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Postverdad y Salud Mental: consecuencias de una hermenéutica del miedo basadas en fake news en el contexto chileno. Por Alejandro Novoa Luengo

La actual era digital ha configurado un escenario comunicacional caracterizado por la saturación informativa, la fragmentación de los relatos y la creciente dificultad para distinguir entre hechos verificables, interpretaciones subjetivas y contenidos deliberadamente manipulados, en este contexto emerge la denominada era de la postverdad, entendida como una condición cultural y comunicacional en la cual los hechos objetivos pierden influencia frente a las emociones, las creencias personales y las identidades ideológicas en la formación de la opinión pública. La Universidad de Oxford (1), al seleccionar post-truth como palabra del año 2016, la definió como aquellas circunstancias “en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales”, desde esta perspectiva, la postverdad no se limita únicamente a la difusión de mentiras o información falsa, sino que representa una transformación profunda en la relación entre verdad, conocimiento y sociedad, donde la validación emocional y las percepciones subjetivas adquieren mayor relevancia que la evidencia empírica y el análisis racional.

En este sentido, Lewandowsky, Ecker y Cook (2) sostienen que la era de la postverdad debe entenderse como la consolidación de una “epistemología alternativa”, caracterizada por la desconfianza hacia la ciencia, los medios tradicionales y las instituciones encargadas de producir conocimiento legítimo, en consecuencia, las fake news encuentran un terreno fértil para expandirse, especialmente en ecosistemas digitales donde predominan la inmediatez, la fragmentación informativa y la viralización de contenidos emocionalmente intensos, la postverdad aparece así como un fenómeno donde el impacto afectivo de los discursos termina subordinando el análisis racional y debilitando la capacidad colectiva para distinguir entre realidad, interpretación y manipulación.

En esta misma línea, el filósofo Byung-Chul Han (3) advierte que la comunicación digital contemporánea fragmenta el espacio público y transforma a los individuos en una “enjambre digital”, incapaz de construir una verdadera comunidad reflexiva, según Han, la inmediatez de las redes sociales favorece reacciones impulsivas, emocionalmente intensas y fácilmente manipulables, donde la información termina subordinada al impacto afectivo y a la viralización instantánea.

 De este modo, la postverdad constituye una transformación cultural en la relación entre verdad, poder y subjetividad, diversos autores señalan que en este contexto los hechos objetivos pierden influencia frente a apelaciones emocionales y creencias personales (4), el fenómeno se ve amplificado por redes sociales y plataformas digitales que fragmentan la información, crean “cámaras de eco” y favorecen contenidos emocionalmente intensos por sobre aquellos rigurosos o verificables (5).

En términos psicológicos, esto implica una modificación profunda de los procesos cognitivos y afectivos, diversos estudios sobre la influencia de la posverdad en la esfera cognitiva sostienen que la sobrecarga informativa genera agotamiento nervioso, pérdida de concentración, deterioro de la memoria y estrés, creando condiciones ideales para la manipulación emocional y el debilitamiento del pensamiento crítico, en otras palabras, mientras más saturada y emocionalmente agotada se encuentra una persona, más vulnerable se vuelve a discursos simplificados, alarmistas y polarizantes (6).

La postverdad no destruye la racionalidad frontalmente, más bien, la instrumentaliza, utiliza elementos parciales de realidad, datos aislados o imágenes impactantes para reforzar prejuicios y emociones previas, de esta forma, el miedo deja de ser una reacción espontánea frente a un peligro real y se convierte en una hermenéutica, una forma de interpretar permanentemente el mundo, el sujeto comienza a percibir amenazas en todas partes, delincuencia descontrolada, colapso económico inminente, conspiraciones sanitarias, decadencia moral o destrucción nacional, aun cuando los datos objetivos sean más complejos o contradictorios.

Esta lógica emocional posee consecuencias directas sobre la salud mental, investigaciones recientes indican que la exposición constante a información alarmista y falsa incrementa niveles de ansiedad, estrés percibido y depresión, durante y después de la pandemia de COVID-19, la llamada “infodemia” produjo una crisis psicológica paralela, millones de personas quedaron expuestas diariamente a rumores, teorías conspirativas, noticias falsas sobre vacunas, cifras manipuladas y discursos catastrofistas, el resultado fue un deterioro del bienestar emocional colectivo, acompañado de desconfianza hacia instituciones, medios de comunicación y autoridades sanitarias (7).

En esta misma dirección las investigaciones de Georgi Onchev resultan especialmente relevantes al advertir que la cultura actual de la postverdad genera “inseguridad cognitiva”, es decir, una dificultad creciente para distinguir realidad y ficción, según el autor, la sustitución de hechos por opiniones produce confusión, pensamiento mágico y debilitamiento de la resiliencia psicológica, la consecuencia no es solamente política o comunicacional, es también clínica, el sujeto sometido permanentemente a incertidumbre emocional puede desarrollar hipervigilancia, agotamiento psíquico y una sensación crónica de amenaza (8).

