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No es lo mismo conocimiento que conciencia. Por Sergio Fernández Farías

En una entrevista realizada el día 28 de mayo del presente año, en el matinal de Megavisión Mucho Gusto, el ahora ex Ministro de Salud, Jaime Mañalich, refiriéndose a la Pandemia, dice: “en otro sector de Santiago hay un nivel de hacinamiento, de pobreza y hacinamiento, perdón que lo diga así, del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía. Esa es la verdad”, posteriormente en diversos puntos de prensa tuvo que explicarse, y con sus propias palabras terminó diciendo (en resumen): que como Ministro conoce muy bien la pobreza en Chile y sus principales sectores y características.

Lo que devino después de esta entrevista, es lo que nos debe ocupar en tanto ciudadanos activos ante el ejercicio de informarnos y tomar decisiones que, de un modo u otro, afectarán nuestra vida y desarrollo en sociedad. A partir de aquí, no pocos periodistas, incluso del mismo canal criticaron al Ministro enfatizando en que Mañalich desconoce la situación de pobreza en Chile. Este es el problema central que busco discutir: ¿es lo mismo decir que “no conoce” a “no tener conciencia” de algo? Lo llamativo es que es el propio Mañalich el que sin darse cuenta hace la diferencia de conceptos. Y aunque el tener conciencia significa un conocimiento, un proceso cognitivo, la cuestión de la conciencia apela a la profundidad y alcance de ese conocimiento, a algo más subjetivo como es la relación que se produce entre el sujeto y la información, en cómo se internaliza eso que se sabe, en cómo se relaciona y se reflexiona la información. En otras palabras, adquirir conocimiento de algo no implica un trabajo o ejercicio reflexivo por esclarecer en tal información un problema ético, no obstante tomar conciencia significa ir más al fondo para darse cuenta a raíz de ese conocimiento que hay algo que necesita ser resuelto. ¿Cuánta conciencia tenemos, luego de saber, que el respeto a la cuarentena podría ayudar a detener los contagios? Claramente hay una diferencia sustantiva entre el desconocimiento y la inconsciencia. Y aunque el error es profundizado por la prensa, enfatizando en “el desconocimiento”, esta falta no es propia de ellos, sino de la mayoría de los actores políticos y sociales, que incluso criticaron la declaración. En el mismo tono, ¿Es posible decir que el propio Sebastián Piñera desconocía los protocolos al momento de despedir a su Tío Bernardino?, o que ¿todos los que lo justificaron y dijeron que todo se cumplió perfecto, entre ellos la Subsecretaria Daza, lo desconocían? Pareciera entonces que tener conciencia nos advierte de un conocer más íntimo que apela a nuestra humanidad, tanto en su constatación como en el desafío de un quehacer más oportuno, realista, igualitario y con visión de futuro.

Qué duda cabe, que los políticos en general conocen dónde están y cómo se configuran los aros de pobreza en Chile, por supuesto cada uno concentrado en el lugar o zona de procedencia o circunscripción electoral; han visto y probablemente estudiado gráficos y fotos, han visitado CESFAM y hospitales, han hecho campaña en ferias libres, almorzado con vecinos, entre muchas actividades. Unos más, otros menos, también los que representan a la “derecha social”. Pero, posterior a esta toma de conocimiento, se ha seguido explicando la realidad e intentando transformarla desde los mismos paradigmas ideológicos iniciales, claro, no se tomó conciencia, ya lo dijo el ex ministro. Sin duda todos conocen la pobreza, pero pocos toman conciencia de ella. Lo anterior, una y otra vez, confluye en hacer el esfuerzo de impregnar un discurso absolutamente neoliberal, donde el chorreo ha sido pilar del bienestar individual, con ribetes de color social. Aunque después no resulta tan fácil explicar por qué si como país estamos tan bien, otros o la mayoría de las personas están tan mal.

Entonces, ¿Qué es no tener conciencia? Hace unos meses, específicamente en el mes de octubre, los Diputados de Renovación Nacional Camila Flores, Cristóbal Urruticoechea y Eduardo Durán; los UDI Jaime Bellolio y Guillermo Ramírez, y el Socialista Juan Luis Castro, recorrieron el congreso con los ojos vendados para “concientizar” sobre la discapacidad. Mi pregunta: ¿Eso los hizo realmente más conscientes de lo que viven quienes tienen discapacidad visual, y de la vida de dificultades que deben superar a punta de esfuerzo y penas? No. Quizás durante unas horas lograron empatizar, probablemente se sorprendieron y hasta lloraron, más de alguno se golpeó con algún muro u obstáculo al caminar vendados. Al otro día, la vida siguió igual.

