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Plaza Dignidad. Por Nicolás Gómez Núñez

En estos días de alzamiento popular el teléfono móvil ha sido una herramienta de expresión del vínculo entre los manifestantes, ha cumplido transmitiendo la información, ha favorecido la coordinación y ha develado las transgresiones a los derechos humanos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. En ese ámbito los acontecimientos continúan, desde mediados de la década del setenta del siglo pasado que una Comisión Interamericana de Derechos Humanos no llegaba a Chile, estas personas revisarán los dolorosos hechos que dejaron y aún continúan dejando marcas en los ojos de los soñadores de la república del mañana y en las vidas borradas que abrieron las alamedas.

Desde un punto de vista práctico, el teléfono móvil ha brindado protección porque las numerosas personas que lo operan saben que sus mensajes llegarán a destino. Esos mensajes tranquilizan cuando se corre por las calles y pasajes, así como cuando esa mujer arroja agua con bicarbonato en la cara en medio de la nube lacrimógena o se asemeja al sentido de seguridad que entrega el muchacho a torso desnudo agitando sus banderas y bailando con el pasacalles que dona armonías. Ese universo de experiencias se proyectan al mundo digital que abre el teléfono móvil, y expone los sentimientos de los indiferentes hilvanándolos a las emociones de los y las que gritan y aplauden la dignidad en la plaza.

Entre algarabías, caminata, pedaleo, radio Dignidad, murales, picazón y saltos, la respuesta a la pregunta de Honett (1999) tiene respuesta a mano, a multitud de manos. Entonces, “¿cuál es la fuente de dónde deberían venir esos valores comunes para comenzar el intercambio entre los lazos comunitarios y la participación?”, desde la amistad que es trinchera para la resistencia y poesía para el futuro colectivo, la misma amistad que favores la democracia directa y pone en cuestión la representativa, la misma que realiza la comunión de propósitos y anima a revisar el contrato económico que devino democracia neoliberal, factor cuya fuerza creativa entorpece, ataja, sabotea y cierra la secularización promotora del hedonismo utilitario. La misma amistad que opera un Nosotros que prescinde de la consanguinidad, extiende el vecindario más allá del horizonte y despliega la familiaridad incluso con el desconocido. Es este factor el que instituye un mundo significativo que ya es rememorado como acto trascendente. Aquí se construyen las fuentes de los valores comunes.

Esa amistad excede la situación individual dentro de la esfera cerrada de los significados de la realidad eminente, por lo que la amistad logra una calidad extra cotidiana. Por lo tanto, en la amistad la distancia espacial no tiene relevancia porque confiere intimidad a los involucrados hasta que se sienten familiarizados. Esta familiaridad supone que se comparten recuerdos sobre las experiencias o, al menos, cada cual puede identificar y asignar una interpretación que haga significativa las experiencias (Draher, 2012). Esa amistad inaugura otro tiempo que relaciona al individuo con una ética que emerge colectivamente, y que va dando orientaciones particulares según las posibilidades materiales de la existencia de cada cual; si Eliade (1981) caminara Plaza Dignidad, argumentaría que es una hierofanía laica, portal de paso, fractura en el tiempo profano indolente, despersonalizado y rutinario. Esa hierofanía humaniza la totalidad histórica-social.

Una parte de esa hierofanía es habitada por una comunidad manifestándose en la Plaza Dignidad, entre las calles Alameda y Vicuña Mackenna; y la otra parte de la realidad de esa comunidad es digital, hierofanía que es descargada y seguida más allá de las fronteras tangibles, como si la soberanía del constituyente fuera sometida a evaluación en otros lugares que despiertan similares criterios de visión del mundo. Algo de eso se ha hecho sentir desde: Estocolmo, Bruselas, Buenos Aires, Belén de Ceará, Bogotá, Quito, New York o Toronto. El soberano sabe que escribe su historia a nivel local y que participa en la narración de las historias globales.

