En kioscos: Septiembre 2022
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Pedro, Juan y Diego. La imperiosa necesidad de reactivar la memoria del teatro en Chile. Por Daniela Wallffiguer Belmar

Tuvieron que pasar un par de días antes de escribir alguna nota que fuera valiosa para reconocer esta obra. Las emociones emanadas a partir de algunas escenas de esta reposición en marzo de 2022, me motivan a insistir en rescatar la labor del teatro chileno, en tiempos altamente convulsionados, especialmente de nuestros artistas que crearon y fueron parte de una sociedad chilena muy distinta, con sus aciertos y derrotas, antes del golpe de Estado.

Si bien esta obra es posterior, es decir después de seis años en plena dictadura, en 1976, David Benavente junto a ICTUS, un teatro independiente amado, odiado y vuelto a amar, crearon esta obra que hoy es reposición. No soy parte de una generación que logre entender de inmediato las vicisitudes de artistas que han entrado y salido de un colectivo único, el cual tiene un carácter propio, ya que se atrevía a dar obras, cuando entendían perfectamente que sus amigos y cercanos desaparecían con el correr de los años. Sin duda, ICTUS y la Sala de la Comedia, son reliquias consagradas del teatro que hicieron grandes aportes a la sociedad y que tienen su lugar en la posteridad. Prueba de ello fue los reconocimientos en el funeral de Nissim Sharim en noviembre de 2020.

Hubo muchas expresiones teatrales que fueron parte de la llamada Resistencia Cultural (1), cada uno con sus lenguajes y afinidades humanas que les permitieron decir a modo de denuncia, las atrocidades del régimen, pero además los artistas, protagonistas y testigos de una época, estaban desesperadamente intentando de manera artesanal, que el proyecto de sociedad chilena anterior al golpe, no desapareciera en la historia ante el negacionismo; la refundación de la sociedad de manera violenta, situaciones que no se entienden si comprendemos que se hizo a través de cómplices en sus aparatos educativos y comunicacionales, imponiendo un nuevo Chile, mientras un porcentaje no menor celebraba y apoyaba la masacre. Otros, quizás la mayoría, sólo optaron por el silencio eterno, comprendiendo el alto costo que podía tener hablar del pasado.

La obra dirigida por Jesús Urqueta, mantuvo de manera sutil y elegante, todo lo que la obra quiso manifestar en aquellos años sobre la precariedad laboral y la creación de trabajos absurdos, una situación que escasamente ha cambiado en Chile del siglo XXI. Este aspecto se encarna en los trabajadores Pedro, Juan y Diego, los cuales entienden en todo momento la inutilidad de su trabajo. En la obra se ve cómo tienen que aceptar las humillaciones de jefes de obras que no manejan el presupuesto, el diseño y un plan final. La escena de la interpretación del plano lo resume todo.

Para un público como yo y mis coetáneos, la obra hubiese sido sólo un material de comedia de situaciones entre obreros de la construcción, si es que no se toma en cuenta el contexto histórico y el impacto que tuvo la obra en 1976, la cual, en palabras de Cristián García Huidobro (2), actor que hacía de jefe de obras, me comenta que fue repuesta por casi cuatro años seguidos tras el éxito inmediato que tuvo. El lenguaje de ICTUS hizo que el público se transformara en cómplice, pero además que el régimen militar tampoco entendiera el mensaje subliminal que mantenía la obra en todo momento. Habiendo sido diseñada de otra manera, es difícil comprender que haya sido estrenada tantos años en plena dictadura.

Nissim Sharim, Jaime Vadell, Cristián García Huidobro, Rubén Sotoconil y Jose Manuel Salcedo. Fotografía acompaña artículo de María de la Luz Hurtado: «Memorias Teatrales. El Teatro de la Universidad Católica en su cincuentenario 1978-1993» En http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-69448.html

¿Por qué esta obra logra reponer dicho pasado instalándolo en el presente con éxito? En primer lugar, el ritmo de la puesta en escena y las formas de contar dicha historia, al parecer se mantuvieron fieles a cómo se hizo en aquellos años. La única forma de saber esto es leyendo prensa de la época, junto al trabajo de la investigadora María de la Luz Hurtado, de Carlos Ochsenius y Gisselle Munizaga, pertenecientes en aquél entonces al Centro de Indagación y Expresión Cultural y Artística, CENECA. Los investigadores, dejaron para la posteridad, registros de la mayoría de actividades artísticas que se daban en un contexto de dictadura y rescataron dichas expresiones que, en la actualidad, sólo se manejan en el ámbito académico o para los estudiosos del teatro. Otras son las razones del por qué la mayoría de la población chilena no sabe de estos temas, como tampoco son fáciles a la hora de investigarlos.

