Parisi es un síntoma. Así también se podría llamar esta columna. El 19 de noviembre, mientras todo el mundo estaba intentando analizar el “fenómeno Parisi” y, al mismo tiempo, la corrupción en el sistema judicial tomaba la otra parte de los análisis en la tv y la prensa por lo que denominaron la trama “bielorrusa”, en la página de CIPER aparece una noticia que no se debería considerar como mera coincidencia. En Chile de han duplicado las criptoestafas en el último tiempo. Esa era la noticia. Su relación con el momento político no puede ser más sintomático. Las criptoestafas se basan en una promesa: multiplicar tu dinero de forma acelerada, sin caer en alguna ilegalidad evidente. Esto es, lo que muestra aquello en términos morales es que hay muchas personas que quieren hacer las cosas bien en el sentido legal del término (esto es, inversiones financieras), pero con ganancias visibles a corto plazo. Y, en cierta medida, esa es la promesa Parisi: el dinero está ahí y alcanzaría para que todos.
A Parisi no se le puede entender como un líder. No tiene oratoria ni historia política (clásica); algo que destacan sus seguidores, por cierto. A su vez, subrayan que viene del mundo académico de la economía (como sinónimo de pureza vocacional y garantía en saber hacer dinero); que ha vivido en Estados Unidos (como sinónimo de éxito) y que, además, puede explicar en simple lo que generalmente es complejo (sinónimo de cierta humildad y sencillez). Parisi, por ello, encarna más bien un deseo. Es un síntoma. No se sabe bien de dónde viene su patrimonio, pero la evidencia es lo que importa porque allí está el materializado ese deseo.
Tal cual las apuestas deportivas y las criptoestafas, la oferta de Parisi tiene la velocidad de lo que genera la satisfacción del consumo. La idea es saltarse el largo proyecto de la modernidad que radica en invertir en educación a largo plazo para que, quizás en algún momento, alguna generación de la familia mejorará su vida. No, la oferta de Parisi se salta ese proyecto y quienes votan por él, también desean hacerlo.
Aldo Mascareño, en una entrevista en radio Pauta, señalaba que el votante de Parisi no tiene ideología. Nada más equívoco al respecto, a mi parecer. Es un grupo totalmente ideologizado. Su doctrina es el ahora y su templo se reviste de mall. Es el ejército que espera siempre el blackfriday o cybermonday para adquirir la oferta deseada. Todo su capital está invertido en el ahora y no en la espera. Por lo tanto, no es un grupo antisistema como se le ha querido analizar, son más bien el producto por excelencia de éste. Es el grupo que refleja el sistema en sí, en su sinceridad pornográfica. Es el hijo no reconocido de la ex Concertación y Chile Vamos. Es la persona que cuando se compra algo que ha deseado, se siente el héroe de su propia trama. Esa es su ideología.
Han tratado de decir que este grupo refleja a los indignados o quienes tienen rabia porque, de alguna manera, el sistema no funcionó con ellos. Y, al contrario, el sistema sí funciona con ellos, porque de alguna manera, este sistema fue pensado y ejecutado para concebirlos como meros sujetos de consumo. Lo más probable, es que la gran rabia sea más bien la amargura de ellos que también quieren comprar caro, así como otros lo han hecho bajo alguna trama sospechosa de corrupción. Es más factible que hagan una revolución si les cortan el internet o le cierran el mall a que si deben pagar por estudiar (aunque también lo harían por el hecho de tener que, otra vez, pagar y endeudarse). Quienes votaron por Parisi, de esta manera, tienen una idea clara y precisa de lo que quieren. Y Parisi los trata como sujeto político. Invertir y ganar. Votar y ganar. Sale Parisi y gano. Parisi explica en una pizarra cómo les han robado y cómo podrían ganar. Tal cual una app de criptomonedas o las múltiples páginas de apuestas deportivas.
Hay concepto emanado para comprender, posiblemente, a este grupo de personas, aunque obviamente con sus derivaciones: es el precariado (Standing). Una clase, como dice su autor, que vive y encarna la inestabilidad económica. Ésta es vivida emocionalmente con amargura (prefiero este término antes que la “rabia”) pues afecta tanto su calidad de vida como las expectativas que han construido por vivir en gobiernos democráticos. Buscan, como dice Standing, la “política del paraíso”. Esto es, el beneficio que busca tiene la impronta de lo que ofrecen las criptoestafas y las apuestas en línea: dinero ahora sin mediación. Viven al borde y buscan una salvación. Es posiblemente el grupo social hoy mayoritario en las ciudades y, de alguna manera, no tiene rumbo claro, solo quizás para el fin de semana que sabrá qué hacer: disfrutar algo de lo que pueda comprar o consumir.
Parisi es un síntoma. No se puede hacer un análisis sin tener claro que quienes le votaron son un sujeto político y que, de alguna manera, hay que tratarlos como tal. No es el líder, es su pueblo. Un pueblo que su ideología es más inmediata y quieren comprar (lo que sea) porque allí radica, de alguna manera, su sentido de bienestar.
Mario Millones Espinosa
Dr. en Sociología
