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“Plaza de la Dignidad”: Crónica desde la barricada literaria. Por Rony Núñez

A Liliana Isabel

1.- Bolaño y Lemebel: Relecturas desde una barricada

“A mí no me perdonan que tenga boca, Robert, me dice Lemebel al otro lado de la línea telefónica. Santiago resplandece con la iluminación nocturna. Parece la última gran ciudad del Hemisferio Sur. Los coches pasan bajo mi balcón y Pinochet está preso en Londres. ¿Cuántos años hace desde el último toque de queda? ¿Cuántos años faltan para el próximo?” (“El pasillo sin salida aparente”, “A la Intemperie”, Bolaño Roberto, Editorial Alfaguara, enero 2019).

Una vez más la lectura de Roberto Bolaño me encuentra, esta vez, en una vieja librería de un chileno exiliado en lo que alguna vez fue Leningrado (hoy nuevamente San Petersburgo), como reza la letra de la canción de Joaquín Sabina. Me sorprende la relectura de un escritor telúrico que conversa con otro escritor (también telúrico) como Pedro Lemebel. Ambos al igual que el digno pueblo de Chile, que tiene a un gobierno literalmente de rodillas, se adelantaron a sus tiempos, a la elite, al sistema. Ellos (Bolaño y Lemebel) supieron remecer antes que muchos el conformismo de una elite literaria aburguesada, satisfecha de los “privilegios y estatus” otorgados por el establishment, a cambio de su silencio cómplice de un modelo que hoy vive sus últimas horas. Me imagino a Pedro y Roberto en la primera línea, cuidando a los cabros que, exponiendo literalmente sus vidas de las fuerzas de represión de la policía chilena (literalmente un colectivo sumido en el paroxismo, completamente interdictos, y responsable de las más graves y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos, en esta “democracia”, que nuevamente nos damos cuenta, para terror de la elite concertacionista, que estaba más tutelada de lo que nos habían vendido). Imagino a Pedro colaborando con los heroicos voluntarios paramédicos, cuidando a los heridos, a sus “alitas cortadas”, a jóvenes con ojos mutilados, a compañeros, compañeras y compañeres con heridas de perdigones).

2.- “Y Leningrado es otra vez San Petersburgo”

Salimos de la librería del compañero Tito, junto a mi pareja, Liliana rumbo al hotel. Son nuestras últimas horas en Leningrado (hoy San Petersburgo). Nos sorprendió una invitación de un grupo de compañeros y compañeras chilenas, que organizaron un evento con intelectuales y escritores. Cuando llega la carta a mi casa, la extrañeza fue mayúscula. Luego de telefonear y comprobar su veracidad, preparamos una valija liviana que un par de días después nos llevaría a pasear por las calles de un Moscú, que se nos aparece como un escenario surrealista. Una de construcción cinematográfica de una ciudad mítica. De una ciudad que, al igual que el Petrogrado de 1917, marcaría para siempre la historia contemporánea de la humanidad.

Volviendo a buscar las maletas al hotel (“una suite que parecía un cuarto de hospital sin inodoro”), con Liliana en el taxi camino al aeropuerto que nos llevaría después de un largo periplo de retorno a Santiago de Chile, a la Plaza de la Dignidad, al epicentro donde Inti Illimani unos pocos días después daría un concierto ante miles de miles de personas. Donde quizás el himno más universal en la historia de los movimientos sociales y políticos del planeta, “El Pueblo Unido”, volvería a ser coreado por las gargantas de aquellos que hicieron y han hecho posible que el cerco se corriera, y que tiene a Chile, el niño símbolo del sistema neoliberal del continente, ad portas de un proceso constituyente inédito, donde jamás nosotros, los simples ciudadanos de pie, nos percatamos que jamás tuvimos más poder que hoy. Donde somos nosotros, nosotras y nosotres, los que imponemos las reglas del juego a una elite que, con tal de salvar el corazón del sistema (en el caso de Chile las AFP, que no es otra cosa de la fuente de financiamiento del mercado de capitales a costa de pensiones de miseria), han estado dispuesta, primero a reprimir indiscriminadamente a cientos de inocentes que, en forma elocuente y mayoritaria salieron a colmar las grandes alamedas de forma totalmente pacífica. Luego a negociar con la elite con representación parlamentaria, donde el gran derrotado es la derecha pinochetista que, para gran fortuna y suerte de un país ávido de justicia social, ha perdido sus últimos bolsones de poder.

