Algunas comunas del Gran Santiago han respondido a la mega-sequía reemplazando el clásico pasto de plazas, parques y bandejones por jardines “sustentables”, compuestos por plantas poco demandantes de agua y sistemas de riego por goteo. Si gran parte del territorio nacional sufre por la carencia de agua, lo lógico es optimizar el manejo del cada vez más escaso recurso hídrico. Sin embargo, basta una caminata por estos lugares reacondicionados para notar una paradojal alerta: las que alguna vez fueron áreas húmedas y verdes, hoy son superficies semi-áridas y grises. ¿Se está sacrificando la calidad del espacio público en nombre de una sustentabilidad mal calculada?
No es nostalgia, es ciencia
El césped de plazas y parques cumple funciones bioclimáticas, sicológicas y sociales que, en el caso chileno, al parecer no se han cuantificado en unidades monetarias al evaluar su reemplazo por otros tipos de configuraciones de terrenos con vegetación. Ciertamente el césped es más que una cara bonita: posee roles ecosistémicos difícilmente superables. Recientes estudios han demostrado que las superficies con pasto reducen significativamente la temperatura del entorno inmediato [1], atenuando así las incomodidades de las islas de calor que los jardines con gravilla apenas logran. Además, el pasto captura material particulado de arrastre [2], atrapando el molesto polvo fugitivo que los suelos de grava, arena y limo no hacen. Por otra parte, se ha demostrado que el pasto tiene positivos efectos en la salud mental [3], ventaja de la cual no pueden presumir con la misma elocuencia aquellos jardines sin esta cobertura vegetal. Por ejemplo, el color verde propio e inexorable del pasto, mejora el ánimo de una manera más rápida y prolongada que el intrusivo gris de los pedregales presentes en los nuevos jardines [4].
Una sustentabilidad incompleta
Son más las variables no valoradas. Si bien el césped requiere más agua que las especies xerófitas (adaptadas para vivir con poca agua); su remoción, la disposición de gravilla, la instalación de riego por goteo y el afianzamiento de las plantas, implican una inversión inicial altísima que se incrementa al contabilizar los demás costos sociales de los llamados jardines sustentables. En efecto, se debe tener presente que la gravilla al ser transportada genera su huella de carbono y que al producirla también deja su propia huella hídrica (sí, el proceso industrial que transforma bolones en gravas también requiere agua) [5]. También se debe considerar que las mangueras del sistema de riego por goteo están manufacturadas con plástico, el mismo que una vez cumplida su vida útil, tarda siglos en biodegradarse [6]. Finalmente y para ser justos, se deben reconocer las ventajas de los jardines con diversidad de plantas nativas que, en comparación con el pasto exótico, resultan atractivos para aves e insectos polinizadores; pero sus grises piedrecillas y sus negras mangueras parecen arruinarlo todo.
El argumento del ahorro de agua
Puesto que la génesis de los llamados jardines sustentables radica en reducir el consumo de agua, resulta imprescindible calcular cuánto es ese ahorro. Para ello de manera simple se recurrirá al concepto de Evapotranspiración Potencial que es la cantidad máxima de agua que puede evaporarse de un suelo y ser transpirada por las plantas en condiciones ideales para ellas. Según las estadísticas del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) [7], en la estación meteorológica de Quinta Normal, la más cercana al centro de la ciudad de Santiago de Chile, la mayor Evapotranspiración Potencial se registra en el mes de enero con 183,6 mm. Es decir, la superficie vegetal completamente cubierta por vigoroso pasto pierde una columna de agua de 0,184 metros durante dicho lapso. Castigando más al pasto, asumiremos que cualquier superficie de él en la ciudad requiere por lo menos esa altura de agua. Puesto que el recurso hídrico se aplicará por aspersión, método de riego cuya eficiencia es del 75% [8], la columna de agua a entregar se eleva a 0,245 metros durante el citado mes. Si por ejemplo tomamos una cubierta de pasto de media hectárea (5000 m2) en la misma capital del esnobismo urbano, el volumen de agua requerido para ella será la multiplicación de dicha área por la altura:1226 m3. Considerando que la tarifa de agua potable consumida es de $ 600.- el metro cúbico, dejar de regar esa media hectárea implicará un ahorro en el peor mes de $ 736.000.-. ¿Vale la pena dejar de regar ese tradicional terreno de pasto y en su reemplazo implementar para luego cuidar aquel denominado jardín sustentable? Es muy probable que sea mal negocio ahorrarse ese dinero en el mes más seco por preferir una inversión de moda que requiere mantención ante obstrucciones, roturas y vandalismo.
La insipidez de tanta piedrecilla y tubería
Detrás del aparente avance que suponen los jardines xerófitos ornamentados, se esconde una peligrosa mutilación del concepto de sustentabilidad. Al priorizar el ahorro hídrico sin cuantificar variables de habitabilidad, bienestar emocional y cohesión social; algunas comunas están transformando sus espacios vivos en lugares de paso, duros e impersonales. El césped no es solo cobertura vegetal, sino un activador sensorial y afectivo. Su presencia invita a jugar, a descansar, a contemplar. Cuando lo sustituimos por plantas dispuestas entre piedrecillas con tuberías plásticas, no solo provocamos que el verde retroceda ante el gris, sino un empobrecimiento del alma colectiva. Una ciudad no se mide solo en litros de agua ahorrados, sino también en la capacidad de sus espacios para generar alegría, salud y sentido de comunidad.
Referencias
[1] Bowler, D. E., Buyung-Ali, L., Knight, T. M., & Pullin, A. S. (2010). Urban greening to cool towns and cities: A systematic review of the empirical evidence. Landscape and Urban Planning, 97(3), 147–155.
[2] Jeanjean, A. P. R., Monks, P. S. & Leigh, R. J. (2016). Modelling the effectiveness of urban trees and grass on PM2.5 reduction via dispersion and deposition at a city scale. Atmospheric Environment, 147, 1–10.
[3] Hassan, A. & Zhang, D. (2024). Nature’s therapeutic power: a study on the psychophysiological effects of touching ornamental grass in Chinese women. Journal of Health, Population and Nutrition, 43(23).
[4] Akers, A., Barton, J., Cossey, R., Gainsford, P., Griffin, M., & Micklewright, D. (2012). Visual Color Perception in Green Exercise: Positive Effects on Mood and Perceived Exertion. Environmental Science & Technology, 46(16), 8661–8666.
[5] Sotomayor Fontealba, L. (2009). Guía de condiciones medioambientales a considerar para el diseño de una planta de extracción y procesamiento de áridos.Tesis de licenciatura, Universidad Austral de Chile]. Repositorio Cybertesis UACh.
[6] Zenner de Polanía, I. y Pena. (2013). Plastic products in agriculture: benefice and ambient cost: a review. Rev. U.D.C.A Act. & Div. Cient. 16(1):139 – 150.
[7] Comisión Nacional de Riego & Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN). (1997). Cálculo y cartografía de la evapotranspiración potencial en Chile: Informe final. Santiago, Chile: CNR – CIREN.
[8] Comisión Nacional de Riego, INIA & Gobierno Regional de Coquimbo. (2000). Estimación de la demanda de agua en los cultivos (Informe CNR-0244). Santiago, Chile: CNR-INIA-Gobierno Regional de Coquimbo.
Lucio Cañete Arratia
Facultad Tecnológica
Universidad de Santiago de Chile
