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Plebiscito con libertad de acción. Por Luis Osorio

Foto captada el 1° de mayo de 2013

Con la certeza de la necesidad de un cambio en la Constitución diseñada y redactada en dictadura, y ya prácticamente encima del plebiscito previsto con ese fin, el presente artículo no tiene en absoluto la finalidad de obstaculizar el proceso y la ilusión, sino que develar una vez más la inconsistencia de algunos actores que no han actuado a lo largo de la historia moderna, postrimería del siglo XX y el 20% del siglo XXI, en conciencia y consecuencia.

La historia ha manifestado en la evidencia, el aprovechamiento y el dar lugar a las muestras de desconfianza, de carácter irrefutable.

La problemática exteriorizada el 18 de octubre, con los elementos de violencia que se exteriorizaron, no son parte de una situación azarosa ni carente de haber sido prevista, en algún momento se tenía que manifestar.

En los grandes ejes de la vida en sociedad: desigualdad, violencia, asuntos previsionales, salud pública y educación, sólo por señalar algunos aspectos, han sido problemáticas gestadas a inicios de los años 80 del siglo pasado y de lo cual no había ninguna duda de los efectos venideros que se advertían en sus orígenes. Con el plebiscito del año 1988, hubo un supuesto que el triunfo del No pudiese haber traído un cambio sustancial con el término del gobierno militar, pero ello no ocurrió, nunca llegó la alegría.

No es posible observar bajo ningún punto de vista, un proceso paulatino y claro que nos haría transitar en un tiempo razonable, hacia una sociedad diferente en la cual los problemas ya mencionados, estuvieran superados. Una cosa es el impedimento legal para el desarrollo de acciones transformadoras, y otra la ausencia de una manifestación explícita de una sociedad distinta, entregando todas las condiciones para jugárselas en función de ello en un accionar constructivo. Cada uno de quienes nos gobernaron, fueron presa del individualismo, de un alejamiento del “pueblo” y una adaptación al modelo, y participación de los negocios que les otorgaba ganancias personales y les brindaba un buen futuro.

Los que comenzaban el año 82 su vida laboral, promediando en ese momento los 25 años, en la actualidad ya están en la edad de jubilación o cercanos a cumplirla, pero el aspecto reprochable, es que constituyen el grupo de quienes hoy tendrán o tienen pensiones indignas, fruto de un sistema sostenido en el tiempo y que han sido marcados por todo el transcurso de la vida consagrada al trabajo, son el grupo de los no privilegiados. Esta visión no es aplicable a quienes se pensionan por el lado de la defensa nacional, alcanzando una situación diametralmente opuesta.

El ejercicio en otros ámbitos puede ser similar y bastante deplorable, pero en este marco de la individualidad algunos fueron los perjudicados y otros los beneficiados. Es necesario que cada uno tome conciencia del lugar en el cual se puede encasillar.

Es cierto que el último tiempo ha habido actos deplorables de violencia, pero si nos situamos en la génesis de lo que ha sido el diseño de una sociedad injusta, está es el fruto de una violencia extrema que se inicia con el Golpe de Estado, y que no ha tenido ningún hito que permita dar vuelta la página.

Aparece entremedio el asunto de carabineros, que no es ni más ni menos que el muro de contención entre la problemática social entendida como un todo, y ante lo cual el poder de turno o el poder de siempre, lo utilice para que no aflore la rabia y el descontento. En tales circunstancias, los gobernantes ven como ineludible la represión y no enfrentar las causas sociales que provocan realidades de vida con acentuadas brechas, siempre el énfasis está en los temas de seguridad, y no el entendimiento de la conexión entre lo social y la formación de las policías que cumplen el rol de impedir la expresión de la rabia y desencanto. No hay reforma válida para instituciones policiales, si es que no se enfrentan los problemas sociales de la población, incluso entendiendo en ese contexto la delincuencia. Enfrentar las causas y no los efectos es primordial.

