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Por una humanidad libre de violencia de género. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Comelin

La consigna por un mundo sin violencia de género es escuchada permanentemente en nuestros tiempos. Sin embargo, expresar este anhelo reiterativamente, realmente deseado y sentido por todas y todos quienes lo esperan, no ha sido suficiente para que sea una realidad en el cotidiano de nuestros espacios. Pensamos que esto responde a que la violencia de género, que aparece ante nuestros ojos muchas veces como un acto perpetrado individualmente, no es algo aislado en nuestra sociedad, por cuanto las acciones para enfrentarla no pueden responder a acciones caso a caso o a medidas desarticuladas y ahistóricas.

La violencia de género es estructural, por tanto, se demanda por políticas públicas que erradiquen toda forma de relación que menoscabe a las mujeres tanto en el ámbito familiar, académico, laboral y en el espacio público. También es histórica, puesto responde a momentos epocales y muchas veces mutan sus expresiones, en tanto, es situada en cada contexto. Permanecen las expresiones más bizarras y brutales como los golpes y el femicidio, pero otras van adoptando nuevas formas de acuerdo con los contextos y los tiempos, como lo son las manifestaciones explicitas de subalternización en los espacios de poder, salarios diferenciados aun cuando se desarrolle el mismo trabajo, reconocimiento a la voz masculina en desmedro de la femenina, entre otros. También podemos dar cuenta de aquella violencia que está solapada y que se agazapa en la normalidad y naturalización de conductas misóginas, tales como la invisibilización, el desconocimiento de los talentos y el desprecio hacia lo femenino. Al mismo tiempo, emergen los retrocesos históricos en logros ya alcanzados por acciones políticas o legales, como lo ha sido la muerte en Irán por no llevar el velo o el no poder acceder a la educación, cuando era un espacio ya ganado.

Es una realidad que las mujeres, desde siempre y hoy, sienten miedo de transcurrir su vida en espacios violentos, porque sabemos que la violencia de género no refiere a eventos únicos, sino que calan profundo en la estructura social y se enraízan en ella, produciéndose y reproduciéndose continuamente. Esas formas de pensar y actuar se cuelan en las relaciones sociales que por supuesto son asimétricas y afectan la vida de las mujeres desde la temprana edad. La constatación práctica refiere a la violencia material y simbólica que se experimenta desde las primeras socializaciones, tanto de las familias, como en las escuelas y, lamentablemente, se sigue experimentando a lo largo de la vida.

De esta manera, la violencia tiene diversas manifestaciones, física, psicológica, sexual, económica, entre otras, impregnándose en las vidas de tantas familias, mujeres y niñas y se graba a fuego para toda la vida. Como dato, las denuncias por violencia durante el año 2020 fueron 9.391 llamadas por violencia grave; 6.396 por violencia inicial; y 1.070 por violencia con riesgo vital (Red chilena de violencia contra la mujer, 2021). Dentro de estas cifras, no podemos dejar de recordar nombres en cada uno de los casos que las constituyen, la violencia más extrema son los femicidios por odio, con cifras que se mantienen estables durante los últimos años, pues el número de femicidios no ha bajado de los cuarenta en el último quinquenio. Esas cifras dan cuenta de cómo la violencia puede extinguir la vida de mujeres y disidencias, afectando además brutalmente los destinos de sus familias y de la sociedad entera. En lo que se refiere a este periodo (2022), en Chile, ya han ocurrido 35 femicidios y 143 femicidios frustrados.

Al respecto evidenciamos que, aunque Chile ha mejorado en lo referente a la legislación del femicidio, pareciera que las leyes no han sido efectivas para detener este flagelo. Al respecto, los procesos judiciales de los femicidios suelen ser muy prolongados, ya que las fiscalías deben realizan extensas investigaciones, por lo tanto, tardan demasiado en condenar a los responsables. A este procedimiento complejo se debe agregar el hecho que varios casos quedan impunes o son castigados con penas insuficientes, aunque, nunca son suficientes puesto que la vida de una mujer es irremplazable. Ahora bien, según los expertos, el tema que queda pendiente en el ambiente legislativo es crear los dispositivos pertinentes para abordar el resguardo de las víctimas desde que sufren los primeros episodios de violencia, es decir, que se hagan efectivas las medidas de alejamiento y, así, evitar desenlaces fatales (Canales, 2022). No es necesario la emergencia de leyes reactivas que lleven nombres de mujeres, niñas o disidencias, sino leyes que preventivamente permitan crear dispositivos para evitarla y proteger realmente a las víctimas, con antelación a los desenlaces fatales.

