Aunque parezca una ironía, si comparamos la edad geológica de la Tierra —desde el Big Bang— con la historia de los pueblos y su humanidad cultural, claramente la historicidad comenzó "ayer" o hace apenas unas horas. En la PAES pasa algo similar: el tiempo histórico de los contenidos es corto y, aun así, se sigue acotando a medida que transcurren las nuevas pruebas que, para el universo adolescente, deja una sensación de que “la historia comenzó hace poco”. Esto sepulta en el olvido etapas históricas que siempre han sido indispensables para comprender el andamiaje de los siglos y la identidad de nuestra sociedad. Es más difícil entonces en esta época responder la eterna pregunta ¿Quiénes somos?
A modo de ejemplo: para entender el siglo XIX —nacional y universal— debemos asimilar la importancia de la Revolución Francesa; empero, ese contenido no está incluido en la PAES. De ahí hacia atrás, parece que podemos borrar de un plumazo centurias elementales que son la base para la comprensión del presente. ¿Cómo les exigimos la habilidad de contextualizar a nuestros estudiantes con tales vacíos? Estos periodos, al no ser sometidos al estudio y al análisis, representan un "asesinato intelectual" para los alumnos y para esta hermosa disciplina, la cual es más sencilla de entender si la concebimos como una cadena de sucesos que se explican en conjunto y no por separado. De lo contrario, contextualizar se vuelve un rompecabezas difícil de armar y, por ende, una habilidad incompleta en la nueva generación de estudiantes.
Detengámonos un momento: el promedio nacional de la PAES en esta edición subió 9 puntos (de 501 a 510); es decir, 25 preguntas correctas de 60 posibles (más 5 de pilotaje). Esta cifra es, en jerga escolar, una “nota roja”, pues representa menos de la mitad del logro esperado. Este panorama debería llevarnos a un profundo cuestionamiento: ¿En qué estamos fallando los profesores para no lograr un promedio más alto?, ¿Están comprendiendo nuestros alumnos la forma en que impartimos la disciplina?, ¿Se enseña bien historia en los colegios?, ¿Es una asignatura importante para los planes del Mineduc? Desde otro punto de vista, las ciencias —siempre más objetivas y medibles— bajaron a 473 su promedio, pero eso es harina de otro costal.
La brecha entre el sector privado y el público sigue a la vista. Los conocidos rankings de los "100 mejores colegios" podrían sonar a una oferta educativa que deja sin piso al sector público, basándose en puntajes que pueden ser entrenados con tips de sencilla aplicación. Quizás los tips son el camino fácil hacia el alza que debe ir acompañado con habilidades propias de la asignatura.
Tal como el SIMCE, la PAES —aunque menos punitiva— encasilla a los colegios (y alumnos) que, por buscar resultados rápidos, descuidan áreas de la educación que no son medidas en estas pruebas estandarizadas, cuando ocurre esto, las asignaturas en general dejan de ser transversales. Mientras tanto, las universidades seleccionan los mejores puntajes, algo que parece contraponerse a la democratización que busca el SAE (Sistema de Admisión Escolar), el cual, según la Contraloría, no tendría un comportamiento tan transparente en la asignación de vacantes, dejando a varios sin matrícula vulnerando el derecho a la educación amparada en la carta constitucional.
Volvamos a la historia. En esta edición, la Independencia de Chile como tal fue descartada de los contenidos y, con ello, los pocos arquetipos que tanto nos faltan (los Carrera, O’Higgins, Rodríguez y tantos otros). Sin estudiar la génesis nacional, ¿cómo se podría comprender el siglo XIX? Además, el siglo decimonónico es el más complejo de entender y ha pasado a ser el talón de Aquiles de esta prueba. Esta materia se suele enseñar con textos superados por la historiografía actual; parece que los expertos que generan los contenidos los desconocen o adolecen de cierto sesgo. Es vital cerrar estas brechas: o comprendemos la historia de forma completa o perderemos nuestra identidad a sabiendas.
Al no ser la PAES de Historia una prueba obligatoria, se sienta un mal precedente para la identificación con nuestras raíces nacionales y culturales que tanto necesitamos en una sociedad individualista y narcisista. Además, la merma de horas y su ausencia en algunos niveles hacen que los profesores de Historia estén "en peligro de extinción" en la oferta laboral. Ni hablar de la falta de Geografía en la enseñanza media en un país con actividad tectónica y volcánica que sobrepasa con crecer al resto del mundo; faltarían hojas para argumentar la importancia de esta ciencia auxiliar.
Antiguamente, la PAA de Historia era prácticamente memorizar y hacer una “Oda” al conductismo. Hoy, es cierto, hemos avanzado hacia competencias como, por ejemplo, analizar fuentes, inferir y comprender contextos. Pero, ¿cómo se enseñan estas habilidades con tan pocas horas frente a curso? Convengamos lamentablemente que, en los dos últimos años de enseñanza media, la asignatura es electiva. Los contenidos de la PAES terminan en segundo medio; en tercero y cuarto —edades ideales para el razonamiento y el debate— el currículo pierde fuerza.
¿Cómo llegamos a esta ausencia por la enseñanza de la historia? ¿Es coincidencia que no sea obligatoria o hay una intención soterrada? Con todo, aprender y enseñar historia son oportunidades únicas para la reflexión y el análisis crítico. ¿Es peligrosa la historia? Depende del sesgo, pero ahí entra la ética profesional de cada docente. La historia debe dejar de ser un almanaque de datos para incentivar el pensamiento crítico y comprender los elementos de continuidad y cambio desde el presente.
¿Cómo subimos este promedio?
Lo más importante es desarrollar el pensamiento histórico como una habilidad. Que la clase no sea un dictado eterno de datos, sino un espacio formativo para conocer distintas visiones del pasado y mejorar el presente mediante el respeto y el consenso. Aunque el alza de puntajes fue un avance, no debemos conformarnos. Esperamos que en futuras ediciones se revise la pertinencia de los contenidos y que logremos, finalmente, eliminar las brechas entre la educación pública y la privada para alcanzar metas que nos hagan sentir orgullosos de nuestra historia. Que cada aula de chile, sea un espacio de reflexión, de dialogo, de interpretación, de lectura y de análisis del pasado.
Álvaro Vogel Vallespir – Profesor e Historiador.
