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Participación en paz. Por Claudio Faúndez Becerra

La primera vez que voté la disyuntiva era simple: Si o No. Afortunadamente, ganó la última opción. Más allá de los fetiches políticos a los que se echa mano con facilidad, referidos a la alegría y otras maravillas que nadie prometió, el proceso que permitió derrotar al dictador fue uno que estuvo atravesado por la idea -quijotesca, descabellada quizá- de llevarlo adelante apegados a la no violencia. Creo que la gran mayoría del país que ese día votó valientemente contra el tirano, tenía claro que el único camino posible era el pacífico, votando y apelando a la Democracia, esto es, confiamos en que la decisión popular tendría la suficiente fuerza para que el gobierno de Pinochet y sus secuaces de derecha se vieran obligados a aceptar el resultado.

Hoy cruzamos por una nueva disyuntiva. Elegir una Convención que nos proporcione un nuevo texto constitucional que nos represente a todos y todas. Y nuevamente esos secuaces del dictador aparecen amenazantes, pretendiendo, primero, rechazar la posibilidad de darnos una nueva Constitución y, luego, subiéndose al proceso presentando candidatos a la Convención que antes vociferaron calamidades para Chile si vencía el Apruebo. Afortunadamente, el 80% de los votantes le dio un portazo a sus pretensiones de evitar este importante proceso. Lo mismo pasó con los partidos, de derecha e izquierda: el 80% quiere una Convención sin la intervención de los partidos.

El próximo 10 y 11 de abril se realizará la elección de Constituyentes, junto a la elección municipal y la de gobernadores. La única forma de asegurar que el proceso no se transforme en una farsa de la derecha y de la izquierda partidarias, que mantenga todo igual, es concurrir a votar en paz y masivamente para, nuevamente, manifestar con contundencia el deseo de la ciudadanía: una nueva Constitución que construya un Estado que cobije a todos y todas. Si usted no vota, le entregará a los partidos, de izquierda y de derecha, la posibilidad de que confeccionen un traje a su medida, condenando a la mayoría a sufrir las consecuencias de la indiferencia de quienes, durante 30 años, gobernaron nuestro país mirándose el ombligo, indiferentes a las necesidades del pueblo. Vote, para que cambiemos Chile; vote, pacíficamente, demostrando civilidad. Vote, que no es sueño ni utopía, es Justicia.

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