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Qué es la enemización. Una glosa más allá del malestar[1]*. Por Mauro Salazar J.  

"Abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis".              _ Dante. Comedia. Inferno.

  Los estados de insurgencia, intifada y revuelta nos demandan una nueva categorización que busca trasuntar las complacencias del malaise, la conflictividad moderna de los Think Tank y los agonismos crítico-liberales que hoy ficcionan disputas entre adversarios. Tal necesidad, se funda en un agotamiento categorial y en las tautologías aporofóbicas del mal-estar, para escrutar, más allá de la vocación pedagogizante del mainstream, las fisuras de la modernización chilena (2011, 2019). Sin perjuicio del malaise, como una democracia para niños, el momento actual reclama otros utillajes, aquellos que deben responder a los “trastornos geopolíticos del Antropoceno” e implica comenzar a descifrar un cúmulo de nuevas incertezas socio-epistémicas en medio de destructividades primarias, sedimentaciones- o la guerra como figura permanente de todo conflicto.

Ello no sólo busca atisbar un “arte contemplativo” sobre las transformaciones político-digitales, la crisis de todo reparto comunitario, o ilustraciones adaptativas sobre las formas mediales, sino relevar la enemización como “caja de herramientas”, situada y afirmativa, para descifrar e intervenir en contextos de pánico, desorientación visual y dudosos accesos cognitivos. En lo tocante al género literario y a la economía escritural, los textos de Carlos del Valle[2]*, no vinculan una metodicidad argumental con un plan prefijado suscrito -dogmáticamente- bajo una “progresión argumental”.

Tampoco se trata de una conceptualización que responda dócilmente a los reclamos vitriólicos de las redes sociales y ese frenesí porque el manuscrito sea una “cámara Polaroid”, de textualidades sin experiencia. Se trata más bien de una serie de intervenciones que se alumbran unas a otras, no en función de la progresión de una perspectiva unitaria, sino en desde lo que podríamos denominar la reiteración de temporalidades en diversos planos discursivos. La forma de investigar se erige en ruptura con la noción de objeto en su sentido clásico, a saber, como reducción del texto crítico a un problema de base.

Así mismo, los nudos escriturales, no conciben la investigación tras la sucesión ordenada de procedimientos lógicos y contrastaciones empíricas, sino como deliberación sistemática y deseo de metodicidad sobre múltiples nudos teóricos-políticos. La investigación en los términos concebidos no permite tal regresión epistemológica. De modo que cuando el objeto de la investigación reclama la univocidad de sus mecanismos, y el privilegio compartimental de su problema, el trabajo abraza "formaciones textuales" y una pluralidad de objetos múltiples y descentrados que aún sostienen un “hilo de voz”. La enemización, no se agota en una semántica de binarismos descriptivistas. Ello se debe situar en trayectorias y condiciones materiales que impiden una inscripción no homogénea de la categoría.

Así, la “guerra total” del medio oriente no remite al ius belli moderno y que calza sin fisuras con el armatoste colonial. Aquí el derecho internacional ha sido relativizado, porque su guerra es contra los inhumanos, no contra la humanidad, su guerra es vista como aquella que opera a favor del derecho internacional que, tantos organismos internacionales, ha sido reprochado como un incumplimiento. Todo ello en relación con la stasis como racionalidad imperial, “localización dislocante”. Un an-arché abismante, necesario y con vértigos paroxísticos y omniscientes, y sin saber nada sobre el destino del campo político.

Lejos de un tiempo homogéneo, la enemizacion participa en distintos “juegos de lenguaje”, como, asimismo, en prácticas materiales que deben ser desmasificadas en sus usos. De un lado, la lucha o el enfrentamiento “cuerpo a cuerpo” entre enemigos es siempre, un presupuesto de aquella identificación fallida que se introduce al amenazar la existencia de un otro y abunda en la alquimia de autoritarismos cavernícolas. De otro, la enemización, que se inscribe al interior de la contemporaneidad hegemónica, también puede ser un dispositivo de guerra, a saber, colonización, racionalización y criminalización bajo el orientalismo de Sarmiento y Alberdi.