Esa dimensión digital permite que la Plaza Dignidad esté en las conversaciones durante la caminata por fairway en el campo de golf que saca, vista al mar, el estrés de ver a tanta gente empoderada, o en las tertulias del camarín después del partido de tenis. Es verdad, los contenidos de esos diálogos pasaron desde la confiada euforia del paraíso en “medio de esta América Latina convulsionada”, a la indiferencia que se derrumbó cuando un socio advirtió: “allá está marchando 1 millón 200 personas”. Ahí se dijo: “gente loca resentida de siempre”; “violentistas” agregó el que aspira a ser confundido como un actor de cine en Borde Río en Vitacura; el de cara sería propuso como alternativa amenazantemente: “tenemos que contratar extranjeros educados y agradecidos”, a continuación abrió el pastillero y mano en boca ingirió la misma dosis desde su primer infarto cardiaco; el recién salido de la universidad y que ágil se conduce entre puestos ejecutivos legados a su familia o “datiados” por un compañero del colegio, volvió a pintar la tradicional caricatura: “son una manga de flojos y quieren todo gratis, no saben de méritos”; “tendremos que perder nuestros privilegios”, remató el bajo y de edad silenciando a la concurrencia asentada en un rincón. ¡Bienvenidos a Plaza Dignidad!, se puede leer en los subtítulos de esa escena escrita en otro idioma, en el idioma de un mundo que ahora tiene que explicar porqué debe ganar quince veces y más que la gran cantidad de trabajadores, porqué no quiere cambiar la constitución de la república, porqué la política no la puede hacer “un cualquiera”. Volviendo, ¿cómo describir esa comunidad que habita Plaza Dignidad en días de alzamiento popular? Desde luego es un estar-siendo-nosotros que alcanza valor por la felicidad de saber que lo que se decía en el mudo privado fue y es una oración de las asambleas autoconvocadas; esa felicidad adquiere su propia vida al independizarse de las expresiones materiales, diría Simmel (2002), y si bien tiene una razón instrumental porque el constituyente está ahí para realizar propósitos que maduran treinta y más años, goza de abrazos, gritos y vítores que agotan ese fin y la comunidad amistosa logra un valor en sí misma.

Desde el inicio del alzamiento popular ese estar-siendo es experimentado en los documentos audiovisuales digitales que se exhiben como sagas, así suceden una y otra vez como reproducciones simbólicas de la amistad, y sus contenidos y estéticas participan guiando las conversaciones en el comedor de los trabajadores, subrayan valores en los cabildos autoconvocados y dibujan sueños de varias repúblicas posibles. Advertimos entonces que estas experiencias de sociabilidad lúdica juegan un papel esencial en la orientación de la autorregulación de las personas, y al girar en torno a la idea de la amistad, esta categoría ahora dominante se convierte en una fuerza productiva porque acoge la vida, que debe ser acomodada dentro de esa idea de amistad a partir de entonces.

Es por esas calidades e las formas de manifestación que tenemos que retroceden para reseñar que en Plaza Dignidad hay un voluntarismo que viene de tiempos anteriores a la existencia abigarrada en la villa, población o “gueto vertical”. También es resultado de la reproducción de los contenidos de los terribles tiempos de la dictadura cívico-militar, caminan sobre esa pedagogía que se generó en aquellos años, y se reconoce cuando se dice: “hay que echarle pa’ adelante y como sea”. Como sea porque es tan grande el abismo que se enfrenta que hay que saltar no más, y así Plaza Dignidad es piedra con piedra que sostienen ese paso para que, de una vez por todas, cierre esa trayectoria construida a sobresaltos esquivado los temores de la inconsistencia posicional, los cuales fueron bien anunciados y descritos por Araujo y Matuccelli (2011).

Otra cualidad de esta comunidad es que es posible que elabore una conciencia que orienta las prácticas individuales que pueden hilvanar el tejido social local, gracias a lo cual reduciría la exclusión y la desintegración en la cuadra, el pasaje o la calle. Para comprender los hechos de esos espacios locales es recomendable actualizar la hipótesis de Saball y Valenzuela (1985), es decir: la conciencia de esa comunidad de Plaza Dignidad se enfrenta con el principio constitutivo de la modernidad que ahí ha sido definida como la secularización de la vida social y el primado de la racionalidad formal de las relaciones. Además, recordémoslo, antes de Plaza Dignidad las personas hiperindividualizadas habían asumido la modernidad como hegemónica, inmutable y natural, por lo que la ruptura de la solidaridad era una ortodoxia cultural, una estructura estructurante de sentidos de acción refrendada en la materialidad de los mercados, debido a que eran y aún son: “redes de relaciones contractuales entre sujetos mutuamente orientados hacia la optimización de sus propios fines” (Saball y Valenzuela, 1985:2).

