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Profesionalizar la educación parvularia: el desafío del nuevo gobierno feminista- Por Paula Guerra Zamora y Pamela Rojas Poblete

Nos encontramos iniciando un nuevo gobierno, que se define como un gobierno feminista y transformador. Dentro de sus propuestas se encuentra avanzar hacia la equidad en la educación parvularia, con foco en el acceso y en la calidad de los procesos educativos. Sin duda estos son desafíos relevantes, pero hay un aspecto de la equidad que no debemos olvidar, esto es, avanzar también hacia una verdadera profesionalización de este tipo de educación.

De acuerdo con mifuturo.cl, plataforma del Ministerio de Educación que recopila datos de salarios de diversas profesiones, al 2021 las educadoras de párvulos se encuentran entre quienes reciben los salarios más bajos dentro de la profesión docente, con un promedio de $636.000. Además, la ley de carrera docente solo recientemente ha incorporado a profesionales que se desempeñan en jardines infantiles, y además ha limitado de manera injustificada su acceso a la carrera docente (con sus reconocimientos profesionales y salariales asociados).

El salario y reconocimiento profesional son sólo algunos aspectos de la tarea de profesionalización. Ésta también requiere superar múltiples factores culturales propios de una sociedad patriarcal. Este discurso ha dificultado la valoración social de la profesión dado que las habilidades y competencias profesionales se asumen como algo innato en el “ser mujer” y en la visión androcéntrica, se construye a la educación parvularia como un área en donde el cuidar como lo hace la diada madre-hija o hijo se aprende en la universidad.

Las educadoras de párvulos desempeñan un rol clave como mediadoras de los aprendizajes. Las experiencias mediadas inciden directamente en los procesos cognitivos de los niños y niñas, por lo que exponerse a este tipo de experiencias cognitivamente más desafiantes favorecen la plasticidad cerebral y propician el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, la autorregulación emocional, la flexibilidad en el pensamiento, entre muchas más.

Lamentablemente desde el imaginario social, no se visualiza la necesidad de mayor formación ni reconocimiento profesional. Esta representación, además de dar cuenta de un discurso que desvaloriza el rol profesional de las educadoras de párvulos, excluye el sentido pedagógico que tienen el cuidado amoroso y la educación integral.

Un gobierno feminista debe abordar el género como un elemento movilizador y de análisis que pueda revertir esta precarización y falta de valoración social de quienes solo ocasionalmente en el discurso público se les reconoce la trascendente labor que realizan. Requerimos no sólo de gestos simbólicos, sino que también de acciones concretas.

Paula Guerra Zamora
Académica Centro de investigación para la transformación socioeducativo, UCSH

Pamela Rojas Poblete
Educadora de párvulos, Directora Jardín infantil y sala cuna Alice Guy, Fundación Integra

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