En lo expuesto, se levanta de manera alejada a la realidad social, lo acontecido el día 15 de noviembre del 2019, con la firma de un Acuerdo por la Paz, entre actores de los cuales pocos eran parte del movimiento que se expresaba en las calles, y más aún, algunos por décadas no han sido parte de la expresión callejera. Ciertamente no serían bienvenidos y lo que ocurre en las calles no los representa, se trata de intereses opuestos.

Se produce así una acción succionadora y no representativa, de la manifestación que ocurría en tantas plazas de la dignidad a lo largo del país y que siguió ocurriendo, hay un apresuramiento histórico que no alcanza a opacar la responsabilidad de la omisión llevada a la práctica por años. En el supuesto, que el camino escogido era el correcto, se debe tener una visión de la redacción de una Constitución que acorde a las dinámicas del país, marcará hitos de varios años, por tanto, es más tema del futuro de los jóvenes, que una búsqueda de la experiencia inexistente de quienes administraron el sistema creado en dictadura y no tienen herencia ni legado que ofrecer.

Tal vez lo más propicio habría sido esperar un tiempo y quienes han sido parte de la política desde los años 90 del siglo pasado, ya no estuvieran vigentes, puesto que el único rol que ejercen es desvirtuar el momento que podría haber sido histórico, no se llega con la unidad imprescindible para algo de esta magnitud y que se reflejara con la mayor claridad.

La carencia de haber vivido un proceso hacia el cambio constitucional con fecha de inicio en marzo de 1990, va pasando la cuenta y hace que se produzca un cambio de visión generacional. Por un lado, hay una carga de lo abordado en los momentos debidos y los más jóvenes no arrastran esa carga, por tanto, ven los hechos con la dinámica de futuro. En paralelo, hay una parte importante de la población que tiene la mirada desde haber vivido por largos años en una situación de postergación y resignación.

No es casual que se haya instaurado en el acuerdo “el declarar en libertad de acción a la ciudadanía para votar en el plebiscito”, es algo tan elemental pero sustancial la ausencia del voto obligatorio en el plebiscito de entrada, no hay explicación ni argumento que resista. Una vez más es la derecha que tiene el control y proyección de la historia, siempre manteniendo el estilo de grandes injusticias impuestas desde detalles mínimos en apariencia, pero con trasfondos sustanciales.

En la vereda opuesta es imposible detectar estrategia y táctica, y mucho menos doctrina, ya que ello requeriría de un acuerdo histórico de magnitud, de mayor trascendencia que el tema eleccionario, pero lo uno va en vínculo indisoluble con lo otro. Las cosas son como son y reflejan un país influenciado por vía subliminal y con niveles altos de injerencias desde el poder, aunque pueden aparecer como palabras un tanto desafortunadas, resulta válida esa expresión de “es lo que hay”, aunque se quisiera desde lo profundo algo diferente.

A esta altura, ya no es necesario más análisis, la suerte ya está corriendo y en un corto tiempo se podrán obtener nuevas conclusiones. Pero las desconfianzas siguen instaladas. Los Cabildos ciudadanos post estallido social, eran instancias de enorme trascendencia, pero no era el clamor en ellos de un Acuerdo por la Paz, sino que el diálogo, el debate, el análisis, la reflexión y el imaginarse un país diferente.

Para la fase 2 después del plebiscito, ya comienzan a escucharse nombres de algunos políticos del mundo concertacionista, quienes ya deberían estar retirados y no reincidir en la política, ya que a esta altura no contribuyen a nada favorable cuando pretenden competir para el cargo de constituyentes, lo mismo es aplicable para los sectores de derecha. Para este caso los errores y horrores del pasado no aportan al futuro y es recomendable el paso al costado como un gesto noble de aporte a la historia que viene.

Cuando se ha vivido con reglamento hecho en dictadura, se levanta la duda si realmente nos encontrábamos en democracia, una inquietud que tiene mucho respaldo y se funda en los hechos.

Octubre de 2020

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