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Nueva Constitución con unas FFAA ancladas en el pasado. Por Enrique Villanueva

Las recientes declaraciones del excomandante en Jefe de la Armada, y presidente de la Liga Marítima de Chile, el almirante (r) Miguel Ángel Vergara, son demostrativas y son un ejemplo de la cultura antidemocrática en las FF.AA. y en particular en una de las ramas armadas que ha sido incapaz de reconocer ni menos cooperar con las investigaciones de los crímenes cometidos, en el pasado por efectivos navales, en buques y recintos militares de la Armada. Hay que decir en todo caso, que el actual jefe de la Armada se disculpó con el Presidente de la República Gabriel Boric por los dichos de su colega, un acto sin dudas necesario, pero que no es suficiente porque este es un comportamiento recurrente en la marina y en las otras ramas, incluyendo a carabineros, es lo que piensan quienes en las filas castrenses se sienten aun los custodios de la democracia y sobre todo, los defensores del rol que las FF.AA. cumplieron como ejecutores del terrorismo de Estado que asoló a nuestro país por casi dos décadas.

«La patria no sólo puede estar amenazada por fuerzas externas, … dijo el almirante…sino también, y quizás más grave, desde su interior y de manera solapada. Por eso, los marinos de corazón bien puesto, si fuese necesario, deberemos estar preparados para saltar al abordaje», ante «el clima de inseguridad que vive Chile y la creciente pérdida de valores patrios» los marinos deben estar preparados para estar dispuestos «al abordaje», debido a lo que él llama «la amenaza interna».

Creemos que la situación por la que atraviesa nuestro país, donde ciertas ideologías se empeñan por borrar nuestras tradiciones y reescribir la historia, hace aconsejable recordar el espíritu de sacrificio y el amor a la patria de nuestros héroes, necesitamos más que nunca heroísmo para vencernos a nosotros mismos y salir a enfrentar con decisión los desafíos que nos impone el entorno. Los tiempos que vivimos, donde pareciera que todos nuestros valores y principios están siendo trastocados, claman por hombres y mujeres consecuentes con sus convicciones".

Expresado de manera distinta, este el mismo discurso de los mandos militares corruptos que en 1973 se tomaron el poder, asesinando cobardemente a un presidente de la república elegido democráticamente por su pueblo y a miles de compatriotas, una perorata sediciosa pero que es de extrema gravedad. Primero porque lo que este almirante (R) hizo, es una demostración de que la Doctrina de Seguridad Nacional continua vigente en la cultura militar institucional y en segundo lugar, que no basta con que la nueva constitución defina un nuevo marco que regule la convivencia nacional, asumiendo que los mandos de las instituciones militares están dispuestas a iniciar el proceso de transición para efectivamente ponerse a tono con la idea de un pais distinto.

Lo que la redacción de la nueva Constitución establece, en referencia a las FF.AA que son obedientes y no deliberantes, disciplinadas y jerárquicas, se constituyen en el deber ser castrense, o debiera serlo, pero es insuficiente para neutralizar una cultura militar que es golpista y antidemocrática. Estas definiciones están también en la actual Constitución, las que resultan como frases repetidas, incluso por quienes en su momento fueron violentados por el poder militar sedicioso, sin que estas se acompañen de leyes orgánicas y reglamentos que aseguren su cumplimiento y la sanción para los que no las cumplan, que es lo que hace falta.

Y es necesario repetirlo, porque la nueva constitución será letra muerta, en lo que se refiere a los militares, si no se interviene la cultura y la doctrina que se entronizo en las FF.AA, las que hoy se dicen obedientes pero con una jerarquía institucional que no garantiza la obediencia al poder político, el que está representado por el o la presidenta de la República. No se puede olvidar que en los últimos 50 años, las FF.AA. han estado bajo el mando de burocracias corruptas, que se acostumbraron a funcionar al margen de cualquier control político democrático y que usan a las instituciones para encubrir sus fechorías y encubrir los crímenes que cometieron en el pasado.

Las FF.AA. deben ser profesionales, modernas, no deliberantes, jerárquicas y disciplinadas, obedientes al poder político, eso nadie lo discute, es lo que se enseña en las escuelas castrenses pero aun así, sucedió el golpe de estado en 1973 y aun así, durante la rebelión social del 2019, carabineros y el ejército, la marina, arremetieron violentamente en contra de personas que reclamaban su derecho a protestar, violando impunemente los derechos humanos, siguiendo las ordenes de oficiales que continúan convencidos que el enemigo está en el que reclama en contra de los abusos e injusticias del orden establecido.

La justificación de estas cobardes agresiones fueron las mismas de hace cinco décadas y que hoy se reflejan en el mensaje sedicioso del almirante (r) Vergara ante el Estado Mayor de la Armada, Las FF.AA. ante “el clima de inseguridad que vive Chile y la creciente pérdida de valores patrios" … por la situación por la que atraviesa nuestro país, donde ciertas ideologías se empeñan por borrar nuestras tradiciones y reescribir la historia…lo que hace aconsejable recordar el espíritu de sacrificio y el amor a la patria de nuestros héroes, necesitamos más que nunca heroísmo para vencernos a nosotros mismos y salir a enfrentar con decisión los desafíos que nos impone el entorno.

