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Que viene el cuco. Por Gustavo Gac-Artigas

Desde aquella lejana época, y a veces no tan lejana época, en que se pensaba que educar a los niños era obligarlos a obedecer a ciegas las rígidas reglas de los adultos, reglas impuestas en un régimen de hierro: la letra con sangre entra, a cachuchazos se aprende a obedecer, o una metodología más humana, aplicar la política del terror, el terror te llevará a no cometer errores, considerándose error aquello que difiere de lo que yo deseo.

Cuántas noches no nos despertamos aterrorizados, fuera por las rígidas reglas de nuestros progenitores, o peor aún por las rígidas reglas de las religiones que nos ofrecían las penas del infierno si las infringíamos.

Desde aquella lejana, y no tan lejana época en algunos casos, que el asustar con el «que viene el cuco» hace parte de la vida política y a veces moral de nuestro pueblo.

Y si el cuco regresa a mi mente es por los comentarios sobre la nueva constitución, los recalcitrantes de uno u otro lado, —y como alguien dijo, «los extremos se juntan»—, ambos anuncian la hecatombe, caeremos en la dictadura comunista, brrrr, el cuco, nada cambiará y el pueblo quedará sin voz, brrrr el cuco, si se aprueba será una constitución de hierro, de esas de las que no se cambiará una coma, brrr, el cuco, si no se aprueba es el fin del progresismo, brrrr, el cuco.

Y entre cuco y cuco se pasea la razón.

Vivimos una nueva época, y no hay que tener miedo, vivimos aires de cambio, y son refrescantes y no hay que temerles; cierto lo desconocido siempre produjo y produce miedo, el cuco a tener que enfrentar una nueva situación.

¿Quiénes juegan con el cuco?

Los privilegiados quienes temen que se les quite algo de su fortuna, sea esta bien o mal habida, producto de una o más quiebras fraudulentas, de un incendio provocado, de ganancias no declaradas, del pagar bajos salarios, de la especulación. Temen, y avaros, esconden las riquezas, dispersan sus bienes, y para que no se encuentren, los sacan del país. Temen, el cuco ronda por las cuentas bancarias, cuando quizás el cuco no sea tan cuco y lo que se les pide es pagar lo justo en el camino a una sociedad más justa.

En este terreno también se encuentran aquellos a los que les hicieron creer que pueden ser parte de una elite, y el cuco les dice, si no votan como yo jamás podrán cambiar su destino. Lo que no se les dice es que el sistema está estudiado para que ellos no salgan de su puesto, quizás uno que otro logre hacerlo para mostrar que el sistema es justo, y esconden la miseria en vanos sueños de riqueza.

¿Quiénes juegan con el cuco?

Aquellos que viven en el pasado, que sueñan con un poder absoluto donde el derecho a disentir es ir contra la regla, donde sus reglas son las que una población infantilizada debe seguir, como al comienzo, como en esa infancia desgraciada en que nos hicieron temer, y en el temor, aceptar reglas de otros sin pensar que nuestras reglas eran distintas, que nuestro mundo era distinto, que estábamos construyendo nuestra madurez, la nuestra y no la de ellos.

«Que viene el cuco» reina en mi país, «que viene el cuco» reina en el mundo.

Lo sé, no es tarea fácil, pero dejar de temer al cuco, mejor aún, dejar de amenazar con el cuco es primordial si queremos avanzar, si queremos dejar avanzar a quienes se criaron sin temor al cuco, si queremos que nuestro país avance.

El domingo 4 de septiembre se vota «el apruebo» o «el rechazo», faltan pocos días para que dejemos atrás el miedo al cuco, a los cucos, y nos enfrentemos a la realidad. Nos guste o no, el mundo está cambiando y hay que dejar atrás el miedo.

*El autor es escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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