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No más show con las noticias. Por Leonardo Holgado V.

Parece que no va quedando del todo claro, pero la prensa y en general los medios masivos (salvo honorables excepciones, por cierto) sólo han colaborado en diseminar la ignorancia en todo el proceso covid. Ello pone en evidencia el total marasmo de nuestro sistema cultural, que ya había dado algunas señales durante ’El Estallido’, por ejemplo cuando la primera dama atribuía la movilización de millones (súper sic!) de personas a la acción de fuerzas alienígenas que atacaban ’la cadena de abastecimiento’ (notable pieza arqueológica del lenguaje industrial) y la posterior noticia que el gobierno hacía su prognosis política leyendo informes de big data, que mostraban que la fuerza sociológica detrás de todo eran teenagers fanáticos del K-pop.

Lejos de poner en cuestión estos argumentos, los medios sirvieron para difundirlos y participar de la gran ’cadena nacional’ del sinsentido, sin permitir más que episódicas interpelaciones de hombres y mujeres comunes, contra quienes desplegaron sus mayores esfuerzos investigativos para desacreditarlos por ciertas oscuridades de sus vidas privadas.

Cuando vino el problema del covid, lejos de investigar de qué se trataba, por qué era tan raro el fenómeno o invitar a científicos, se llenaron de médicos urgenciólogos (algo así como las personas más estresadas del mundo) o voceros de clínicas privadas objetoras de conciencia, pero con innegables competencias histriónicas, sobre todo en el arte del llanto o la anticipación dramática (algunos ya estaban llorando en febrero). El error básico de esa puesta en escena era no observar que estaban televisando a los encargados de procesar los problemas de salud del 20% de la población, que además son quienes tienen más recursos y menos carencias bíosociales para afrontar la pandemia, mientras mantenían la esquizofrenia cultural de poner al 80% que se atiende en la red pública como si ellos fueran la excepción, menos aún fueron capaces de indagar en la existencias de 2 niveles de atención, donde el mejor instrumento para la detección, trazabilidad y acompañamiento a las campañas era, por su presencia en todas la comunas del país y la cercanía habitual de su personal, la Salud Primaria y no la red hospitalaria que, en teoría, debe operar cuando ’la Primera Línea’ ha sido superada.

Al contrario, siguieron en su papel resonante del ministro saliente de salud, haciendo creer que la malla hospitalaria, aperada con nuevos respiradores mecánicos iba a contener los embates de un covid que ya mostraba que iba a tener su peak con la entrada del frío.

Hasta hoy, y teniendo a su audiencia totalmente cautiva (confinada, en rigor), no han llevado a sus sets a ningún científico, nada sobre saltos zoonóticos, nada sobre la destrucción de ecosistemas rurales y naturales, ni una palabra sobre la privación del agua que afecta a muchas comunidades, cero sobre cero en materia del derrumbe de las finanzas internacionales, de las líneas aéreas, del turismo-airbnb, ni siquiera algo sobre virus, nada, espectáculo, victimización de las autoridades, criminalización de la pobreza y el habitual formato circense (¿para qué nos vamos a poner tan graves?).

Con todo ese retraso, al día de hoy seguimos a la zaga: mientras los países que tomaron decisiones drásticas de confinamiento total, los que se apoyaron en el tecnología y big data para hacer la trazabilidad de contactos e, incluso, los que llegaron tarde, pero que cuando vivieron horas desesperadas armaron buenos equipos de asesoría científica y tomaron decisiones políticas difíciles, hoy comienzan a salir de la cárcel social y globalmente ya se anuncian no una, sino varias vacunas en el corto plazo.

El proceso actual de fabricación de vacunas es muy ilustrativo del marasmo anotado al inicio: primero debe hacerse una profunda investigación, sobre todo teórica, para caracterizar correctamente el virus, al respecto se pueden revisar muchos videos, conferencias, clases, seminarios en youtube, zoom y otras plataformas en un contexto muy especial, dado que los investigadores están confinados por lo que dedican importantes horas de trabajo a incrementar geométricamente el conocimiento del virus, después de esa fase (que si bien no ha concluido del todo, tiene importantes avances) viene la fase de producción química que, en el actual momento de desarrollo científico, se hace mediante inteligencia artificial, probando en tiempo récord miles de alternativas, que van siendo revisadas y ’falsacionadas’ hasta la generación de prototipos apropiados para la fase de prueba en seres humanos.

En este panorama, las potencias biotecnológicas, como Cuba, han avanzado significativamente en terapias y modelos de medicina social para la contención de la enfermedad, entonces globalmente estamos a no demasiado tiempo de contar con vacuna para la prevención y terapias para la enfermedad, pero en el sistema medial seguimos atados a la oscuridad e incertidumbre total, al sensacionalismo ignorante que sólo busca mantener el estado de excepción permanente que han traído los Tiempos Mejores. Lo de las vacunas es, como todo, opinable dentro de ciertos márgenes de razonabilidad, lo mismo que las terapias, pero es indudable que, en general, cuando se tienen instrumentos para prevenir el agente patógeno y curar la enfermedad, el problema disminuye radicalmente, el sistema de salud no colapsa y la buena nutrición, el monitoreo y las defensas inmunitarias pueden hacer bien su trabajo y la gente no se muere por miles en 2 meses.

La futurología mass-medial nos adelanta todo tipo de estupideces, que los medios nos coleccionan para mantenernos actualizados: la mascarilla con apertura bucal, el concierto de rock emburbujado, el ’hotel’ alpino al aire libre y, en general, todo tipo de dispositivos ya anunciados por el cine o el cómic para compatibilizar las conductas de una vida capitalista en un horizonte caótico y espeluznante, que no se hace cargo que lo peor ya está pasando, 5.000 muertes en Chile, millones en todo el mundo, la retracción antropológica de miles de millones de personas a las cuevas y sus desconocidos efectos es suficiente catástrofe, aunque al show business no le satisfaga

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