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Presidente ¿y los datos? Por Rolando Poblete Melis

En la reciente cadena nacional el presidente Kast se digirió a la nación para comunicar los logros alcanzados en el mes que lleva su mandato, además de explicar su proyecto de reconstrucción nacional. Fue, a todas luces, una puesta en escena destinada a impactar a la población y ganar la siempre esquiva adhesión popular.

A partir de su alocución al país nos enteramos que, en el tema migratorio, “en el primer mes de gobierno se registran significativamente menos ingresos irregulares que en los últimos cinco años, mayor número de salidas voluntarias y un mayor número de extranjeros expulsados del territorio nacional”. Aunque no contamos con datos que respalden las afirmaciones –ni el presidente o sus ministros se dieron la molestia de entregar a la prensa o a la ciudadanía la evidencia– debemos suponer que la información comunicada se corresponde con la realidad.

Luego, el presidente continuó señalando que “mañana, a primera hora, despegará el primer vuelo, de muchos, que irán sacando de manera continua a todos aquellos inmigrantes irregulares que no deben continuar en nuestros país”.

Si seguimos la lógica de las palabras del presidente Kast, debemos colegir que en un mes se ha logrado expulsar a más extranjeros que en los últimos cinco años, pero paradójicamente el primer vuelo de expulsión se realizaría recién al día siguiente de la cadena nacional y alcanzaría a un total de cuarenta. O sea, antes de la primera expulsión formal, ya se habían realizado más expulsiones que en el gobierno anterior. Claramente, algo no calza.

Luego, el discurso se centró en seguridad y en los operativos que habían permitido la detención de cientos de prófugos de la justicia, sin especificar su número. A renglón seguido destacó el apoyo decidido a las policías, sin mencionar que hasta hace unos días atrás unas de las medidas estrella del gobierno, de la que hubo que retractarse, era reducir el presupuesto a esas mismas policías.

Podríamos seguir.

El punto es que reparar en estos detalles –que no son tan detalles– no es un capricho para poner en evidencia las contradicciones, o mentiras si se quiere, que el discurso político, siempre interesado, busca instalar como verdad. Es, ante todo, un llamado a la responsabilidad, a actuar con honestidad y, sobre todo, con datos y números que permitan convencer no con afirmaciones de tono épico carentes de realidad, sino con evidencias que hagan sentido a las población. La adhesión popular se logra con resultados, no con deseos y frases rimbombantes, y en eso, el escaso 34% de apoyo a la gestión del gobierno, sí es verdad.

Rolando Poblete Melis

Académico

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