En el ecosistema digital, además, las emociones negativas poseen una enorme capacidad de viralización, un estudio publicado en Scientific Reports analizó más de 126 mil cascadas de rumores en redes sociales y concluyó que las fake news se difunden con mayor rapidez cuando contienen emociones intensas como miedo, ira, sorpresa o falsas sensaciones de confianza, la lógica algorítmica de las plataformas premia aquello que genera impacto emocional inmediato, el miedo, la indignación y la rabia producen más interacción que la calma o la reflexión, en consecuencia, las redes sociales terminan funcionando como amplificadores afectivos de ansiedad colectiva (9).

El problema adquiere una dimensión particularmente delicada en Chile, durante los últimos años, el país ha experimentado un aumento significativo de polarización política, crisis de confianza institucional y circulación masiva de información falsa en torno a migración, seguridad pública, salud mental, violencia o economía, la discusión pública ha sido progresivamente colonizada por discursos apocalípticos donde el miedo se transforma en capital político. En este contexto, columnas recientes advierten sobre el peligro de banalizar el lenguaje político y erosionar el Estado de derecho mediante discursos extremos o emocionalmente irresponsables, el artículo “El Estado de Chile quebrado: cuando no se le toma el peso a las palabras” (10) plantea que el uso desmedido de afirmaciones catastróficas contribuye a deteriorar la confianza democrática y normalizar percepciones de colapso social. Asimismo, la columna “¿Recuperar el Estado de Derecho?” (11) enfatiza la necesidad de reconstruir racionalidad institucional frente a una cultura pública dominada por consignas emocionales y simplificaciones binarias. Por otro lado, las declaraciones del profesor José Maza respecto a los dichos de José Antonio Kast sobre ciencia y conocimiento subrayan un elemento crucial, “las ideas son lo que mueven el país”, la afirmación posee una enorme profundidad psicológica y política, las sociedades se organizan a partir de narrativas compartidas, cuando esas narrativas son reemplazadas por fake news, teorías conspirativas o discursos emocionalmente manipuladores, no solo se distorsiona la democracia, sino también la experiencia subjetiva de la realidad (12).

A estas reflexiones se suma el análisis del academico José Joaquín Brunner (13), quien describe ciertas dinámicas actuales de comunicación política mediante la lógica de “inundar la zona” (flood the zone), estrategia basada en saturar el espacio público con declaraciones, controversias y estímulos emocionales constantes, dificultando la capacidad ciudadana de discriminar entre hechos relevantes, interpretaciones y manipulaciones discursivas, según Brunner, esta sobreexposición informativa genera agotamiento cognitivo y contribuye a instalar una percepción permanente de crisis social y política, donde la emocionalidad termina desplazando progresivamente el análisis racional.

La postverdad produce entonces una fragmentación emocional del tejido social, las personas dejan de percibirse como ciudadanos dialogantes y comienzan a verse como enemigos permanentes, el otro ya no es alguien con quien se discrepa, sino una amenaza moral o existencial, esto incrementa sentimientos de hostilidad, paranoia social y aislamiento emocional, diversos estudios sostienen que las comunidades digitales caracterizadas por agresividad, polarización y ausencia de apoyo interpersonal refuerzan estados cognitivo-emocionales negativos como frustración, resentimiento y miedo (14).

Desde la psicología positiva y la salud mental comunitaria, este fenómeno representa una amenaza significativa para el bienestar subjetivo y la cohesión social, la confianza interpersonal, el sentido de comunidad y la percepción de seguridad psicológica constituyen pilares fundamentales del bienestar humano, cuando la esfera pública es invadida por miedo, sospecha y manipulación emocional, se debilitan precisamente aquellas condiciones que permiten el florecimiento humano (15).

Asimismo, la lógica de la postverdad favorece la fatiga emocional, el sujeto contemporáneo permanece hiperestimulado por noticias alarmantes, debates agresivos y flujos interminables de información contradictoria, la consecuencia es una subjetividad exhausta, incapaz de distinguir entre amenaza real y construcción mediática, tal como señalan los estudios sobre procesamiento emocional en la era de la postverdad, los contenidos emocionalmente intensos consumen recursos atencionales y reducen la capacidad de evaluación racional de la información.

En último término, la crisis de la verdad es también una crisis del sentido, una sociedad incapaz de establecer mínimos consensos sobre la realidad se vuelve psicológicamente vulnerable, el miedo permanente erosiona la esperanza colectiva, favorece conductas defensivas y reduce la posibilidad de proyectos comunes, la salud mental no depende únicamente de factores biológicos o individuales, también depende de la calidad simbólica y emocional del entorno social.