Con la pobreza es lo mismo ¿Es posible que estas personas que no han vivido ni siquiera cerca de la pobreza, que no comparten en su vida cotidiana con alguien perteneciente a una clase social distinta y que el algoritmo de las redes sociales e internet no ha llegado a incluir en sus preferencias; ni prensa alternativa, ni blogs de opinión, ni voces distintas, tengan conciencia de la y las pobrezas del Chile clase media y de ahí para abajo? El mismo Ministro de Vivienda, Cristian Monckeberg, dijo hace unos meses que la mayoría de los chilenos “son propietarios de una casa y dos departamentos”, hoy es el Ministro de Desarrollo Social y Familia...

No voy a dar yo el diagnóstico, éste está dado hace rato, simplemente quiero decir que hay señales y cada vez más claras de la desconexión y de la falta de conciencia, no solo con la pobreza, sino con todo aquello que no pertenezca a su grupo social. Mañalich no tiene conciencia del nivel de pobreza y sus dimensiones, pero tampoco lo tiene ninguno en el gobierno y quizás muy pocos en la oposición, probablemente no son conscientes siquiera de sus propias pobrezas. Un problema probablemente basado en que la política en Chile, así como el mundo empresarial, ha estado liderada transversalmente siempre por la aristocracia, que se ha perpetuado en el poder, con las mismas doctrinas un poco maquilladas y también por los mismos apellidos (como los Larraín o los Matte, o peor, los Larraín Matte). Es prácticamente imposible que tengan la conciencia de la que hablamos para, no solo conocer el dato, sino tener la profunda comprensión de la vida de necesidades materiales, estructurales, de exclusión social y de accesos y discriminaciones que hay detrás.

Lamentablemente muy a menudo se tiende a tomar el camino sencillo y no entrar en detalles ni mostrar el abismo entre conocer y tener conciencia. Y gobierno tras gobierno el discurso a la medida para explicar el fenómeno de la pobreza ha sido: por un lado asociarla a delincuencia o a flojera o desidia (que es el argumento más típico en la derecha dura). Y por otro lado, a romantizar la pobreza y el esfuerzo del pobre. Lo otro ha sido disfrazar datos y ocultarla bajo las definiciones de clase media. Pero en términos reales, resulta que aún con todo el esfuerzo, el pobre tiene bajas o nulas posibilidades de dejar de ser pobre en esta (y hasta en la siguiente) generación. De hecho el informe OCDE ¿un elevador social descompuesto? - Cómo promover la movilidad social, de junio del 2018, indica para Chile que se necesitan seis generaciones para que un niño descendiente de una familia pobre tenga un ingreso medio. La respuesta, es un conjunto de medidas económico-sociales que según nuestras autoridades o son inconstitucionales o demasiado caras, porque todos tenemos un valor en pesos.

Un último ejemplo y para ser muy concreto de la distancia entre conocer y tener conciencia, es la ley de protección al empleo, una ley que acogió la suspensión de contratos de trabajo incluso a empresas gigantes del retail con grandes utilidades y que dejó a los trabajadores el seguro de cesantía, pagando el 70% del sueldo el primer mes y el 30% el segundo mes. Si consideramos que según los datos de la última Encuesta Suplementaria de Ingresos, que muestra que el 70% de las personas con empleo recibieron ingresos menores o iguales a 554 mil pesos, (y sólo el 12,2% un sueldo superior a un millón). ¿Quién podría vivir tranquilo con el 30% del sueldo; pagando arriendo o dividendo, alimentación, colegio, cuentas? Solo aquellos que tienen o han tenido capacidad de ahorro, nuevamente unos pocos ¿Cómo entonces quedarse en casa tranquilo durante la cuarentena? No está resuelto.

Termino relevando la importancia de pasar del conocimiento a la conciencia y de la importancia de la conciencia en el servidor público, que reconoce a quienes representa y sus circunstancias y en tanto eso, es capaz de tener una actuación digna. Pero también, junto a lo anterior, creo necesario hacer una profunda transformación de la representatividad del sistema político en su conjunto, que sigue concentrado en mantener los status. Por delante tenemos elecciones municipales, parlamentarias y en poco más de un año presidenciales. También la tremenda oportunidad de un plebiscito constitucional, es necesario contar con alternativas más y mejor conectadas, con conciencia social, que representen ideas transformadoras pero responsables y que logren capitalizar toda la reflexión realizada sobre el modelo desde el levantamiento social en adelante.

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