del país para quedarse con sus pensiones de vejez antes que se cambie la constitución? Entonces esta pandemia parece haber venido en buen momento para el alicaído Gobierno.

El sistema de pensiones AFP roba y las pérdidas las asumen las cotizaciones de los contribuyentes, cuando se suponía que la ganancia se traspasaría a las pensiones en la medida en que el dinero se invertía, pero nunca hay ganancia. Esta crisis debe aprovecharse a favor de las AFP y el hermano de Sebastián, José Pinera se soba las manos y hace especulación financiera con el dinero de todos. Así está estipulado en la Constitución. Las autoridades piden lavarse las manos cuando los empresarios han secado ríos exportando paltas, esas mismas manos que han privatizado el agua de toda una nación.

Chile es el único país del mundo con el agua privatizada, donde existe medio millón de hogares, que no poseen servicios básicos como agua potable, red del alcantarillado o bien no tienen una llave de agua dentro de su vivienda. A ese extenso grupo le llaman población «vulnerable», a los cuales los gobiernos desde 1990 les prometieron soluciones que nunca llegaron y ahora viene una pandemia y parece un chiste que les pidan lavarse las manos, pero lamentablemente no lo es.

El gobierno de Sebastián Piñera ha sido acusado de ineptitud debido a sus vacilaciones y cambios de rumbos para enfrentar, siempre con una sospechosa lentitud, los desafíos sanitarios y sociales expuestos por el Coronavirus. Desde la Moneda han actuado solo para proteger, permanentemente y por sobre cualquiera otra consideración, al capital privado, a la empresa por sobre el capital humano. Es tanta la inercia que parece ser un atentado. El presidente señaló que, en Chile, el máximo de enfermos se va a registrar hacia fines de abril, pero que el máximo de personas hospitalizadas va a registrarse hacia fines de mayo y el Ministro de Educación llama a entrar a clases el 26 de abril. Algo no cuadra.

Todo está antes que la ciudadanía, vista en bloque como compradores y cotizantes de sus privadas empresas y que es llamada la clase media, que debe viajar en bus o metro hacinado, porque incluso muertos les dejarían dividendos. De lo contrario, por qué son capaces de comprar más bolsas mortuorias que mascarillas, más urnas que respiradores mecánicos, más segregación que unión, más muerte que vida, más todo lo anteriormente expuesto, no existe otra explicación.

Los ciudadanos deben cuidarse a sí mismos, o a sus familias, hacerlo por todos, pero también y no menos importante, como en el estallido, también hacerlo por los otros.

Susana Rivas @surivasillu www.surivas.com

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