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Principios de humanidad: la esperanza y la solidaridad. Por Alex Ibarra Peña

«Mira que yo envío a mi Ángel delante de tí,
para que te guíe y guarde en el viaje,
hasta introducirte en el lugar que te he preparado»
(Ex. 23, 20)

«Se han unido con nosotros compañeros de esperanza»:
(Cantata Santa María de Iquique).

La retórica política más funesta es esa que aparta la verdad de los hechos, rasgo distintivo de operadores que se adueñaron de las instituciones del Estado y que siguen buscando mantener ese poder después de que un pueblo movilizado desde la esperanza les dijo que se fueran. El pueblo sufrió muerte, torturas, mutilaciones, encarcelamientos y dura represión, y ellos siguen donde estaban, tomando decisiones. Estos inescrupulosos son los que daban la bienvenida a los migrantes con palabras de bienvenidas, varios de sus simpatizantes son los que están liderando las acciones de violencia contra los migrantes. La clase explotada siempre ha sido maltratada y vulnerada, el respeto a la dignidad humana sigue en suspenso, de ahí que las transformaciones sociales y políticas son relevantes en cuanto establecerían un nuevo orden ético concordante con una vida espiritual armónica apartada de la violencia.

Las sociedades latinoamericanas constantemente explotadas y dominadas por grupos de intereses políticos sufren el desarraigo y quedan expuestos a los exilios provocados por líderes deshonestos. Los grandes desplazamientos humanos siempre son forzados y sus causas son bastante obscenas. Los medios de comunicación como siempre no están a la altura en la entrega de información pertinente y menos aún en los análisis. La salida de Edén sólo es producto de la fuerza y la sensación del desarraigo es dolorosa y provoca extrañamiento.

Para la filosofía de la liberación latinoamericana la cuestión de la esperanza es central, podríamos decir irrenunciable, el filósofo crítico Ernts Bloch nos entregó un importante libro sobre el principio de la esperanza. Mucha relevancia tiene este concepto en importantes latinoamericanos, pero fundamentalmente en la obra de los filósofos de la liberación argentina -movimiento que cumple 50 años- desde las primeras reuniones convocadas por Juan Carlos Scannone y Enrique Dussel; y también por cierto en la del educador Paulo Freire figura protagónica en estos días debido a su centenario.

Los migrantes tienen esa fuente de motivación: la esperanza. No tienen derechos en territorios extranjeros, son los parias. Nuestro país escasamente ha desarrollado, desde la administración pública, una política en torno a la migración. Apenas se ha comenzado a ver algún indicio burocrático por cierto insuficiente. Pero, los migrantes no son un documento que necesita membrete, son seres humanos cargados de esperanza en busca de una tierra prometida. La esperanza es uno de los deseos humanos más nobles que movilizan la vida, esto ha servido a ideales religiosos, y por cierto también políticos.

Cualquier viajero extenuado requiere de la hospitalidad, un largo viaje merece de la hospitalidad que permita la alimentación, el aseo y el descanso. Claramente la administración pública del Estado no ha sido capaz de brindar las condiciones mínimas. Aquí es cuando las palabras aparecen separadas de los hechos.

Esta inoperancia sólo puede ser superada por el pueblo, ese que alcanza un grado de conciencia que no se deja manipular por los discursos fascistas y excluyentes. El pueblo ayuda al pueblo es un lema que manifestaba la solidaridad del pueblo. Este es el lema que debe operar en las fronteras frente a esta migración que tiene como causa ese terrible zarpazo que dan las intervenciones del imperialismo, que sigue actuando en nuestro continente. Debemos hacer cada vez más elocuente el principio de solidaridad, tan cristiano y tan republicano (fraternidad).

No podemos dejar de condenar la brutalidad. Tampoco debemos dejar de resistir frente a la dominación que imponen las intervenciones traidoras del imperio de nuestros días. Tal vez no necesitemos de banderas, más bien nos han separado, nuestros territorios demandan hoy una unidad soberana como lo ha venido diciendo López Obrador uno de los referentes protagónicos en estos días.

Hace unos años estábamos orgullosos del mensaje de esperanza hacia el mundo, la solidaridad de los pueblos se manifestaba solidariamente. Hoy sentimos vergüenza por permitir que se cometan crímenes de lesa humanidad a los más vulnerables. Nuestra reivindicación está en el ejercicio de la solidaridad que sin duda restablecería nuestra esperanza. La esperanza y la solidaridad encuentran un lugar común en el amor. Cuando estamos lejos de esto, es lícito que nos preguntemos: ¿somos el Chile que despertó?

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos.
Instituto de Filosofía UCSH.

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