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No seguiremos pateando piedras... pero si continúa el baile de los que sobran. Por Francisco Gárate Vergara

La difícil situación que se ha generado post plebiscito, y no solamente desde la política de los partidos, organizaciones y conglomerados políticos, también desde la ciudadanía esperanzada pero crítica como sujeto de derecho, que pensó en conquistar los anhelados derechos sociales a través de un proceso histórico y determinante como la escritura de la carta magna de la constitución para Chile.

Hemos visto los más diversos análisis de ciencia política y ciencia ficción, de lo ocurrido. Autocríticas y críticas, cargos a disposición y puestos políticos que rotan o se enrocan. Pero, las y los protagonistas de los cambios, han sido víctimas de un silencio entre el presente-futuro. Tal cual, se promueven acuerdos y reuniones entre partidos y viendo el “mecanismo”, para perpetuar el interés de la elite política con un documento Constitucional.

Desde tomar la historia de Chile como parte del aprendizaje con dichos: hemos vuelto a los 2/3; estamos repitiendo el proceso de «anarquía política» con ensayos constitucionales de los años 20’ del siglo XIX; convocar un panel de expertos que proponga un nuevo texto; hacer un llamado a un nuevo organismo de convención constitucional; cambiar la configuración del organismo redactor; y jugar con los tiempos para llegar a 50 años del Golpe Militar sin una Constitución creada por «botas y fusiles» cívica y militarmente por una dictadura.

Aparte del diagnóstico electoral de las comunas, regiones o zonas del Apruebo o Rechazo y las variantes del voto obligatorio, como el cambio del padrón electoral. Con esto, no quiero decir que no poseo opinión con su respectivo análisis, pero no es parte de la solución o lo que busco sensibilizar con el escrito, es dar voces a los que seguimos creyendo en construir política ciudadana y popular en su sujeto que participa y se implica desde la co-construcción de su proceso histórico de manera activa en la política pública y su gobernanza.

Los resultados fueron decisivos y alguno análisis lapidarios, culpando, “tonteando”, discriminando y de “desclasado” a los y las compatriotas. No nos podemos quedar tranquilos, con frases como la ciudadanía hablo, porque lo hizo en las urnas y es muy distinto lo señalado en el trabajo cotidiano, muchas cosas pasaron y muchos miedos se generaron, por desinformación y simplemente por el miedo a la construcción de un sujeto que pierde sus derechos «económicos crediticios» y sale de su zona de confort mediática que le ha entregado el capitalismo en el juego de la oferta y demanda.

Cómo dejamos de patear piedras, frente a la injusticia que ha provocado este modelo y que está amparado por en un sistema político, social, económico y cultural, que genera brechas, desigualdades, que dispone el individualismo y el éxito de la competencia y desde el paradigma que somos objetos con derechos cívicos. Algunos y algunas indicaron cerrar por fuera a Chile, y que le han puesto precio a su trabajo político «voluntario», que no seguirán hipotecando su trabajo o su arte. Ahora es cuando, la “lucha continúa”, más que nunca debemos reafirmar nuestras convicciones de transformación en todos los ejes.

Frases de celebración frente a al rechazo, parece ser paradójico, pues no entiendo que se ganó, más que el mantener el statu quo. Pareciera ser que el gatopardismo, tiene más sentido en el discurso de los medios o en plantear la política de los acuerdos o en la medida de lo posible, que dimensionar el estancamiento de los derechos sociales, naturales y por sobre todo el sub valorar la participación democrática y vinculante como medio de acción política.

El problema es cómo se construye la política en el día a día en los diversos sectores, de entender que un proceso constituyente es una realidad del presente, pero una larga solución para un futuro digno. Parece que pateamos piedras con ellos, pero la ciudadanía sigue estando sola en «El baile de los que sobran». Estuvimos obnubilados con la idea del trabajo institucional, en la formación intelectual y élite, de ser parte de un tremendo hito histórico, aunque en alguna medida, seguimos presentes con: cabildos, foros, consejos ciudadanos y elementos de participación. Frente a eso podríamos decir que tan multidireccional fue el proceso, o era seguir repitiendo el modelo, la rendición de cuentas «accountability» del trabajo desarrollado. Parece que en cierta medida nos bastó, la participación, con que las distintas demandas, sociales, populares y sectoriales, fueran escuchadas por las comisiones de la convención y solo reafirmar desde ese espacio la demanda y lucha en la historia.

Nos debemos seguir uniendo a ese «baile de los que sobran», pero no solo para «patear las piedras», sino que para co-construir el proceso de transformación: cultural, político y social; y desde esos frentes hacer una revolución que transforme la económica y esta sea parte del proceso. No eran 30 años ni tampoco 30 pesos, es un pueblo despolitizado con miedo y asistido por un modelo que buscó lo cívico por sobre lo ciudadano en la igualdad de derechos.

Hoy están más vigentes esas demandas, causas y luchas, que no son solo demandas históricas, sino que humanitarias. Si octubre del 2019, nos unió y nos hizo centrarnos en el conjunto de las demandas de los distintos sectores y diversidades de lucha, debemos rearmar esfuerzos no solo en la coyuntura, sino que en la estructura de la democracia, participación y transformación.

Francisco Gárate Vergara
Profesor

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