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Prisioneros de nuestra libertad: Notas sobre Chile. Por Nicol A. Barria-Asenjo

Para articular algún esbozo de las condiciones actuales que vive la población del Estado chileno -siendo este uno de los temas que se tocarán en este escrito- es irremediablemente necesario realizar un breve retroceso a un pasado reciente y el cual persiste vivo no solo entre los recuerdos favoritos de la población que se involucró, ya sea directa o indirectamente en las manifestaciones que buscaban justicia social, sino que, también hay huellas vivas en más de algún análisis, columna, investigación, charla, ponencia, etc. Que han abordado desde diferentes disciplinas lo ocurrido desde el 18 de octubre del 2019. Desde ese momento Chile se vería confrontado con su estructura y su sistema producto de los estallidos sociales desatados a lo largo y ancho del país. Sin duda, hay consecuencias importantes que se verían incrementadas con la llegada de la pandemia del Covid-19 y reflexiones pendientes que quienes componemos el país tenemos obligación de considerar.

Según el documento emitido por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) “Informe Anual: Sobre la situación de los Derechos Humanos en Chile en el contexto de la crisis social” el total de personas heridas en esos meses de manifestaciones correspondió a un total 11.1180. Las detenciones registradas responden a la cifra de 21. 267, entre estos datos se encuentran una amplia gama de actos que atentaban contra la integridad física y psicológica, y una desproporcionada violación a los Derechos Humanos, los innumerables avances históricos, sociales, loa progresos respecto de los avances tecnológicos y científicos del mundo globalizado, no impiden evitar el dilema de la libertad, por el contrario, parecieran ser factores importantes que orientan la dirección de la humanidad a una suerte de prehistoria renovada y adaptada en el escenario contemporáneo.

Cualquier cifra o documento que se genera escapa a la subjetividad de cada afectado, a las consecuencias que produjo en estos. Las vivencias de las víctimas de este proceso corresponden a otro plano que de ninguna manera puede registrarse o evaluarse estadísticamente. Por lo cual, no hay manera de evaluar el impacto social de manera general pese a los intentos de las instituciones que velan por el bienestar de las personas que componen el país.

Hecho similar se extrapola en los índices económicos que mantiene Chile, donde, por ejemplo, el país se posiciona positivamente en comparación con otros países latinoamericanos. Sin embargo, en la práctica, la segregación y extrema pobreza que visualizamos como chilenos responde a otro panorama punto aparte de lo que las cifras señalan. Dicho lo cual, el presente escrito se enfocará en los conceptos que construyen el título de estas líneas, si bien, “Prisión y libertad” desde una perspectiva externa parecen ser una suerte de oxímoron, en las siguientes líneas, veremos que son parte innegable de la estructura social que a diario se vive en Chile. En consideración del señalamiento anterior, podemos asegurar al lector que toda empresa que se dirija abordar los dilemas sociales y humanos quedará corta, pues, presenta la imposibilidad de la generalización. Entonces, este no es más que uno de los muchos intentos de acercamientos o análisis.

Retomando el porqué del título, tomaremos las palabras del filósofo Slavoj Žižek (2014) para acércanos a una respuesta. En su libro titulado “Problemas en el paraíso: Del fin de la historia al fin del capitalismo” manifiesta: “La libre elección se eleva a un valor supremo, el control y la dominación sociales ya no se ven como algo que viola la libertad del sujeto, sino que han de verse (y sustentarse) como la mismísima experiencia del individuo como sujeto libre.

Esta falta de libertad a menudo aparece so capa de su opuesto: cuando nos vemos privados de asistencia sanitaria universal, se nos dice que es porque se nos está otorgando una nueva libertad de elección (escoger quién nos va a proporcionar esa asistencia); cuando ya no confiamos en el empleo a largo plazo y se nos obliga a buscar un nuevo empleo precario cada par de años o quizá incluso cada par de semanas, se nos dice que ahora gozamos de la oportunidad de reinventarnos y descubrir nuestro potencial creativo inesperado; cuando tenemos que pagar por la educación de nuestros hijos, se nos dice que somos «empresarios del yo», que actuamos como un capitalista que tiene que escoger libremente cómo invertirá los recursos que posee (o ha pedido prestados) en educación, salud y viajes. Bombardeados constantemente con tal «libertad de elección» impuesta, obligados a tomar decisiones para las que no estamos debidamente cualificados (o para los que no poseemos suficiente información) experimentamos cada vez más nuestra libertad como una carga que provoca una ansiedad insoportable. Incapaces de romper este círculo vicioso por nosotros mismos, como individuos aislados, puesto que cuanto más actuamos libremente, más nos esclaviza el sistema, necesitamos despertar de este sueño traumático de falsa libertad zarandeados por la figura de un Amo” (p.43-44)

En el fragmento anterior, encontramos indicios de esta esclavitud que hay presente en las supuestas libertades que nos entregan para seguir con la dominación, una esclavitud sutil, casi invisible, que todos adoptamos mediante esa ilusión de libertad. La llegada de la pandemia trajo consigo un reacomodamiento de esas supuestas libertades en el sentido de que a la luz del encierro obligatorio en nuestras casas y tras la prohibición por largos periodos de reuniones sociales, cierres de locales etc, los medios de comunicación, los aparatos tecnológicos nos brindaban nuevamente otro campo de batalla en el cual somos prisioneros de la estúpida ilusión de una libertad que creemos tener, pero que en absoluto mantenemos. Creemos que elegimos que leer, que información recepcionar y cual rechazar, tenemos una idea un poco arrogante e ingenua respecto de nuestros teléfonos móviles en el cual tenemos un espacio privado para poder desplegarnos con total libertad olvidando que Google, Facebook, WhatsApp, y otras tantas aplicaciones mantiene un registro total de todos nuestros movimientos, datos que no nos pertenecen.

Nuestra época actual parece impregnada de una esclavitud de la cual ansiamos participar, en esa búsqueda de nuestra necesidad de control de nuestra libertad, liberación etc., nos vemos inmersos en las formas contemporáneas mediante los cuales participamos activamente de nuestros encierros y limitaciones. Podríamos pensar que las manifestaciones que se desencadenaron en el Estado chileno, responden a un tema específico, o que en medio de la pandemia las protestas que emergieron producto del hambre y la extrema pobreza que hay en un grupo es por 1 motivo, pero la carga que hay, es una mezcla de dilemas que tocan lo humano y que en el fondo, lo humano cada vez pesa menos, y esta es una carga que arrastramos de manera inconsciente o consciente. Desde el trabajo lugar en el cual ya comenzamos a ser fácilmente reemplazados por la tecnología, hasta los grandes avances que amenazan lo humano y desde lo cual la humanidad comienza a ser solo un obstáculo para el progreso.

Con todo lo anterior queda replantear que es la libertad y la pregunta pendiente sería ¿Cuánta esclavitud y dominación somos capaces de tolerar para mantener intacto nuestro autoengaño de que somos libres? O ¿cuánto de ello se verá modificado tras el impacto del Covid-19 al mundo?

Referencias:

1 Informe Anual Instituto Nacional de Derechos Humanos, Recuperado en: https://bibliotecadigital.indh.cl/bitstream/handle/123456789/1701/Informe%20Final-2019.pdf?sequence=1&isAllowed=y

2 Datos disponibles en: http://ddhh.minjusticia.gob.cl/informacion-sobre-la-situacion-delpais-desde-el-19-de-octubre

3 Žižek, S ( 2014) Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo: Anagrama.

Autora: Nicol A. Barria-Asenjo.
Correo de contacto: nicolbarria@gmail.com

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