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Plebiscito de salida ¿se prepara un bypass a la ciudadanía? Por Luis Osorio

Sin ser un detractor del proceso constituyente, y mucho menos del trabajo efectuado por los integrantes de la Convención Constitucional, a lo largo de la historia que se puede escribir sobre ella, desde el momento en que el 4 de julio de 2021 se instala esa instancia representativa de una voluntad expresada en urna, y con un propósito de compenetrarse en cambios sin precedentes en el país, tanto en forma como en el fondo.

Como he observado en artículos anteriores, lo regulatorio de este proceso desde el acuerdo del 15 de noviembre de 2019 y los hitos un tanto extraños que se fueron sucediendo que será necesario dimensionarlos más adelante, no reflejan una voluntad firme de compromiso con lo que venía, y primaba la intención, que se va comprobando en los hechos, hasta ahora, de imponer un poder que, aunque desgastado, tiene un actuar de velar por sus intereses, no importando si son una minoría que se mantienen con una exigua base de apoyo.

Luego, agregar que los integrantes del mundo militante con un compromiso social real son muchos menos, pero saben lo que deben defender y cuidar para beneficio propio.

Se encuentra instala una sensación, de frustración y molestia con el estallido social, y han tenido una evasión permanente, de la responsabilidad en todos los hechos que derivaron de ese momento de la historia, reconocidos continuadores de la soberbia y eficientes administradores de un modelo, ideado, diseñado e implementado en dictadura. La partida post dictadura fue con grandes expectativas, y pronto se esfumaron a poco andar.

El no tener un puesto de representación en el gobierno, tiene la ventaja de poder expresar sin dificultad los dardos hacia la ex concertación.

Tampoco, no se trata de un tema de la visión que se puede tener desde la generación más joven de integrantes del ejecutivo y su contemporaneidad con algunos parlamentarios, que salen en una defensa corporativa de sus sectores cuando se tocan estos temas. Por el contrario, el fundamento es de más tiempo, corresponde a la visión de una generación que creció desde los movimientos estudiantiles durante el gobierno de Salvador Allende y experimentó todos los avatares desde el 73 a la fecha, y que no tuvo la oportunidad de ser parte de viejas esperanzas que se fueron diluyendo. En estos temas, no creo en las cosas a media, los hechos son o no son. La democracia expresada sólo en el ir a votar, no es tal.

Así, en la historia de los casi 50 años, y faltando menos de un mes para el plebiscito de salida, se constituía este referéndum con voto obligatorio, en una muestra de decisión republicana de connotación histórica, no observada nunca en el país y mucho menos en lo constitucional. No es una decisión cualquiera, sin candidatos mediante y sus ejes programáticos, sólo un texto denominado Nueva Constitución.

Sin embargo, y visto como un acto de deslealtad y ninguneo hacia la población que sufraga, desde el poder político minoritario en relación con el todo, se articulan vías no contempladas, como muestras de decisiones que coartan el futuro, a través de pseudos acuerdos que le dan protagonismo a un poder en el cual, el mismo estallido lo develó, que no se tiene confianza y más aún, no es de interés en ellos que en algún momento se recuperen las confianzas, se han movido perfectamente así por tanto no les interesa.

Son los últimos estertores de quienes han sido beneficiados por sus granjerías, y les agradaría retraerse al 17 de octubre de 2019. Los acuerdos desde el 5 de septiembre en adelante, cualquiera sea el resultado, deben ser de todos los que quieran participar y no de nivel cupular. El no entendimiento de ello es sustentar una base de negacionismo.

No puede haber frente a dos opciones presentes en el voto, elementos distractores y después proclamar que ganó una opción invisible. El Apruebo es uno sólo, y lleva un recuerdo y reparación con los luchadores recientes y del pasado, sólo dos nombres, Gustavo Gatica y Carlos Lorca.

Hay que recordar que el parlamento actual, está enraizado en el sistema político de la Constitución del 80 y no va en armonía con la Nueva Constitución, ni siquiera la intervención en el presente respecto a la Constitución del 80, es atingente a la ética, ya que se favorece en forma directa a la difusión de una opción no presente en la papeleta y que la han dejado encubierta.

¿Tienen calidad moral los sectores políticos para asumir acuerdos de consenso y representativos de todos quienes vayan a votar el 4 de septiembre?

El estallido social aún no está resuelto, y las diferentes plazas de la dignidad a lo largo del territorio nacional, están a la espera del curso que vaya tomando la historia en lo inmediato. Se trata de un período que no está finalizando, recién empieza.

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