Las actuaciones de todos los actores de este nuevo elenco, Poblete, Gavilán, Zárate, Goic, Ossa y Rossi; fueron propuestas relevantes a la hora de situar este ejercicio de memoria como una obra que valía la pena ir arriesgarse a verla en aquellos años, y que hoy cobró fuerza tras el estallido social. El gran malestar expresado en las movilizaciones del 2019 es un hecho que nos impacta día a día y nos abre la angustiosa posibilidad real de volver a vivir nuevos años de precariedad y violencia, producto de que un grupo minoritario de la población, impide los cambios en favor de las grandes mayorías.

Emotivo hasta las lágrimas fue la imagen de los actores que se colocaron las máscaras de Jaime Vadell, Manuel Salcedo, Nissim Sharim y Delfina Guzmán, en tono blanco y negro recordando una juventud comprometida; el personaje muda interpretada por Francisca Gavilán se mantuvo fiel a la propuesta de aquellos años de Delfina Guzmán, quizás habló con ella antes de dar vida nuevamente al personaje, ya que la propuesta es muy propio de Delfina, actriz que me comentó que descubrió su cuerpo gracias a que conoció y estudió en Francia nada menos con Marcel Marceau (3).

Yo no había nacido en 1976, sin embargo, comprendo perfectamente el miedo de aquellos años que envolvían a la obra, porque el miedo y la precariedad se alargaron 17 años más, dónde yo ya vivía con muchos signos de interrogación, como, por ejemplo, por qué la televisión chilena estaba prendida todo el día con programación de monitos animados, y telenovelas en exceso, sumado a don Francisco los días sábados por más de seis horas. Todo lo que yo pensaba, lo dijo claramente Diamela Eltit (4). Los días en dictadura eran una situación muy extraña, habían más silencios que explicaciones y la obra tenía mucho de silencios, situaciones de precariedad y miedo: a perder el trabajo, al compañero de trabajo o de vida hasta que te deja muda.

Un sonido de helicóptero de vez en cuando suena en algunos silencios de la obra. El personaje mujer muda, hace una escena cuando no hay nadie en el escenario. Se recuesta entre medio de la faena de la construcción en un espacio muy íntimo a escuchar con un amor nostálgico, una cajita musical muy pequeña que, si uno le pone mucha atención, es la canción del Cigarrito de Víctor Jara. No es casualidad tampoco que, durante el estallido, canciones Víctor Jara le hayan dado una cohesión a lo que estábamos viviendo los chilenos en octubre de 2019.

En fin, la obra es para todo público, si nuestras generaciones están ávidas de entender dicho pasado y no desean quedarse en las consignas, hay que profundizar, preguntarles a los protagonistas y testigos, al menos tres de ellos están vivos y difundir lo que hicieron por nuestro país. Internet es una herramienta poderosa si está bien utilizada, ya que ha dejado algunos documentos fáciles de descargar y, por último, cada ser humano tiene la capacidad de cuestionar y decidir qué situaciones fueron o no las correctas y por qué tuvimos que pasar por un tránsito doloroso que a modo personal no ha sido del todo sanado y que responde en parte, el gran malestar que la sociedad chilena vive sin tener una solución aparente.

(1) Algunas de ellas, Teatro el Riel, Teatro Q, Grupo ACU, Taller 666, entre otros.
(2) Entrevista telefónica. Marzo 2022.
(3) Entrevista telefónica. Enero de 2022. También hay cápsulas del ICTUS. Es notable la actuación de Guzmán en Candelaria, una obra que habla de dos mujeres, una pordiosera y una acomodada, que tienen mucho en común. En www.ictus.cl
(4) Vidaurrázaga, Ignacio. Martes Once. La Primera Resistencia. Ediciones LOM. Año 2013. Página 195.

Daniela Wallffiguer Belmar
Es estudiante del Doctorado en Historia de la Universidad de Concepción. Autora del Libro El Teatro Comprometido. Su contribución al movimiento popular chileno 1963-1973. Ediciones Escaparate. Año 2021. Correo. danielawbelmar@gmail.com

Compartir este artículo