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Nuestro país transita por un tenebroso desierto plagado de víboras. Por Juan Luis Castillo Moraga.

Eso, a riesgo de quedarme corto, señalo esta afirmación, pues creo firmemente que la situación política, social, cultural y filosófica que vive el país, en el marco de un modelo perverso, injusto, inmoral e inhumano, se encuentra en este tránsito…

Realidad en la que nos dejó instalados la dictadura militar y de la qué cinco gobiernos democráticos no supieron, o no nos quisieron sacar. Hoy, se vislumbra un horizonte lleno de incógnitas, incertidumbres y una democracia debilitada y “reblandecida”.

Hoy, esta “travesía por el desierto” la vive el país, de la mano de un gobierno, paralizado, “sordo y ciego” y, de una coalición llena de profundas contradicciones y confusiones, amén de la ignorancia de algunos y el sometimiento de otros, a la obsecuencia de con un sistema heredado por un régimen dictatorial del cual ellos heredan, orgullosos, su ideología y de la cual, no pueden desprenderse.

Lo peor de esta terrible travesía es que el gobierno de turno cuenta con una oposición de partidos y parlamentarios, los que en algunos casos, impregnados de incapacidad e ignorancia y otros cómodamente encubridores con la realidad que ayudaron a instalar, no pasan de ser “cómplices pasivos” de un gobierno que con ceguera y sordera política, juega a ceder “migajas”, a la espera de que “pase la ola”… y mágicamente se diluyan las multitudinarias y justas protestas sociales. Lo que les permitiría, como “víboras” seguir usufructuando del poder e infectando de corrupción el panorama nacional, siendo testigos impávidos de cómo se corrompen sus instituciones.

Ahora bien, lo que el país requiere, es salir prontamente de esta situación y transitar hacia una verdadera democracia participativa y solidaria. Lo cual significa, entre otras cosas: paridad de género, incorporación de los pueblos originarios y por sobre todo, dignidad ciudadana.

Para ello es indispensable una orgánica ciudadana, diseño político que exija igualdad ante la ley, para los independientes, en relación a los militantes de partidos para ser elegidos, contemple nuevos liderazgos impregnados de ética y moral. Preñado lo anterior, en una nueva constitución, elaborada por los mejores cuadros intelectuales, científicos y académicos, encabezados por una importante participación ciudadana.

Sólo así podremos poner fin a esta “dramática travesía”

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