Frente a este escenario, resulta urgente fortalecer el pensamiento crítico, la alfabetización mediática y la educación emocional, diversos autores coinciden en que la principal herramienta contra la postverdad es la capacidad de analizar información, contrastar fuentes y construir opiniones reflexivas, sin embargo, ello requiere algo más profundo que simples campañas de verificación de datos, exige reconstruir una cultura democrática basada en la deliberación racional, la empatía y la responsabilidad ética del lenguaje público.

Chile enfrenta hoy el desafío de impedir que el miedo se transforme en la emoción dominante de la vida colectiva, cuando las sociedades viven atrapadas en una hermenéutica del miedo, la salud mental deja de ser un problema exclusivamente clínico y se convierte en un problema político, cultural y civilizatorio, defender la verdad, la ciencia y el pensamiento crítico no constituye solamente una tarea intelectual, es también una forma de protección psicológica colectiva frente a una época donde las emociones, amplificadas por algoritmos y fake news, amenazan con reemplazar la realidad misma.

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas

 

(1) Niño González, J. I., Barquero Cabrero, M., & García García, E. (2017). Opinión pública e infoxicación en las redes: Los fundamentos de la post-verdad. Vivat Academia. Revista de Comunicación, 83–94. https://doi.org/10.15178/va.2017.139.83-94

(2) Lewandowsky, S., Ecker, U. K. H., & Cook, J. (2017). Beyond misinformation: Understanding and coping with the “post-truth” era. Journal of Applied Research in Memory and Cognition, 6(4), 353–369. https://doi.org/10.1016/j.jarmac.2017.07.008

(3) Han, B.-C., Gabás, R., & Han, B.-C. (2014). En el enjambre (1. Aufl., 3. Nachdr). Herder.

(4) Yang, Y., Xiu, L., Chen, X., & Yu, G. (2023). Do emotions conquer facts? A CCME model for the impact of emotional information on implicit attitudes in the post-truth era. Humanities and Social Sciences Communications, 10(1), 415. https://doi.org/10.1057/s41599-023-01861-1

(5) Sultanova, I. V., & Orlova, T. E. (2020). Theoretical aspects of impact of the phenomenon of “post-truth” upon cognitive sphere of personality. Психолог, (3), 22–28. https://doi.org/10.25136/2409-8701.2020.3.32674

(6) University of Bucharest, & Chiracu, A. (2025). Post-Truth—When Emotion Becomes Authority EDITORIAL. Studia Doctoralia, 16(1/2025), 2–3. https://doi.org/10.47040/sdpsych.v16i1.179

(7) Sm, C.-V. (2025). Post-Truth Reality: Worldwide Infodemia and Mental Health Concerns during and Post COVID-19 Pandemic Scenarios. Mental Health & Human Resilience International Journal, 9(1), 1–10. https://doi.org/10.23880/mhrij-16000262

(8) Onchev, G. (2021). Changes in Psychopathology and Mental Health Resilience. Frontiers in Psychiatry, 12, 676492. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.676492

(9) Pröllochs, N., Bär, D., & Feuerriegel, S. (2021). Emotions explain differences in the diffusion of true vs. False social media rumors. Scientific Reports, 11(1), 22721. https://doi.org/10.1038/s41598-021-01813-2

(10) Montes, R. (2026, March 26). El Estado de Chile “quebrado”: Cuando no se le toma el peso a las palabras. El País Chile. https://elpais.com/chile/2026-03-26/el-estado-de-chile-quebrado-cuando-no-se-le-toma-el-peso-a-las-palabras.html

(11) Henríquez, M. (2026, March 30). ¿Recuperar el Estado de Derecho? La Tercera. https://www.latercera.com/opinion/noticia/recuperar-el-estado-de-derecho/

(12) Medrano, C. (2026, May 11). Profesor José Maza y dichos de Kast sobre ciencia: “Tenemos que aprender a pensar y para eso necesitamos grandes universidades.” Diario y Radio Universidad Chile. https://radio.uchile.cl/2026/05/11/profe-maza-y-dichos-de-kast-sobre-ciencia-las-ideas-son-lo-que-mueven-el-pais/

(13) jjbrunner. (2026, March 20). Kast: Inundar la zona. José Joaquín Brunner. https://brunner.cl/2026/03/kast-inundar-la-zona/

(14) Zheng, F. (2024). The Past Evolution, Present Challenge and Future Prospect of the Post-Truth Research. SHS Web of Conferences, 183, 03007. https://doi.org/10.1051/shsconf/202418303007

(15) Novoa Luengo, A. (2025). Impacto de intervenciones positivas en pacientes con dolor crónico [Artículo en preparación].

 

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