A un mes del lanzamiento de la Política Nacional de Educación en Territorios Rurales (2025-2031) del MINEDUC, desde el Proyecto Educación Rural Fronteriza nos propusimos revisarla para analizar cómo este marco orientador aborda —o deja fuera— las temáticas que nos convocan: migración y frontera en los contextos educativos rurales. No se trata de un asunto marginal. Según nuestro estudio, casi un 14% de las escuelas rurales del país son escuelas fronterizas.
Si bien la Política no menciona explícitamente la palabra frontera, sí aparecen elementos que dialogan con las características propias de estos territorios. Entre ellos, destacan los principios de diversidad e interculturalidad, claves para comprender y orientar los procesos educativos en zonas fronterizas. También se reconoce la necesidad de promover adecuaciones curriculares pertinentes a las realidades territoriales y culturales, junto con valorar las múltiples identidades que conviven en las escuelas rurales. De hecho, el diagnóstico de la Política incorpora la presencia de matrícula migrante como una expresión de la diversidad sociocultural del territorio, reforzando la urgencia de avanzar hacia un enfoque intercultural más robusto.
Sin embargo, aún falta profundizar en aspectos centrales de la educación rural fronteriza, especialmente en lo relativo al acceso efectivo a otros derechos sociales para estudiantes y familias migrantes. Esta dimensión, vinculada a las condiciones estructurales que también reconoce la Política, resulta crucial para garantizar trayectorias educativas continuas y sin interrupciones arbitrarias. Aquí, la Ley N.º 21.430 —sobre Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia— es clara al establecer la responsabilidad del Estado en asegurar el acceso, permanencia y egreso oportuno del sistema escolar sin discriminación territorial, social ni cultural. A ello debiéramos sumar, además, la dimensión nacional y migratoria.
En sintonía con la línea de acción de la Política referida al resguardo del egreso y la continuidad educativa, sostenemos que es indispensable fortalecer los vínculos bilaterales con los países de origen para asegurar trayectorias educativas estables. En contextos de frontera, la movilidad internacional es parte de la vida cotidiana: niñas, niños y jóvenes cruzan de un lado a otro por razones familiares, económicas o sociales. Sin mecanismos institucionales que acompañen estos movimientos, el sistema escolar no logra responder a la realidad que viven miles de estudiantes en los márgenes del país.
En definitiva, la nueva Política abre un camino, pero aún es necesario que la educación rural fronteriza sea reconocida en toda su complejidad y como parte de la educación rural en Chile.
Sara Joiko Mujica
Natascha Roth Eichin
Carla Vargas Valdés
Stefany Vásquez Vergara
Equipo Proyecto Educación Rural Fronteriza
ANID Fondecyt Iniciación N º 11250371
