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¡Peligro: no seguir virando a la derecha! Por Luis Nitrihual Valdebenito

Hay que partir de la consideración de que este gobierno ya se acabó, pero no ahora, hace casi dos años. Lo que vemos hoy son puros gestos de impotencia. Este gobierno ha sido un rotundo fracaso por donde se lo mire. Para colmo de males le ha tocado administrar dos situaciones que no son de su entera responsabilidad: el estallido social, que se venía gestando desde hacía décadas, y la pandemia, que ha llevado al mundo hasta un extremo del cual saldrán sólo dos cosas: más pobreza para los pobres y más riqueza para los millonarios. Donde el pobre vive su miseria, el rico ve oportunidades. Hay evidencia histórica que muestra como en toda crisis la riqueza se concentra aún más. No resultaría nada extraño que la cúpula empresarial que dirige este país termine siendo más rica luego de este interregno en el servicio público.

Los dos gobiernos de derecha que hemos tenido en los últimos 30 años han sido nefastos. Su problema radica en que se encuentran incapacitados para tomar decisiones políticas para las mayorías. Son presa de los intereses de clase que los amarran y no los dejan ejercer la función pública. La clase política, al transformarse en defensora de intereses propios, desvirtúa la función pública, empobreciéndola y quitándole la ritualidad que entrega al poder un halo de misterio y de rigor.

En materia económica, la promesa de crecimiento como garantía de desarrollo social es de una fragilidad enorme. Cierto es que sin empleo no hay bienestar, pero el empleo precario es también garantía de miseria y descontento futuro. La llamada flexibilidad económica que pregona la derecha ha mostrado su lado más amargo durante las dos sucesivas crisis. La ideología del emprendimiento es la cuna de la precariedad más cruda. Esta ideología no es igual a innovación con apoyo del Estado y de los privados, como en otras culturas empresariales, sino del “sé tu propio jefe y sálvate solo” pues todo depende de tu esfuerzo. Un Estado empequeñecido en redes de colaboración, pero grande en burocracia política, es ineficiente a la hora de llegar con ayuda y apoyo a quienes deciden emprender. El cobre hoy se encuentra con un precio por las nubes, pero déjeme decirle que eso quedará en manos de privados, nuestra ganancia social será mínima. Me pregunto –como en un bolero – que pasará cuando el cobre nos falte. El ex ministro Briones, por su parte, ya está en otra, se cree jovencito de la película. Un John Wayne a la chilena. Sucumbirá como prototipo de candidato.

Qué decir en materia de orden público. Llegaron con el mote de terminar con la delincuencia y se van con números preocupantes en esta materia. Impotencia y violencia es el reguero que queda tras cada actuación de la policía. Revelaron lo que ya muchos sabíamos, la carencia de profesionalidad de las policías, su cariz dictatorial. Su modus operandi se encuentra lleno de vicios: prácticas de tortura, corrupción, actos de montaje, actuaciones con sesgo de clase. En síntesis, durante este gobierno se murió, cuando menos Carabineros. Urge crear una nueva policía, incluso con otro nombre pues ya sabemos que los nombres signan las instituciones y las cosas. Lo preocupante en esta materia es que en lo que queda de gobierno tratarán de imponer sus condiciones filo legales. Aprovechar el Estado de Excepción para tapar sus incapacidades. Es de esperar que la centro izquierda institucional tenga, al menos, decencia en esta materia y no se preste para este juego de apariencias. La Araucanía lleva décadas en una suerte de excepción de baja intensidad y nada de esto ha tenido resultados. Rápidamente quedan al descubierto detenciones sin pruebas, montajes y todo tipo de tropelías. En materia de narcotráfico, necesitan darse una vuelta por las poblaciones para saber dónde verdaderamente se sufre este flagelo. Nada ha mejorado en este ámbito. Uno tiene el legítimo derecho a preguntarse cómo, con todo el equipo desplegado en casos de alta connotación pública, no son capaces de atrapar a quien todos los días llaman terroristas. Algo huele mal en todo esto. Creo que hay grupos paramilitares de ultraderecha operando en la zona cuya finalidad es apurar una nueva “Pacificación de La Araucanía” Pero supongamos que fuera posible una nueva arremetida militar, ¿qué hace pensar que con este tipo de policías y militares tendría éxito? El gobierno debe dejar las pantomimas y trazar un plan de conversaciones con todos los actores, sin exclusión. Esta es la forma en la cual la política avanza.

El gobierno de los mejores se transformó, en casi cuatro años, en el gobierno de los peores. ¡Menos mal que este era un gobierno de centro derecha! ¿Qué pasará cuando este país lo gobierne la derecha más retrógrada? Lo mismo que en Brasil y Estados Unidos, será un completo fracaso.

Temuco, febrero de 2020

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