En oposición a ese tipo de integración por esos mercados está Plaza Dignidad, donde se experimenta la amistad como ya la hemos descrito, de ahí que las relaciones precontractuales habrían alcanzado profundidades que aun son insospechadas pero sabemos que han renovado la lógica comunitaria popular; y desde hace tiempo se nos ha enseñado que este tipo de espacio societario recompone la solidaridad colectiva porque, entre otras prácticas, no somete a negociación su ética social. También sabemos que la génesis y desarrollo de esas relaciones son contrarias a la ética vacía y a los afectos neutrales, como pudiera volver a decir Saball y Valenzuela (1985:3).

La conciencia comunitaria que emerge ha reconocido valores que invierten la “normalidad” que teníamos en Chile. Hoy es posible poner en tela de juicio la expansión individual al compararla con los fines socialmente compartidos. De ahí que se puedan revisar las prácticas política excluyentes de la participación. Esta clave de interpretación repasa la forma mediante la cual se llegó al acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, firmado por los partidos: Democracia Cristiana, Revolución Democrática, Renovación Nacional, Comunes, Partido Socialista, Partido Por la Democracia, Partido Liberal, Partido Radical, Unión Demócrata Independiente y Evolución Política, mientras que otras fuerzas políticas con voz y voto en el parlamento y fuera de él, no participaron.