Liliana, fotógrafa y documentalista, antes de embarcarnos en nuestro vuelo, entrevista a una dirigente feminista. La expectación por lo que ocurre en Chile es enorme. “El nuevo Chile será feminista o no será”, repite emocionada la compañera. En sus ojos, iguales a los de su padre (chileno exiliado que vivió como muchos torturas inimaginables en dictadura), se llenan las lágrimas de esperanza. Nos abrazamos prometiendo volver, si es que se da una nueva posibilidad. Me despido de mi amigo Serguei Malinkovic que fue nuestro excelente anfitrión en esta breve e intensa visita. Abandonamos Rusia camino a una nueva Sudamérica. Antes de llegar a Santiago, Buenos Aires nos espera.

3.- Buenos Aires versión Ricardo Piglia: el lenguaje como terreno en disputa entre la literatura y el poder

Roberto Bolaño en su ya célebre texto “Derivas de la Pesada” (donde aborda, a lo Bolaño, su visión panorámica de la literatura Argentina. Como quien arroja una piedra y luego da las buenas tardes, muy en el estilo Bolaño por cierto), abre la conferencia en cuestión con una frase desde la trinchera: “Es curioso que fueran unos escritores burgueses los que elevaron el Martín Fierro, de Hernández, al centro del canon literario argentino. En dicho texto (“Boloñesco” hasta la médula) cuando llega a un autor para mí capital y referente, como es Ricardo Piglia, sostiene: “Pero no se acabó todo (Bolaño se refiere a la muerte del escritor argentino Roberto Arlt) porque, al igual que Jesucristo, Arlt tuvo a su San Pablo. El San Pablo de Arlt, el fundador de su iglesia, es Ricardo Piglia. A menudo me pregunto: ¿qué hubiera pasado si Piglia, en vez de enamorarse de Arlt, se hubiera enamorado de Gombrowicz? ¿Por qué Piglia no se enamoró de Gombrowicz y sí de Arlt? ¿Por qué Piglia no se dedicó a publicitar la nueva gombrowicziana o no se especializó en Juan Emar, ese escritor chileno similar al monumento al soldado desconocido?”. Con esta introducción desde la barricada de la literatura, donde Bolaño, Lemebel o Arlt en su tiempo asumen en su obra y proceder el innegable rol que a los artistas e intelectuales les cabe, en procesos como los que está viviendo Chile, aterrizamos en Buenos Aires. Como no podía ser de otra forma, nos dirijimos a calle Santa Fe. El primer objetivo era obtener la “Antología Personal” de Ricardo Piglia (Fondo de Cultura Económica, 2014).

En dicho libro realmente extraordinario, donde se condensa buena parte del hilo conductor de la reflexión de Piglia, se destaca un texto en particular: “Una propuesta para el próximo milenio”. En aquel se vierte la lucidez del escritor e intelectual que habla claramente y asume una postura crítica al modelo neoliberal capitalista, que es por lo demás, el rol innegable y por antonomasia, salvo que seas servil a los intereses económicos de la elite empresarial (de vergonzosos ejemplos como aquellos en Chile abundan, dos de ellos incluso fueron ministros del gobierno de Piñera en este período: Rojas y Ampuero).

Vuelvo a Piglia y su contundente diagnóstico: “Los economistas buscan controlar tanto la circulación de las palabras como el flujo del dinero. Habría que estudiar la relación entre los trascendidos, las medias palabras, las filtraciones, los desmentidos, las versiones por un lado y las fluctuaciones de los valores en el mercado y en la bolsa por el otro. Hay una relación muy fuerte entre el lenguaje y economía. En ese contexto escribimos y, por lo tanto, lo que hace la literatura (en realidad lo que ha hecho siempre) es descontextualizar, borrar la presencia persistente de ese presente y construir una contrarrealidad. Cada vez más los mejores libros actuales (los libros de Juan Bennett, de Rosa Chacel, de Clarice Lispector o de Juan Gelman) parecen escritos en una lengua privada. Paradójicamente la lengua privada de la literatura es el rastro más vivo del lenguaje social”.

“Quiero decir que la literatura está siempre fuera de contexto y siempre es inactual; dice lo que no es, lo que ha sido borrado; trabaja con lo que está por venir. Funciona como el reverso puro de la lógica de la Realpolitik . La intervención política de un escritor se define antes que nada en la confrontación con estos usos oficiales del lenguaje”.

