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Patrimonio, memoria y sociedad civil organizada; La comunidad verdadera articulada en cuesta Lastarria, Araucanía. Por Marco Silva Cornejo

Transitan los días en la memoria del tiempo, la cuesta Lastarria enquistada con su lengua de asfalto en la frontera sur de nuestra Araucanía dolida se levanta y reorganiza de la mano de un concierto poliforme y diverso de organizaciones de la sociedad civil que resignifican el espacio territorial y cultural del invisible mar de Loncoche.

Desde hace más de un siglo el paño de transito representado por la cuesta Lastarria sirvió de ruta de vinculación para comunidades Mapuche y comerciantes locales. Posteriormente esta huella de antiguas carretas fue asfaltada por el Estado chileno posterior al terremoto de Valdivia de los años 60, de esta manera la cuesta se configura como un hito de conectividad fundamental de la antigua panamericana sur.

La llegada de la modernidad transicional y el desarrollo de las carreteras entregadas a intereses españoles hizo que esta histórica infraestructura vial quedara a disposición del abandono, el tiempo y la incansable consecuencia de la lluvia. Todo ello bajo el asecho incesante de las empresas forestales que fueron gobernando el paisaje de copihues y bosques nativos.

Sin embargo es la comunidad verdadera, la sociedad civil organizada, la que inicia desde hace más de diez años un proceso de reconquista y resignificación patrimonial del espacio, inundando de actividades diversas y utilizando la geografía ancestral para incorporar nuevas prácticas deportivas, comerciales y culturales en este espacio que hoy como organización funcional; Mesa Social Loncoche Aprueba y Avanza, estamos proponiendo al concejo de monumentos nacionales como patrimonio nacional histórico y cultural.

El proceso de resignificación y reconquista funcional y territorial ha sido impulsado por agrupaciones locales relevantes como los ciclistas de BIKEPARK Cuesta Lastarria o Monster Downhill Loncoche, en materia de deportes de agua sin duda los kayakistas agrupados en Kawenko y su lucha histórica por ríos libres, todas estas agrupaciones utilizan cotidianamente los espacios que anida la cuesta, de la mano con los y las emprendedoras locales de la venta del copihue y sus derivados comerciales como las mermeladas, licores y artesanías. Se suman a todos estos actores organizados, los legítimos habitantes históricos del territorio nuestras comunidades mapuche como Huemal Curin, Chenocahuin, Molul pidenco y JJVV de Rampehue.

La comunidad verdadera emerge y desborda las institucionalidades, la comunidad verdadera persiste en el tiempo y la memoria para retomar sus espacios de desarrollo vital, la comunidad verdadera se organiza a partir de sus patrimonios para impulsar nuevas formas de buen gobernar desde el territorio del copihue y el invisible mar de Loncoche.

Marco Silva Cornejo
Mg Ciencias Sociales Aplicadas UFRO-

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