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«No estamos todxs»: los dejamos en prisión. Por Alex Ibarra Peña

La violencia del Estado en noviembre del 2019 llegó al extremo de amenazarnos de guerra. Varios políticos declaraban su culpa frente a la ciudadanía, fue pura escena para la pantalla, han seguido actuando como antes y han logrado la desactivación del movimiento social que frente a las elecciones presidenciales se encuentra sin candidatos nuevos que lo representen.

No todos se han sumado a la vía democrática electoral que impuso el «pacto» mediático del Congreso que poco a poco fue instalando una Convención Constitucional reemplazando a la fuerza constituyente.

Así han sido las estrategias desplegadas por los hábiles operadores que rentan con la política. Recuerdo cuando defendían el argumento de que a los políticos se les debía pagar bien dado que así se aseguraba un sistema parlamentario y un poder ejecutivo no corrupto. Sabemos que lo altos sueldos, bastantes inmerecidos, no frenaron la corrupción. Ese discurso no fue más que un engaño consensuado por los partidos políticos que tanto interés tienen en el negocio de la política.

Pero, el Estado y los partidos políticos cómplices, no sólo se impusieron en la reestructuración de un sistema en defensa de la oligarquía a la que sirven de hace años.

Actuaron en apoyo a las medidas represivas que violaron los Derechos Humanos de los manifestantes, todos podemos recordar a los muertos, a los mutilados, a los heridos. El duelo y recuperación de esas familias sin duda sigue estando presente en los corazones de sus cercanos, pero lejos de la conciencia de los demás ciudadanos. Ya casi no se escucha «...culpable, tus manos tienen sangre».

No logramos instalar una candidatura representativa y fuerte del movimiento popular, siempre estuvo en duda la idea de legitimar el sistema político de aquellos que, por miedo, casi renuncian, pero que hoy los vemos fortalecidos. Están dentro de la Convención Constitucional y ya han presentado sus candidaturas en el SERVEL. La izquierda no había sido derrotada en la segunda elección de Piñera, espero que tampoco este derrotada frente al actual escenario político alejado de las demandas del movimiento de octubre.

Tengo la sensación de una derrota. Pero, este no es el fin de la esperanza, sigue siendo un principio. La brutalidad del poder y la fidelidad de los operadores políticos siguen vigentes, no se ha ido ni uno de ellos a su casa. Así es la política institucionalizada sentenciando siempre la pérdida a esa mayoría de ciudadanos condenados a no disfrutar de los bienes ni de la felicidad.

Esta profunda derrota es la que permite que miles de jóvenes sigan encarcelados, no faltarán los que en octubre quieran celebrar los dos años de la revuelta, pero esa celebración sólo será legítima si es que logramos instalar la fuerza suficiente que permita la liberación de estos jóvenes. Ví a las familias reales, las madres, los hermanos, abandonados por el sistema de justicia. Los presos no son hijos de políticos, no son militantes, en su mayoría son pobladores. Olvidados como siempre. La revuelta de octubre se quedó en eslóganes, nos volvimos a dormir.

La conciencia (¿colectiva?) cayó en la trampa del relativismo y del escepticismo, después de todo hemos venido escuchando desde el catecismo socrático que «se condena a inocentes y se libera a culpables», es lo que estamos acostumbrados a permitir.

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos.

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