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Políticos coimeros y mentirosos: otra vez Lucas Palacios. Por Alex Ibarra Peña

Las frases del Ministro de Gobierno cuestionando a los profesores es parte de ese discurso de los operadores políticos que han usufructuado ilícitamente de la estructura del Estado. Para quienes todos los que no asumen aquellas prácticas son parasitarios al sistema.

¿Son los políticos o los profesores los que han dañado nuestro país? Creo que la respuesta es muy evidente. El odio de cierta clase política a los profesores, no sólo Palacios por cierto, tiene su justificación. No entienden que alguien trabaje sin el objetivo de enriquecerse, por eso no ven el verdadero trabajo ajeno. Este es el caso de la digna labor pedagógica chilena.

Además los profesores para los neoliberales son un problema, ya que han sido en cierta medida colaboradores en la mantención de la conciencia crítica nacional. No es casual que gran parte de las movilizaciones sociales las lleven a cabo estudiantes. Sin duda cuando estén dadas las condiciones los profesores estarán ahí en las aulas, sobre todos con aquellos jóvenes destinados a la pobreza, y es a a esos profesores a los que además habría que retribuir. Ministro, tal vez mejor le corresponda más allá de una simple meditación ponerse a pensar en las condiciones para un bono de sacrificio para todos aquellos maestros que siguen comprometidos con la construcción de una sociedad mejor y más justa.

Este Ministro, sospechoso de coimas hace unos meses atrás, debe ser de aquellos que además de sentirse privilegiados se sienten impunes. El problema no es en este caso un individuo sino que la práctica de ciertos operadores políticos que siguen siendo protagonistas, muchas veces más ocultos que públicos.

Aunque parece que la disputa sobre la «convención constitucional» seguirá avalando estas prácticas, tratando de salvar cualquier vestigio a favor de los herederos de Pinochet, nuestra lucha constituyente debe seguir en la búsqueda del horizonte hacia una Asamblea Constituyente que permita mantener la esperanza por aquella democracia de la dignidad. Sólo la ciudadanía puede decir no a los abusos de los caraduras

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