Para aquilatar la controversia es necesario leer los nombres de las organizaciones que han realizado las marchas por las diversas demandas en los últimos diez años. Al mismo tiempo, ese recorrido ayudará a poner cifras y nombres a la comunidad real y virtual que fundamenta el tema central del cual pretende dar cuenta esta crónica. A continuación los ciento cincuenta y cinco nombres de la Mesa de la Unidad Social: Coordinadora Nacional de Trabajadores/as NO+AFP, Federación de Estudiantes Universidad de Chile, Federación Estudiantes de la Universidad Católica, CONFECH, ANEF, Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, Central Unitaria de Trabajadores, Colegio de Profesores, Confederación Salud Municipal, CONFUSAM, Coordinadora Feminista 8M, UKAMAU, Federación Nacional de Pobladores, Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios, Agrupación Familiares de Detenidos Desaparecidos, Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Coordinador de Organizaciones de DDHH y Sociales, Plataforma Chile Mejor Sin/TLC, Movimiento Defensa del Agua y Tierra, Confederación FENPRUSS, Confederación Bancaria, Coordinadora de Sindicatos del Comercio y Serv Fin, CONFEDEPRUS, SINTEC, Federación Contratista Anglo American Minas, Espacio Vinculante por una Nueva Educación Pública, Movimiento de diversidad sexual, Movimiento por el Agua y los Territorios, Red de Sitios de Memoria, Coordinadora Nacional de Ex Presas y Presos Políticos Salvador Allende, Mesa Social por el Derecho a la Salud, Federación Nacional de Trabajadores de Farmacias, Coordinadora Nacional de Inmigrantes-Epicentro, Federación de Colegios Profesionales, Fundación Constituyente XXI, Red de Comunicadores Populares Werquen Rojo, Confederación de Trabajadores del Cobre, Sindicato Nacional de Trabajadores del Líder, Confederación de Trabajadores Forestales de Chile, Confederación Nacional de Trabajadores Metalúrgicos, Federación Nacional de Trabajadores de Call Center, Sindicato Nacional Interempresas de Trabajadores de Agencias de Aduanas de Chile, Consejo Nacional de Trabajadores de la Educación, Secretaria Nacional de la Salud Pública, Secretaria Ramal del Comercio, Confederación de Gente del Mar, Sindicato Profesionales y Técnicos Aguas Andinas, Federación Nacional Manipuladoras de Alimentos, Confederación Nacional de Trabajadores Públicos y Privados, Confederación Nacional Unitaria Transporte y Afines, Confederación de Trabajadores de la Minería y Servicios Integrales, Coordinadora Chile Federación Sindical Mundial, Sindicato Interempresa de la Gran Minería y Ramas Anexas, Federación de Asociaciones de Funcionarios Universidad de Chile, Fundación Emerge, Federación Nacional de Asociaciones de Salud Pública, Sindicato Starbucks Chile, Federación Nacional de Trabajadores Independientes, Comité de Allegados de la Agrupación de Vendedores Ambulantes de Santiago, Coordinadora Eloísa Díaz, Asociación de Académicos Universidad de Chile, ALAMES Chile, SIDARTE, Coordinadora Los Sin Tierra, Confederación Nacional de Funcionarios Municipales de Chile, Coordinadora de Padres y Apoderados por el Derecho a la Educación, Asociación Nacional de Trabajadora/es del Patrimonio, Movimiento por la Unidad Docente, Marca AC, Red Semillas Libres, Federación UST y Federación Sodexo, Sociedad de la Igualdad, Defensoría Popular de las y los trabajadores, Movimiento Pobladoras/es Vivienda Digna, Mueres en Red, Organización Poderosas, Federación Minera de Chile, Consejo Nacional por la Defensa del Patrimonio Pesquero, Sindicato Interempresa Líder, Sociedad Civil por la Acción Climática, Sindicato N° 1 de empresas Metrogas S.A., Sindicato de Estibadores Portuarios de Valparaíso, Sindicato de Estibadores de San Vicente, Fuerza de Bases, Internacional de Servicios Públicos, Asociación Nacional de Consejos de Usuario/as de Salud, Fundación la Casa Común, Federación Nacional de Trabajadores de Farmacias, Comité Vivienda Santiago Multicolor, Coordinadora Metropolitana de Pobladores, Federación Unión Nacional de Trabajadores y Trabajadoras a Honorarios del Estado, Antimafia Chile, Coordinadora de Comités de Allegados de La Pintana, NO más TAG, Los Sin Tierra, Comité de Allegados, Sociedad Civil por la Acción Climática, Asamblea Feminista Plurinacional, Cumbre de los Pueblos, Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, Federación de Funcionarios de las Seremis de Salud, Saberes Colectivos, Acción, Coordinador Chile FSM, Federación Sindical Mundial, Sindicato trabajadores/as Amnistía Internacional Chile, Sindicato de Seguridad Pública, Asamblea Organizaciones Sociales y Políticas Provincia Cordillera, Pintana Solidaria, Fundación Daya, Mesa Social Cerrillos-Maipú, Coordinación Naciones Originarias RM, Plataforma Política Mapuche, Red de estudiantes por la sustentabilidad de Chile, Viernes por el Futuro, Santiago, Coordinadora 40 Horas, Unión Portuaria Chile, Coordinadora Cannábica de Chile, Defensoría de la Discapacidad, Fundación Decide, Consejo Nacional de Asistentes de la Educación de Chile, Cabildo San Esteban, Corporación Olof Palme, Unidad Social Arica Parinacota, Federación Los Bronces, Fundación Seamos Salud, Fundación Chile Movilizado, Mignee Fest, de la Red Chilena por los DDHH y Migración, Mesa Social La Granja, Movimiento Sin Fronteras, ASECUT, Asociación de exonerados Políticos Exdirigentes CUT, Federación Nacional Funcionarios SEREMIS Regionales, Unidad Social San Bernardo, Consejería Superior UC, FEUCT, Federación Estudiantes Universidad de Temuco, Unidad Social Valparaíso, Cabildo Quilicura, Concejales de Chile, Isadora Chile, Sindicato N° 2 Maestranza San Marcos, Confederación General de Trabajadores Públicos y Privados, Movimiento Vida Digna, Brigada Ramona Parra, Movimiento Por la Consulta y Derechos Ciudadanos, Coordinadora Nacional de Funcionarios DEM, DAEM y Corporaciones; Vinculación Chile, JJVV 13, La Reina, Comité Rukantu, VITACHI, La Propuesta de Chile, Villa Olímpica Ñuñoa, Fundación Latinoamericana Dr. Salvador Allende, Intimarka, Consejo Regional Metropolitano Pueblos Andinos, Unidad Social Ñuñoa, FEUNICYT, Federación de Estudiantes Iberoamericana, El Ciudadano, Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación Particular Subvencionada y Sindicato Nacional N°1 Unilever.

El repaso por las organizaciones deja en evidencia que se trata de una pluralidad de formas asociativas que no se basan solamente en el sindicato y en el contrato asalariado; si arriesgamos una hipótesis sobre un nuevo elemento que es común a ellas y que se agregar a los de la amistad ya comentada, se trataría de la impronta del comunitarismo obrero.

