En kioscos: Abril 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Qué hacemos con la historia del vino en Chile. Por Alex Ibarra Peña

"Incluso el pasado puede modificarse;
los historiadores no paran
de demostrarlo"
(J. P. Sartre)

Tenemos una larga data histórica del vino como uno de los quehaceres instalados en la Colonia, en el proceso de independencia, en la modernización decimonónica, y atravesando todo el siglo XX hasta nuestros días. Las investigaciones siguen aportando archivos y documentos que van respaldando estos acontecimientos que ayudan a fortalecer una imagen nacional y patrimonial que va conformando un relato un tanto homogéneo, junto a algunos consensos, que sin tanto debate, constituyen un relato oficial con carácteres dogmáticos.

Los relatos con esas características no tienen tanta pertinencia, terminan colaborando con los prejuicios más que con las verdades que al menos podríamos suponer como parte de la práctica histórica. Por eso es que la mera fuente histórica puede ser infecunda cuando no es parte de los fundamentos de una cultura. En torno a Chile y el vino, creo que es interesante la idea de que "el vino es cultura", reflejando con esto una suerte de manifestación de nuestra identidad.

Muchas manifestaciones intelectuales y artísticas sirven de apoyo para comprender esa constante relación del vino en nuestro desarrollo económico, social y cultural. Encontramos una serie de huellas memorísticas que pueden servir de testimonio. Estas fuentes, que nos amplian una mirada para no quedarnos meramente en el archivo histórico, que a veces peca de ser bastante problemático por sus omisiones e ignorancias, termina haciéndolo más invilizador al no entregar una mejor imagen que permita mostrar lo acontecido.

La historia del vino no es suficiente para establecer una buena comprensión cultural, de hecho a veces es más un obstáculo en cuanto a que entrega nociones confusas presentadas como evidencias. Esto ha traido errores que, como por ejemplo la desaparición de valles con bastante tradición, por mencionar algunos, el Bío Bío y el Marga Marga, por esa invilización a veces intencionada por los grandes capitales de inversión que privilegian lugares con menos significación; desde esta perspectiva también se comprenden los grandes esfuerzos de resistencia que hacen valles como el Maule y el Itata para lograr una mayor visibilización que varias veces les ha sido negada, por otros valles que tratan de inventarse una historia.

Estas ideas presentadas de manera cuestionadora buscan permear ciertos relatos que aparecen sobrevalorados trayendo como consecuencia una visión pobre de la cultura del vino, lo que tiene como resultado que en vez de establecer pertenencia identitaria la dificultan negándola. Es necesario recuperar muchos relatos siendo crítico con ciertas visiones ya establecidas, para construir una mejor comprensión que tenga como consecuencia una participación más popular y nacional que permita un legítimo destino a este quehacer. Ayudar a esa práctica que entiende que tiene más mérito compartir una botella de vino en vez de tenerla guardada, experimentar un consumo del vino más cotidiano y menos formalizado.

Tenemos exquisitos vinos, de muy buena calidad, de muchas cepas y de distintos valles, con auténticos productores, viticultores y enólogos Disfrutar este noble producto que brota de una tierra que le es generosa, constituye un acto cultural propio, más aún cuando esos mostos son probados en sus territorios. Familias, pueblos que tienen varias historias, junto a esto hay formas de vidas, modos de existencias, que si los tomamos en cuenta desde la conciencia de una cultura nacional podríamos constribuir también a un destino.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

Compartir este artículo