No cabe duda que, para revertir este flagelo, es necesario abordarlo desde una dimensión multidimensional y multidisciplinar, lo cual demanda esfuerzos intersectoriales. En este sentido la educación se levanta como uno de los pilares esenciales del respeto y del reconocimiento, sobre todo porque hoy estamos en una encrucijada, los antiguos y tradicionales esquemas no han funcionado y la humanidad está a punto de sucumbir, una guerra mundial está fraguándose y la construcción del mundo sigue siendo masculinista. La ambición, el poder inusitado, la megalomanía no tiene límite. Se demanda de la re-construcción del mundo desde la perspectiva y visión femenina, clara y elocuente, contenedora, lúcida e inteligente. Por lo tanto, se requieren de mujeres constructoras de la paz, pues la violencia ha traspasado y ha transgredido todos los parámetros posibles.

En este proceso de visibilizar la violencia de género es necesario reconocer la importancia e influencia de los movimientos y colectivos sociales feministas quienes han reclamado y se han manifestado en los espacios públicos, además de amplificar las voces a través de los medios de comunicación, en la calle, con políticos/as y en el Congreso por un trato equitativo, digno y respetuoso para las mujeres.

A su vez, el gobierno actual de Gabriel Boric, se planteó como un gobierno feminista, lo anterior desafía que se impregne en las instituciones una mirada a escala humana. Se hace necesario, a nivel gubernamental, el cambio de aparataje, dispositivos y mecanismos que se desplieguen efectivamente. En este sentido el SERNAMEG ha promovido programas de prevención de violencia contra las mujeres, prevención de violencia en las familias, campañas de sensibilización como “Sí es mi problema. Prevención de violencia contra las mujeres”, fono y webchat 1455, entre otros.

También la sociedad civil debe cumplir la función de monitorear y realizar las reclamaciones. Para ello se requiere de organizar y activar el tejido social a fin de desplegar una ciudadanía deliberativa que dialogue y se haga parte de aquellos desafíos. En este sentido, diversas organizaciones han cooperado para visibilizar la violencia contra la mujer y además entregan diversos apoyos como la Red chilena de violencia contra la mujer; Fundación Antonia que trabaja el tema de la erradicación de la violencia en el pololeo; Todo mejora, quienes promueven el bienestar de NNA discriminados por su orientación sexual; La morada, trabaja en pos de erradicar la violencia hacia la mujer; Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, buscan visibilizar y enfrentar la violencia de las disidencias; Fundación honra, promueve la equidad de género para prevenir la violencia en la pareja; Observatorio contra el Acoso Chile, especialmente se dedican a prevenir el acoso callejero y la violencia que se genera en el espacio público; Corporación Humanas, es un espacio de acción, reflexión e incidencia que acompaña a las mujeres que sufren violencia; Colectivas sanemos todas, en cuanto red de apoyo integral a las mujeres en sus diversas problemáticas; Acoso online, brinda apoyo a las mujeres cuando son víctimas de publicaciones no consentida de imágenes y videos íntimos en las redes sociales (Vera, 2020).

Como se puede apreciar diversas instituciones desde lo público y lo privado han ido aportando en la construcción de la paz en medio de un contexto donde la humanidad demanda y reclama cambios paradigmáticos elocuentes. Sin embargo, la violencia más compleja de erradicar sigue siendo aquella que se produce en los espacios íntimos, en mensajes y acciones solapadas de micromachismos y sutiles discriminaciones que se siguen desarrollando en espacios familiares, educativos y laborales. Por este motivo la lucha contra la violencia de género continúa como un proceso de liberación que es necesario heredar a las próximas generaciones, haciéndola vigente y articulada dentro del tejido social, de manera permanente, histórica-situada, algo de todas y por todas.

Referencias:

Canales, I. (3 de enero de 2022). Femicidios: crímenes llegan a 500 desde que se tipificó el delito en Chile. LaTercera. Recuperado de https://www.latercera.com/nacional/noticia/femicidios-crimenes-llegan-a-500-desde-que-se-tipifico-el-delito-en-chile/2XG3QFPP7JHCHCLUOFK36PFTDM/

Red chilena de violencia contra la mujer (2021). Dossier Informativo: 2020-2021. Violencia contra mujeres en Chile. Santiago de Chile: Red.

Vera, R. (24 de abril de 2020). Organizaciones feministas para acudir en casos de violencia de género. Copadas. Recuperado de https://copadas.cl/2020/04/24/violencia-de-genero-donde-acudir-organizaciones-feministas/

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Departamento de Trabajo Social Universidad Alberto Hurtado

Dra. ©. Lorena Basualto Porra
Universidad Católica Silva Henríquez

Dra. ©. Andrea Comelin Fornés
Universidad de Tarapacá.

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