“Los escritores han llamado siempre la atención sobre las relaciones entre las palabras y el control social. En su explosivo ensayo “Politics and the English Language” de 1947 George Orwell analizaba la presencia de la política en las formas de la comunicación verbal: se había impuesto la lengua instrumental de los funcionarios policiales y de los tecnócratas, el lenguaje se había convertido en un territorio ocupado. Los que resisten hablan entre sí en una lengua perdida. En el trabajo de Orwell, se ven condensadas muchas de las operaciones que definen hoy el universo del poder. Pasolini por su lado ha percibido de un modo extraordinario este problema en sus análisis de los efectos del neocapitalismo en la lengua italiana. Juan Goytisolo ha escrito palabras luminosas sobre las traducciones lingüísticas que se entreveran y persisten en medio de las ciudades perdidas. No me parecen nada raro entonces que el mayor crítico de la política actual (uno de los pocos intelectuales realmente críticos en la política actual) sea Chomsky: un lingüista es por supuesto el que mejor percibe el escenario verbal de la tergiversación , la inversión, el cambio de sentido, la manipulación y la construcción de la realidad que definen el mundo moderno”.

“Tal vez los estudios literarios, la práctica discreta y casi invisible de la enseñanza de la lengua y de la lectura de textos pueda servir de alternativa y de espacio de confrontación en medio de esta selva oscura. Un claro en el bosque”. (Cit páginas 125 y 126).

4.- A la sombra de Gombrowicz y tarareando a Sabina Arribamos a Buenos Aires un día después de que el compañero Alberto Fernández asumiera el poder como Presidente de la Nación. Atrás habían quedado el desastre del experimento neoliberal de Mauricio Macri y su estela de pobreza e inflación.

Después de anotarnos en un pequeño hotel en calle Corrientes, fuimos a la búsqueda de la confitería Rex. Aquella que, nuevamente en palabras de Piglia al referirse a los duros primeros años del gran escritor polaco (quien llega casi por azar a la Argentina en 1939) escribe: “Su centro de operaciones (el de Gombrowicz) es la confitería Rex, en lo alto de un cine, en la calle Corrientes, donde juega al ajedrez y va ganando un grupo de iniciados y de adeptos, entre ellos al poeta Carlos Mastronardi y al gran Virgilio Piñera.”

Luego de un merecido descanso y un excelente café, nos unimos a una marcha donde argentinos y chilenos protestaban contra las violaciones a los Derechos Humanos que, espantados, transmitían en todos los noticieros en Buenos Aires. Ya se hablaba de la dictadura de Sebastían Piñera (afirmación que, por cierto, suscribo en un cien por ciento). Luego de encontrarnos con unos amigos piqueteros y antes de hacer la primera parada en algún bar en San Telmo, quisimos pasar a la librería Fray Mocho, o lo que hoy hubiera en aquel lugar. Precisamente una pequeña librería ubicada en la calle Sarmiento, casi al llegar a Callao, que Gombrowicz hiciera célebre cuando presenta su obra Ferdydurke traducida al castellano. Como era de esperarse, no la hayamos. En su lugar una tienda de discos ocupaba el lugar de la otrora librería. Lo notable de la tienda de discos, sin duda una estoica sobreviviente al paso del tiempo, era una notable colección de vinilos. Con Liliana, luego de deliberar un buen rato sobre cuáles llevábamos, zanjamos salomónicamente que cada uno llevaría un par. En mi caso Miles Davis y Chet Baker se fueron bajo mi brazo. Liliana descubre un par de joyitas de Joaquín Sabina: La primera el álbum “Lo niego todo” lanzado el año 2017, cuyo tema, Leningrado, nos ha acompañado desde Rusia hasta Argentina. Además del álbum “Mentiras Piadosas” (1990), cuyo tema “Con la frente marchita” (canción de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina), fuimos tarareando camino a la noche porteña:

“Sentados en corro merendábamos, besos y porros
Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita cantaba
Gardel
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud,
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy”.

Luego de tomarla por la cintura, antes de cruzar en la esquina, tomé a Liliana por la cintura, como dice la canción “te empecé a desabrochar la gabardina”, le susurré aquella parte favorita de mi compañera del tema que seguíamos tarareando tomados de la mano:

“Aquellas banderas de la patria de la primavera
A decirme que existe el olvido esta noche han venido
Ten sentaba tan bien esa boina calada al estilo del
Che
Buenos Aires es como me contabas, hoy fui a pasear
Y al llegar y me puse a gritar ¿dónde estás?”

5.- Retorno a Chile: “Big Bang: Estallido Social 2019”.