Las FF.AA sus oficiales y suboficiales están adoctrinados para actuar como los custodios del orden institucional, por eso se sienten “la reserva moral de la nación”, no para defender a su pais de un enemigo externo, sino que, del enemigo interno, de sus propios compatriotas, una definición de enemigo tan amplia y en la que cabemos todos y todas, quienes hoy queremos cambiar el pais haciéndolo mas justo e inclusivo. Es esto lo que debe terminar, para lo cual las declaraciones técnicamente correctas son insuficientes, frente a una ideología antidemocrática fuertemente arraigada en la cultura militar, un cambio que sin terminar con el negacionismo que por años dejo impune las consecuencias de perseguir al enemigo interno, será difícil, porque es el negacionismo lo que justifica la existencia de la doctrina de la seguridad nacional, la que continua orientando los planes de educación y formación en las instituciones castrenses, manteniendo o reproduciendo la mentira histórica que las FF.AA “salvaron al pais“ con el golpe de estado de 1973.

Para garantizar que las FF.AA, que los militares sean obedientes respetuosos y se subordinen al poder civil, es necesario tener la voluntad política para intervenir la carrera militar, sin rodeos, porque esta requiere de cambios profundos tanto en su doctrina como en los planes de estudio. Planes de formación militar que más allá de su especificidad deben estar vinculados a los desafíos y retos que hoy el pais exige, vinculados a los fines y objetivos de la educación como sistema, incluyendo la innovación y los avances científicos, bajo el control y la supervisión del Ministerio de Educación y por extensión, del Ministerio de Defensa.

No sé si alguien pueda creer que con los actuales planes de formación que orientan la carrera militar, programas que nacen y terminan en los cuarteles, sin vinculación o con una relación formal con el mundo civil, se pueda alcanzar una veraz y transparente subordinación al poder político. Si se quiere que las FF.AA. cumplan con su rol institucional hay que hacer que estas de verdad sean obedientes al poder político, de lo cual no hay garantías, porque las burocracias militares responsables del golpe de estado y de los 17 años de terrorismo de estado, corrompieron el mando militar, acostumbrándolo a funcionar al margen de cualquier control político democrático y usaron a las instituciones castrenses para encubrir sus fechorías y para proteger a los culpables de crímenes que cometieron en el pasado.

Por esto es que la intervención de la carrera militar y de los planes de estudio que forman a los actuales o futuros oficiales, y suboficiales, es una necesidad urgente, si lo que se quiere es reorientar la formación militar hacia fines democráticos y de pleno respeto de los DDHH, incluyendo la integración y la no discriminación de la mujer en las Fuerzas Armadas, terminando con estereotipos de género y otorgándoles las condiciones para avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades en la carrera militar.

Cabe la duda entonces, que si en los 30 años y más de gobiernos post dictadura, no se hicieron cambios sustantivos en la doctrina y en la formación de los militares, si no se establecieron reglas claras que dieran garantía del control civil y referidos a la subordinación militar, será posible ahora lograrlo y sin tomar medidas profundas en estas instituciones. Es una gran y razonable duda, porque las FF.AA. con la complicidad o inacción de los decorativos ministros de defensa a cargo, han funcionado manteniendo altos grados de autonomía y, en muchas ocasiones, prerrogativas incompatibles con el Estado de derecho, antecedentes que y reflejados en las declaraciones del almirante sedicioso que señalamos al inicio de este escrito, indican que la refundación doctrinaria e institucional de las FFAA hoy es una necesidad objetiva.

Es una necesidad para que los principios que establece la nueva Constitución se haga n realidad, que “Chile es un Estado social y democrático de derecho, que es plurinacional, intercultural y ecológico”. Que “la protección y garantía de los derechos humanos individuales y colectivos son el fundamento del Estado y orientan toda su actividad. Que, es deber del Estado generar las condiciones necesarias y proveer los bienes y servicios para asegurar el igual goce de los derechos y la integración de las personas en la vida política, económica, social y cultural para su pleno desarrollo”. “la protección y garantía de los derechos humanos individuales y colectivos son el fundamento del Estado y orientan toda su actividad”.

La nueva Constitución interpreta cabalmente el sentimiento que motivo la expresión social que permitió llegar hasta aquí, me refiero a la masiva y esplendida presión social del año 2019 la que puso en crisis al modelo político y económico. Demostrando ademas que la transición a la democracia, administradora del modelo económico dictatorial, termino en un fracaso, porque avalaron, perfeccionaron y defendieron, un modelo económico que le hizo difícil la vida a la mayoría de los chilenos y chilenas, transformándose en un factor de desigualdades, abusos y corrupción.

Pero la implementación de la nueva constitución cambia y es lo más importante, la organización y distribución actual del poder, en el plano político, económico y militar, porque abre un camino para reemplazar la vieja, elitista y abusiva organización del poder perpetuada en la constitución de Pinochet y de Guzmán. Es también una fuerte contradicción con el rol de centinela, conservador y reaccionario, asignado desde siempre a los militares con la responsabilidad de modificar por cualquier vía, aquello que los generales “consideren inconveniente” para los intereses nacionales, lo que implícitamente se constituye, como en el pasado, en una amenaza a cualquier tipo de cambio en la sociedad y el Estado.

Finalmente el eje orientador de la nueva constitución, el respeto y la promoción de los DDHH, choca de frente con el argumento que se validó e institucionalizo en nuestro pais y en la formación de los cuadros militares, durante cinco décadas, negando la memoria histórica, alimentándose de la impunidad en relación con los crímenes y atropellos que los militares cometieron en el pasado.

Por eso y para avanzar en este importante hito de la nueva república, ya es hora de ir a las causas que mantienen a las FF.AA. con niveles de autonomía que las hacen estar en la práctica, por sobre el poder civil, para lo cual la verdad histórica debe ser divulgada y validada en las FFAA y Carabineros, estableciendo que los militares no actuaron para “proteger a los chilenos y chilenas del comunismo” o “para impedir una guerra civil”, intervinieron como el brazo armado que permitió imponer los fines, privilegios y propósitos de quienes, desde el poder económico y político, violentaron y terminaron con la democracia en 1973.

Enrique Villanueva M.

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