Desde aquí se puede comprender que el alzamiento popular en Plaza Dignidad es contra el modelo económico neoliberal y las proclamas van encaminadas a diseñar una sociedad, no solamente una nueva constitución, donde exista la posibilidad de legitimar todas esas prácticas productivas, distributivas y de consumo, que son inherentes al mundo de vida popular que se caracteriza porque los que participan se hacen propietarios y son los trabajadores de los recursos productivos; y como los pobladores han constatado en estos últimos cuarenta años, ese comunitarismo obrero ha funcionado como estrategia de integración frente al fracaso de los mecanismos seculares de la modernidad, buena parte de la comunidad de Plaza Dignidad quiere rebasar su carácter de trinchera de resistencia o sobreviviencia, para ir por la transformación de lo que ellos visualiza como degradado y degradante.

En este mismo sentido va el argumento de Zibechi (2006), “las cuestiones en común de estos sujetos territorializados que, mientras resisten, se empeñan en convertir sus emprendimientos para la sobrevivencia en alternativas al sistema.” Entonces, esas formas de transformación de la realidad contribuyen a dotar de operatividad a los criterios de la ética social que emergen en y desde la amistad. En estos días la reflexión evidente ha sido la disposición del tiempo para estar con los hijos, los amigos, la pareja, por tanto, esas experiencias abren la conversación sobre el tiempo vital, ¿cuánto tiempo pasamos viajando al trabajo?, ¿por qué ahora hago casi las mismas cosas en horarios que permiten llegar al hogar de día? Todas las respuestas que usted imagina han ayudado a desmontar la concepción del tiempo como un recurso productivo o, al menos, han permitido preguntar quién gana cuando ya no queda más tiempo para atender a ese hijo que en silencio se traga sus experiencias de pubertad y no hay nadie que lo escuche, lo abrace o esté junto a él en silencio. Es ahí donde el video juego reemplaza a la madre, al padre, a los hermanos, en fin, a la comunidad.

También la interrogación sobre el tiempo ayuda a concebir que hay trabajos no remunerados que requieren mucho tiempo, como ya demostró la economía feminista, se ha constatado que la producción de cuidados requiere tiempo-dedicado, y ese modo de producir cuidados ha sido palpado por los que fueron trasladados a los lugares de asistencia de salud durante y después de las marchas, se ha verbalizado diciendo: “nos constó tanto volver a estar juntos, no nos soltemos nunca más”, y se representó en el pacto de las barras de futbol que antaño buscaban venganza.

A mi modo de ver, desde esa toma de conciencia sobre el valor que tiene el tiempo, o sobre las formas en que ha sido distribuido a favor de la acumulación de capital y en desmedro de la reproducción de la familiaridad y de la comunidad, rápidamente ha emergido una revisión sobre la función del criterio: “útil”, para clasificar y jerarquizar los trabajos. Es decir, gracias al uso de ese criterio existe la queja sobre la calidad y productividad del trabajo asalariado, porque su productividad y utilidad se la compara ahora con el uso del saber que está en la elaboración de los alimentos, en el acompañamiento, en los afectos. Así se arriba a un conclusión, para que todo funcione “normalmente” se necesita que una persona sepa gestionar diferentes trabajos, esa persona es habitualmente una mujer, y en esas condiciones su productividad es superior, pero está oculta bajo el manto del sacrificio abnegado, silencioso y no monetarizado. Finalmente, cubierto por un dogma que enseña que lo doméstico no es productivo, es tiempo perdido, tiempo muerto.

Entonces, en Plaza Dignidad se vuelve imperiosa la búsqueda de los mecanismos que han impedido que esas prácticas laborales no tengan la popularidad y relevancia que deberían gozar en la política pública, por ejemplo. Y ahí se dice: “¿cuánto de esos conocimientos se enseñan en las universidades?”, “¿qué organizaciones son las que dan cabida a esos saberes y formas de hacer?” Otra característica de la comunidad de Plaza Dignidad, es que ha construido un conjunto de prácticas que permiten valorar y apreciar los servicios y productos que van al intercambio porque sólo están orientados por el valor de uso. Innumerables prácticas refieren a ese sentido de acción, algunas visibles: pasacalles, música, salud, teatro, intervenciones, alimentos, agua, recomendaciones, alientos; otras se expresan de manera intangible pero se siente -y no solamente se sabe- que se es parte de un todo mayor a los que están ahí. Más aún, se siente que se escribe la historia en primera persona del plural.