“El héroe de esta historia no existe. Hay algo que estalló y algo que se derrumbó. Ambas cosas son la misma cosa. Y cuando ocurrió, todo se llenó de asombro, como si un dios hubiese dictado sus leyes, como si un apocalipsis hubiese sido convocado. Es el big bang, caos y creación a la vez. El protagonista se llama Escombro, el protagonista se llama Fuego, el Dios exige Humildad, el Dios exige Rendición. Todos los nombres propios desfilan entre los derrotados. Dante los observa, círculo por cír¬culo, reseñando sus pecados. Usted los puede ver. Le dicen que saben descifrar el mensaje, gimen pidiendo clemencia, esperan que el fin del mundo tenga la gentileza de no aniquilar sus privilegios. Esto es por el lado de la derrota. Pero por el lado de la victoria no hay nombre alguno, por el lado de la victoria el autor es desconocido, el autor es silente, el autor es anónimo, el autor somos todos, el autor no es nadie. Y es que por el lado de la victoria solo pasó Abadón con la llave del abismo”.

El párrafo antes citado, que por cierto estremece, es el comienzo del enorme y recién publicado libro del gran académico Alberto Mayol que lleva por título “Big Bang: Estallido Social 2019”, (publicado por Editorial Catalonia y presentado el pasado jueves 19 de diciembre). Con él irrumpe en la escena con la pertinencia que sólo logran quienes tiene claridad entre la confusión y contradicciones de una crisis sistémica como ésta. Y Alberto sin duda alguna se encuentra en este reducidísimo grupo, a pesar de la ignorancia tecnocrática de economistas anodinos que quisieron vendernos el sistema chileno como el “fin de la historia”.

De esta forma, Mayol (a mi juicio el gran intelectual orgánico sin orgánica que tiene la izquierda chilena), embiste nuevamente, pero esta vez, superando la elaboración teórica o apostando por un marco conceptual coherente. Mayol habla desde el púlpito que le vale, el haber anunciado desde el 2011, que al modelo neoliberal capitalista le quedaban los años contados. Que desde la sociología y otras disciplinas de las ciencias sociales, ya se advertían sólidas evidencias empíricas de un modelo como el chileno en franco declive, iba finalmente a fracasar.

Por eso, para quienes hemos leído con interés y entusiasmo sus textos, este nuevo libro, cual bomba racimo en un país impregnado a lacrimógena y represión, aporta nuevamente un renovado marco conceptual para encarar un año 2020 de cara a la consolidación y articulación de un movimiento social en clave constituyente.

“Todos somos cómplices del orden social. Solo los gravemente posterga¬dos, o personas muy radicalizadas, desean y no temen una caída de las rutinas y de las estructuras en las que habitamos. Nunca olvide esto para comprender procesos donde millones de personas están dispuestas a tensionar de diversas maneras el orden social. No se equivoque, no pue¬den hacerlo cuatro fanáticos, ni siquiera diez mil. El orden social es algo muy poderoso, estable, una especie de dios silente que gobierna nuestros días. Si millones de personas están dispuestas a botar por la ventana ese orden, asumiendo los imprecisos y enormes costos que tendrá (porque los tendrá), hay algo poderoso detrás de ello. No lo olvide. No siga bus¬cando al culpable policial para explicar los hechos. No hay conspiración que valga para comprender ciertos acontecimientos cuya magnitud es su principal rasgo. Cuando la historia habla con voz rotunda, no presione a su mente para buscar la explicación en una célula terrorista, en un ataque internacional, en la organización malévola y destructiva de un partido político radicalizado”.

“Todos somos cómplices del orden social. Y si en veinticuatro ho¬ras cae dicho orden, es bueno que usted se notifique de algo: eso no es normal, eso es grave y eso es grande. Y podemos ir más lejos. No busque un culpable, porque no hay un culpable. Porque solo el orden social pue¬de hacer colapsar el orden social. Una célula terrorista no mata a Dios. Solo hace caer una iglesia. En esto la confusión es mala consejera”. (cit página 19).

Luego con elegancia y poética en su discurso asevera: “Como se ha señalado, la crisis ya es visible en 2011. Pero Aristó¬teles, en su teoría sobre la tragedia griega, decía que una cosa es la “cri¬sis”, cuando los hechos revelan una contradicción que se ha encarnado, y otra cosa es el “reconocimiento”, esto es, cuando los personajes pueden comprender que efectivamente la crisis ha ocurrido. 2011 es la crisis, 2019 es el reconocimiento”.