Aquí es posible invocar un nombre: Gaza. Tales sucesos, propias del despojo, congregan la articulación de distintas fuerzas sociales, que se encadenan entre sí en la medida en que se posicionan antagónicamente respecto de un “enemigo común”, lo que suscita una producción de sentido y demandas para representar del conjunto de fuerzas articuladas que buscan promover hegemonía políticas. Pero, cabe advertirlo, es una posibilidad de lectura en sociedades que destacan por el “enemigo absoluto”, cuestión que trasunta el “raitil cognitivo del malestar”

La categoría cultiva una energía crítica para poner en evidencia cómo opera el poder en la extracción de cuerpos dóciles. De un lado. atribuye representaciones estigmatizantes al otro (otrocidio) y, de otra, develan discursos y prácticas que actúan como mecanismos necropolíticos y despojos.

La construcción de la invención de las tradiciones sobre las cuales se asientan tanto la fundación de los estados nacionales como las de diversas tradiciones políticas de tipo conservador, de “derecha”, izquierdas del consenso de Washington y, hoy regímenes neoliberales. Contra todo, la opacidad constitutiva aquí no se funda en el sentido dialéctico del término. La noción de negatividad es necesaria y constitutiva. El campo social es concebido como movimiento sin resolución entre positividad y negatividad, porque no existen relaciones sociales transparentes. Sin duda, en la guerra de posiciones, donde la enemización discursiva comprende una política de imágenes, viralidades y cuerpos. A diferencia de los clásicos y encomiables trabajos de Néstor García Canclini. En su éxtasis -meritorio- por establecer una nueva contraposición entre lo híbrido para entrar y salir de la modernidad, abrazó un culturalismo dócil que era emplazado desde la “subalternidad” como el vaciamiento de la negatividad antagónica, por el consumo de bienes simbólicos y digitales. La innovación de la “hibridación cultural” -bricoleur- fue también la identificación conformista de García Canclini (1990), consagrando un modelo que facilitaba el “supermercado cognitivo” que permitía transitar entre modernización y tradicionalismo, reubicando el clivaje centro-periferia e interactuar entre lo global y lo local, mediante fragmentos -adaptativos- de acumulación flexible (capital).

En suma, la enemización -en su hermenéutica política- devela un clivaje en la acumulación de capital financiero bajo un ciclo hegemonizado por el despojo de la acumulación. La categoría y sus territorios, se deben a lo plural-discordante- y deben ser interrogados en todos sus alcances y definiciones, a saber, como un campo de antagonismos emergentes, en estado de sedimentación, o bien, como un momento constitutivo y fundante del cuerpo social. Allí donde ha colapsado el sistema de mediaciones y todo reparto comunitario se torna abismal, ante la arremetida de diversos integrismos. En la actualidad enfrentamos un régimen de enemistades glonacales y Un caleidoscopio de registros, liderazgos coléricos del nuevo modo de producción que tiene en su inconsciente el Orientalismo de Edward Said (lo indígena, la dulce civilización del progreso y el colonialismo, Donald Trump, Bolsonaro, Oleksándrovich Zelenski, Vladímir Putin, Medio Oriente, Javier Milei y José Antonio Kast). Es inspirador abrazar la desobediencia civil y la estética del exterminio, amén de un sombra anarco-barroca que se inscrita en tal economía argumental.

Finalmente, la pregunta sería, es posible pensar todo proceso de enemización y de alteridades, modos de producción, las experiencias heterogéneas del objeto estudiado, y mantener mínimos ontológicos. Estas claves asedian al libro y, esencialmente, el “problema del otro” como afirmaba Todorov.

 En suma, se trata de descifrar un modo de producción en el cual el enemigo, cabe admitirlo, resulta ser uno mismo.

 

Mauro Salazar J.

Doctorado en Comunicación.

Universidad de la Frontera.

 

 


[1]* El autor consigna que el trabajo se enmarca en el proyecto Fondecyt N° 1220324. Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID.

[2]* Véase las siguientes publicaciones, La Construcción mediática del enemigo. Cultura indígena y guerra informativa en Chile. Comunicación social. Ediciones y publicaciones. Salamanca (2021). “L’Ennemi. Production, médiatisation et globalisation”, editorial L’ Harmattan (2022). Edición árabe. Universidad Mohammed V de Rabat. Traducción de Azeddine Ettahri y Abdellatif Ouchene (2023).

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