A continuación recurro a Michèle y Armand Mattelart (1987), para advertir que la comunidad está construyendo sus tecnologías sociales, y en algunos casos solamente las está legitimando, para apropiarse del valor de uso. Esto quiere decir que las personas persiguen involucrarse en la circularidad de los procesos económicos, al menos de los elementales: vivienda, deporte, arte, alimentación, salud, educación, seguridad, gobernabilidad, política, porque quieren dejar su posición de consumidores en relación a objetos o mercancías, para sentirse parte de la producción y distribución en relaciones donde al mismo tiempo son: trabajadores-propietarios-consumidores.

Parafraseando la cita de Marazzi consignada por los Mattelart (1987:48), se puede decir que es gracias a esta cualidad que en Plaza Dignidad se “lucha por apropiarse del valor de uso del tiempo, del espacio, de los cuerpos, de los saberes sociales -en fin, el valor de uso de la vida” (1987:48).

Dejo la última cualidad en este repaso rápido por la comunidad de Plaza Dignidad, se refiere a que el constituyente está gestando varios sujetos epistémicos. Todo indica que esto es factible porque se construyen experiencias significativas y despliegues de la memoria colectiva en “mundos diferentes” al “mundo hegemónico” (Zibechi, 2006:214), esos mundos tienen tres facetas: son elementalmente relacionales, florecen en un oxímoron porque están mediados y anclados por lo físico y lo digital, y van complejizando el universo simbólico compartido.

Esas cotidianidades diferentes le entregan a estos sujetos epistémicos la predisposición emancipatoria a través de modos de producción y uso de conocimientos que “ponen de cabeza el saber-hacer de los especialistas”, gracias a lo cual, hay una redistribución del poder y una reducción de los privilegios. (Zibechi, 2006:143,144). En términos particulares, la deliberación de esos sujetos epistémicos sucede en los cuatro niveles subrayados por Lander (2000:22), porque en Plaza Dignidad la comunidad tensiona la visión de mundo de la modernidad al momento de cuestionar la idea de progreso por las consecuencias ya evidentes en la población chilena, también cuando busca habitar la democracia más allá del contrato liberal capitalista, del mismo modo al preguntarse por las separaciones generadas por la desigual distribución de los beneficios logrados por el modelo económico extractivista; y cada vez que se interpela al experto que no logró anticipar lo que ha sucedido, y a ciencia cierta, cuando corre la sospecha que también hay una práctica científica que ha servido a la transformación de las personas en: clientes fieles de las farmacias y AFP, trabajadores resistentes a las condiciones de precariedad productiva o cuando se ha domesticado a la naturaleza al punto de llevarla a condición de área de sacrificio.

Bibliografía

Araujo, K., y Martuccelli, D., 2011, La inconsistencia posicional: un nuevo concepto sobre la estratificación social. Revista CEPAL nº 103, Pp. 165-178.

Dreher, J. (2012), “Superando la trascendencia del mundo intersubjetivo: reflexiones fenomenológicas sobre la amistad”, in Belvedere, C. (Ed.) La constitución de lo social. Aportes para el diálogo entre la sociología y la fenomenología, Universidad Nacional General Sarmiento, Los Polvorines, pp.76-96.

Eliade, M., 1981, Lo Sagrado y lo profano, Guadarrama: Punto Omega. Honneth, A. (1999) “Comunidad. Esbozo de una historia conceptual”, ISEGORíA, n° 20, pp. 5-15

Mattelart, M., y A.,1987, El carnaval de las imágenes. La ficción brasileña, Madrid: AKAL

Lander, E., 2000, La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires: CLACSO

Saball, P., y Valenzuela, E., 1985, Pobladores 5: La acción comunitaria, Documento de trabajo n 49, agosto. SUR/CADIS, Santiago.

Simmel, G. (2002), Cuestiones fundamentales de sociología, Gedisa, Barcelona

Zibechi, R. “La emancipación como producción de vínculos”, en Ceceña, A., Los Desafíos de las Emancipaciones en un contexto militarizado, Buenos Aires, CLACSO Pp.123-149.

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