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PPD: ¿por qué no regresas a tu matriz? Por Juan-Pablo Pallamar

Cuando en 1987 el PS-Núñez inscribió al Partido por la Democracia (PPD), el Partido Socialista (PS) aún estaba proscrito por el Decreto Ley 77 de la dictadura. Formar un “partido paraguas” fue tanto un debate de la clandestinidad como “una herramienta para el logro de un objetivo específico”, el cual en palabras de Eduardo Rojas y Jorge Arrate (2003) se trataba de “habilitar legalmente a las fuerzas democráticas” para participar en el plebiscito de 1988. Así nació el PPD, como un apéndice socialista. Pero al no disolverse por la reunificación socialista, a partir de 1990 se dio vida electoral propia y rompió con su origen PS.

Hoy, si el PPD y otros partidos de la ex Concertación sufren de resultados que ponen en cuestión su existencia (se vieron amputados de 50% de su representación), el PS por su parte se eximió de ese resultado, coronándose con 15 escaños, principal bancada partidaria de izquierda en la constituyente: el proceso democrático más importante de los últimos 30 años y clave del futuro. Además, 1/3 de los asambleístas son independientes, la derecha mordió una derrota sin precedentes, y como telón de fondo, 9 millones de electores (60%) abstencionistas obligan a matizar todo balance triunfalista. El escenario para los partidos es entonces complejo. Todas las organizaciones del arco de fuerzas socialistas y socialdemócratas viven hoy momentos cruciales que interrogan sobre los pasos a seguir. Parece así primordial realizar primero una breve aclaración ideológica sobre la idea de “fuerzas socialistas”.

Un socialismo chileno

En Chile, la idea socialista tiene sus propias raíces. Raíces que se arraigan tanto en la fundación diversa y popular del PS en 1933 como en su proyecto de izquierda, autónomo de los lineamentos del orbe soviético. Salvador Allende vendrá a galvanizar la idea socialista fundacional, la cual prevalecerá como línea histórica (vía chilena al socialismo), superando el marxismo-leninismo disputado entre otros por el lote dominante del PS durante la UP (los elenos).

Así, el proyecto transformador de Allende, en el cual la democracia multipartidista tiene un rol fundamental, terminó por hegemonizar tanto al PS como al conjunto de la izquierda, inclusive a escala continental. De modo que hoy es imposible abstraerse de que, en el allendismo, el socialismo y la democracia son inseparables. “Socialismo democrático” es así una redundancia que merece ser destacada, pues por su historia y génesis nacional, el socialismo es un proyecto democrático. El arco de partidos socialistas en Chile se define entonces por las organizaciones que comparten este origen común y que debieran hoy confluir en el PS.

Resultados letales

Los resultados del 15 y 16 de mayo tienen consecuencias dobles para el PPD. Heraldo Muñoz presidente del PPD no sólo declina su candidatura presidencial en favor de la socialista, Paula Narváez, sino que además mata su propio partido: “ya cumplió su ciclo vital” dice. Y parece en parte tener razón. El declive electoral del PPD es estructural. En el marco del 18-O en que lo simbólico se impone por sobre lo cuantitativo en la formación del poder, si el PPD desprovisto de proyecto histórico contrae su representación electoral a mínimos irrisorios, no parece quedarle nada más que el ocaso inexpugnable. Y acto seguido a ese diagnóstico, Muñoz impulsa “la creación de un nuevo referente”. Pero ¿qué nuevo referente es imaginable sin proyecto histórico, y cuando en consecuencia, el partido se ha organizado sobre la volatilidad de lo electoral? Converger junto a otras fuerzas políticas no es evidente. Y un nuevo referente socialista no es viable sin el PS.

¿Qué interés tendría el PS en fusionarse a un proyecto que baja sus banderas y cambia sus emblemas y colores, si las elecciones demuestran su vigencia en el ciclo nacional nuevo? ¿Qué sentido tiene además inventar otro partido cuando la energía del nuevo ciclo la drena una corriente ciudadana contra los intermediarios (es decir menos partidos) y por mecanismos más directos de democracia (partidos más horizontales)?

La hora de las convergencias históricas

Si 48 constituyentes son de listas independientes, 27 lo hicieron por medio de “la lista del pueblo”, organizada con autonomía regional (sin aparato central) distrito por distrito, en gran parte del país. Así consiguieron un resultado equivalente al de la lista PS-DC y del FA-PC. Nicolás Massai y Benjamín Miranda (CIPER) señalan además que 77 de los constituyentes electos persigue cambios radicales. De respetarse el quórum de 2/3, las normas de la nueva constitución requerirán 103 escaños. Con lo cual la constituyente requerirá convergencia entre las fuerzas de cambio y de izquierda. No es entonces tiempo de crear más partidos. Parece más bien hora de recuperar los cauces fundacionales para confluir.

En el PS reside el origen y significado del PPD. Dentro de ese espacio vital, el PPD puede hoy reconciliarse con su pasado y proyectarse como fuerza de cambio desde el PS. Una reunificación 2.0 recargada de símbolos densos y necesarios, encarnados por el retorno al tronco histórico de liderazgos democráticos como el de Carolina Tohá.

Entonces si los resultados del PS en mayo revelan que el país también quiere de una izquierda con un proyecto socialista, ¿por qué, en vez de ir por aventuras partidarias difusas, no le damos a Chile una fuerza ecosocial y democrática fuerte y unida sobre cimientos de una memoria sólida? ¿Por qué el PPD no regresa al Partido Socialista?

Juan-Pablo Pallamar
Cientista Político
Investigador en geopolítica de l’Université Sorbonne Paris Nord

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