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Nuestro futuro y las fuerzas de orden. Por Loreto Echeverría

¿No es grotesco que durante el estallido se hayan producido más de 400 traumas oculares entre los manifestantes y que nuestra policía militarizada que con tanta frecuencia actúa contraviniendo las más elementales normas no logre ingresar y mucho menos controlar en lo más mínimo las «zonas grises» dominadas por las redes del narcotráfico?

Este contraste entre un calculado y cruel método (equivalente a tortura con secuelas de la mayor gravedad) para aplastar una protesta política y la debilidad e impotencia en someter a una de las más dañinas y tóxicas formas de delincuencia incrustada en cientos de lugares conforma un cuadro macabro de la actual institucionalidad que hemos heredado.

Sin mencionar los pingues beneficios bancarios del lavado de dinero, es evidente que en muchos casos hay complicidad entre narcos y carabineros pero sobre todo muchísimo temor a enfrentarlos.

¿Qué hacer? La situación de inseguridad que viven hoy todos los países por la proliferación del crimen organizado y la magnitud de la economía negra que genera, exige medidas múltiples y urgentes. En estos tiempos de crisis y colapsos los gobiernos iberoamericanos harían bien en evaluar los fondos de Defensa y relocalizar parte sustantiva a programas de protección social. Eso debería traducirse en sueldos justos a los carabineros y así incrementar el muy necesario reclutamiento. Además cursos formativos (respeto a los cuida- danos) y medios para entrenamiento específico destinados a penetrar y acabar con esas «zonas grises». Mientras existan no podemos hablar que Chile vive un pleno Estado de Derecho, idea ilusoria que por tanto tiempo los sectores privilegiados han mantenido con su característico orgullo.

Los municipios y las comunidades no podrán jamas defenderse de estas bandas; en parte porque ellas operan precisamente en las zonas de carencias y vulnerabilidades. Lo que sí les corresponde es la importante tarea de trabajar por la prevención y rehabilitación, particularmente de los jóvenes sin apoyo familiar, sin empleo y sin educación que suman miles y miles.

Por cierto no es sólo asunto de aumentar efectivos e implementar cursos y capacidad operativa; es tambien inaplazable depurar a estos cuerpos cuyos hábitos y conductas se asemejan a los de la dictadura y postdictadura (1).

A toda esta gravísima situación se añaden otros conflictos en una desa- fiante e inédita coyuntura que los adversarios de los cambios - con sus ingentes y variados medios y tácticas- explotan al máximo para volver a frustrarlos.

Quisiera agregar que la reflexión del Presidente Boric sobre la «embriaguez» de la CC me parece muy acertada. El mejor «sueño» del momento es evitar la derrota.

(1) Ver nota de L.Perez, «Frenar la descomposición de las policías», Sept, 2021

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