“La comprensión conceptual de los hechos acontecidos en Chile es muy relevante para el mundo. Chile ha sido el experimento más radical del neoliberalismo y la más osada sociedad de consumo. Su derrumbe parece ser el prólogo de los efectos derivados de los desequilibrios nor¬mativos, políticos, sociales y culturales que el modelo neoliberal produce”. (Página 22).

A continuación sintetiza en un párrafo, cual autopsia de un modelo en la UTI: “El modelo había nacido con un Estado policial procurando una economía de mercado. El modelo moría con una economía de mercado pidiendo un Estado policial”.

“De todo lo derrumbado solo queda una enorme cuenta que pagar, una cuenta por todo el pasado y por todo el presente. Esa enorme cuenta es la suma de todos los ahorros responsables, de todas las privaciones, de todas las heridas. Esa cuenta es la desconfianza de todas las promesas rotas. Esa cuenta no la pagará Chicago y su Facultad de Economía, no la pagará el Fondo Monetario Internacional. Esa cuenta la comenzamos a pagar, desde el primer día, los chilenos”. (Página 29).

Es precisamente ese estado policial garante del modelo el que, al final, a pesar de las más graves violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos, justificados por un Presidente en franco estado de interdicción, y ya vestido con ropajes de dictadorzuelo. El que ha propinado la estocada final a una visión hegemónica de la realidad hasta antes del estallido de esta crisis y que es el objeto del libro de Mayol. Todas las dictaduras en sus últimos y agónicos días, echan mano y abusan del uso excesivo de la fuerza, bajo un discurso, a estas alturas, totalmente vaciado de contenido y coherencia alguna, que dice relación con la “mantención del orden público”. Dicha forma de hacer política desde el estado subsidiario que impuso a sangre y fuego la dictadura, en la aún vigente Constitución de 1980, más temprano que tarde, sucumbirá por su propio peso ante una sociedad movilizada, que ya no cree y confía de ninguna medida o política pública de un gobierno, como éste, que intenta desesperadamente terminar su período y cuya aprobación ciudadana informada por sus propias encuestas no supera el 13%.

6.- Retorno a la Plaza de la Dignidad: Mauricio Fredes Presente!!! Con estas reflexiones y el libro de Alberto (a estas alturas bibliografía obligatoria), vuelvo a la Plaza de la Dignidad. El luto una vez más como la noche que cae en una nueva jornada de represión. Mauricio Fredes, un nuevo mártir, fallece a manos de fuerzas especiales de Carabineros. La causa oficial de su fallecimiento comunicada por el Servicio Médico Legal: “Asfixia por sumersión”. El compañero, mientras huía del criminal accionar de agentes del estado, cae en “un agujero de aproximadamente dos metros de profundidad, que tenía agua y cables energizados”, según consigna The Clinic, en publicación de ayer 30 de diciembre de 2019, mientras agoniza el año.

Me uno al silencio conmovedor de miles de personas atónitas que ven cómo su cuerpo inerte es sacado entre lágrimas y aplausos.

Santiago de Chile es un campo de batalla, donde se juega la esperanza versus la fuerza bruta de aquellos que, aun cuando se saben vencidos, aún se animan bajo un supuesto manto de impunidad que a la larga no será tal, a repartir bastonazos, gasear, quemar un centro emblemático de la cultura como es el Cine Arte Alameda. Jornada tras jornada la Plaza de la Dignidad se transforma en el epicentro simbólico de un pueblo que, esperanzado, sueña con un Chile diferente. En medio de aquella otrora utopía, hoy realidad señera, soy testigo presencial de esta nueva tragedia. En ese instante, recuerdo y recito de memoria aquellos versos de Raúl Zurita y enciendo una vela antes que el guanaco la apague:

“Como un montón de escombros se vio entonces el
país roto
Desmoronado sobre el imaginario océano sobre
las resecas marejadas sobre los últimos estrechos
que se hundían chupándose
Mostrando primero las ilusorias playas como si no
fuera más que un raro sueño el recuerdo de las
rompientes barriéndolas y ya no quedasen sino
restos del último verano y encima otro mar y
encima de ese mar la cara de papá mirando los
despedazados escombros del país roto largo
imaginario flotante hundiéndose en el horizonte”. (In Memoriam como un
país roto)

Buenos Aires 31 de diciembre de 2019.

Rony Núñez Mesquida

Escritor, autor de “Testigo Presencial” (Crann Editores, 2018)

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