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Para que nunca más: Violencias de Estado y Memorias de octubre de 2019. Por Natalia Quiñones y Caterine Galaz*

Después del levantamiento social de octubre de 2019, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), más de 2500 personas fueron encarceladas y más de 11.300 detenidas. Muchas de ellas son adolescentes. Algunas aún se mantienen en prisión preventiva. Tanto para familiares como para distintas agrupaciones sociales, este tipo de actuación sólo demuestra la persistencia de la represión y la violencia de los dispositivos de seguridad del Estado.

Todo ello ha dejado huellas latentes en la población que son más profundas y complejas que sólo físicas. El recuerdo de un pasado dictatorial cívico militar que violó sistemáticamente los derechos humanos no es ajeno al contexto actual, en el que algunas prácticas de los distintos dispositivos de seguridad mantienen continuidades entre ambos periodos. Si bien la violencia en contra de manifestantes no constituye a una característica reciente en el actuar de las instituciones de seguridad, éstas fueron significativas dejando a miles de heridos/as, centenares de traumas oculares y más de 30 personas muertas. Hasta ahora y después de un año, no se evidencia una actuación contundente de la justicia que sea acorde a la magnitud de los hechos.

La violencia institucional como forma de control social, lejos de ser una excepcionalidad pareciera inscribirse en la forma de proceder de diferentes órganos del Estado. Con ello, se promueve a nivel social una cierta naturalización de esta violencia que -como dice la politóloga Pilar Calveiro- excluye y hace prescindibles a ciertos grupos sociales, convirtiéndolos en posibles receptores de dicha violencia. Ahora bien, la violencia institucional no se expresa únicamente por medio de la represión, sino además se manifiesta en la producción y difusión de diversos saberes y discursos públicos que facilitan la conservación del statu quo y contribuyen a restar importancia a estos hechos.

En el trabajo de la comisión “Octubre 2019” -colectivo de estudiantes, investigadores/as y trabajadores/as sociales que recopiló y visibilizó diversas experiencias de violencia de Estado en la revuelta social pasada- se pueden rastrear diferentes ejercicios de memorias que conectan estos hechos con otros episodios del pasado. La comisión recabó más de 70 testimonios directos, de hombres y mujeres, entre los 18 y los 68 años, de diferentes regiones del país.

En los relatos de personas que vivieron represión y de voluntarios/as de los piquetes de salud y jurídicos, se presentan variedad de casos del actuar de los agentes de seguridad, que relatan distintos tipos de violencias, maltratos, torturas y abusos. En estos testimonios, algunos/as enfatizan que más que control social, lo que se vio el año pasado fue una clara intención de dañar a quienes estaban desarrollando acciones de protesta social. Algunos de estos relatos se destacan por su dureza: “me buscaba los dedos para quebrármelos, así me empezó a buscar y me empezó a agarrar varios dedos (…) El tipo [refiriéndose a un carabinero], me empezó a escupir, me empezaron a escupir en la cara, me agarraron a combos en la cara” (Hombre de 28 años); “me empezaron a insultar de nuevo, aparte que ya me habían escupido en la cara, me escupieron tres veces (…) me amenazaba que yo tenía que mentir en la declaración” (Hombre de 21 años); “esos disparos claramente no buscan inmovilizar a la persona, esos disparos buscan mutilar, herir directamente, se puede pensar que buscan matar a la persona y es lo que he podido ver en terreno" (voluntario de salud, 29 años).

Entre los relatos también existen ciertos cuerpos que -tal como en el pasado reciente chileno- fueron expuestos a violencias específicas, como son las mujeres, las personas no heterosuaxales, y adolescentes que se manifestaron en el corto periodo desde octubre de 2019. El uso de diferentes tipos de intimidaciones sexuales también fue parte de las formas represivas.

Muchas de estas personas que dieron testimonio a diferentes entidades de la sociedad civil, manifestaron la importancia de visibilizar esas violencias y enfrentar discursos públicos que minorizaban estas agresiones. De hecho, Chile recibió en poco tiempo denuncias de cuatro organismos internacionales respecto de las violaciones a derechos humanos que se estaban desarrollando. Ante esta violencia de Estado, vemos que el rol de la memoria colectiva resulta fundamental ya que estos ejercicios testimoniales nos permiten ampliar la mirada que tenemos del presente, pudiendo establecer los vínculos inmanentes entre nuestro pasado y estos acontecimientos actuales.

‘Hacer memoria’ nos sitúa en un espacio de enunciación y visibilización del pasado, lo que permite que afloren versiones contrahegemónicas de lo vivido. Posicionar estas experiencias vividas permite edificar resistencias a la normalización de la violencia, muchas veces reproducida a través de los medios de comunicación masivos; enfrentar los discursos negacionistas de estos hechos que vuelven a aflorar desde ciertas posiciones políticas, y posibilitan la demanda de una justicia reparativa frente a estas vulneraciones de los derechos humanos.

El escritor chileno Luis Sepúlveda señaló en su momento "la importancia de conocer el pasado para comprender el presente e imaginar el futuro”. Sin duda, frente a las violencias vividas en el levantamiento de octubre pasado, estas palabras cobran más sentido, sobre todo ahora que queremos construir un nuevo marco social democrático.

*Núcleo Diversidad y Género y Programa de Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile

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