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Rapa Nui, estado de emergencia (y 2) Por Santiago Vilanova

 Incipiente gestión energética y ambiental de las autoridades locales y chilenas para mitigar y adaptar la isla al cambio climático.

Cuando en noviembre del 2001 viajé a Rapa Nui empezaba a circular el tercer informe del IPCC divulgado a raíz de la COP-6 sobre el Cambio Climático de Bonn celebrada en julio. En su contenido se advertían los efectos que el cambio climático tendría en las pequeñas islas: erosión (los suelos volcánicos de Rapa Nui tienen una profundidad de 45 a 60 cm); daños en los ecosistemas costeros; riesgos de incendios forestales y la vulnerabilidad en el abastecimiento de agua (en la isla hay escasez a causa de la baja capacidad de retención provocada por la desforestación y la porosidad del terreno).

Estos problemas empezaban a preocupar a los gobernantes, pero también a las autoridades chilenas y al OPET (Organisation for the Promotion of Energy Technologies) de Mercosur. Tuve la ocasión de asistir a un seminario celebrado en la Corporación de Investigación Tecnológica (INTEC) de Santiago (1) donde expuse nuestras propuestas ecológicas para la isla. En aquella ocasión me acompañó Cipriano Marín, funcionario de la UNESCO dedicado a promover las energías del sol a través de la asociación Insula. Años más tarde le transmití mi decepción respecto a que la declaración de Rapa Nui como Patrimonio de la Humanidad no hubiese potenciado un plan para mitigar el impacto del cambio climático sobre este extraordinario legado arqueológico.

La situación que detectamos era grave: vertederos incontrolados en Orito y Avaihu, como lo fue el más antiguo de Hanga Hemu; ausencia de tecnologías de reciclaje; contaminación y vertido de aceites dieléctricos empleados en los generadores diésel de General Electric (cerca de 8.000 litros al año); falta de una planta depuradora eficiente; agrotóxicos utilizados en la agricultura local… Propusimos la redacción inmediata de una Agenda 21 ( una gestión ambiental integrada y participativa acordada en la Cumbre de Río-92) y manifestamos nuestra inquietud a la presidenta Michele Bachelet mediante una carta de 24 de enero de 2006, al igual que lo hicimos el 24 de noviembre de 2002 a su Alteza Real el entonces Príncipe de Asturias, que en 1997 había visitado la isla para asistir a la botadura de la balsa de juncos Mata-Rangi con la que el explorador Kitín Muñoz pretendió llegar hasta la Polinesia.

En el año de nuestro viaje la poderosa empresa pública SASIPA (filial de la Corporación de Fomento-CORFO) controlaba los servicios de agua, electricidad, ganadería y carga y descarga de buques. Ninguna entidad local le había reclamado una auditoría energética y ambiental. El mismo día que visitamos la compañía se habían vertido docenas de bidones de aceites en terrenos cercanos al aeropuerto de Mataveri. Esperamos que con el tiempo SASIPA haya mejorado su gestión ambiental y su transparencia informativa.

Tras un esperanzador plan director de la municipalidad llamado “Aldea Educativa” , que a principios de siglo intentó integrar los problemas energéticos y ambientales, en los últimos años ha surgido el proyecto AMOR; un acróstico que conlleva impulsar una comunidad Autosustentable, en la que se realicen Mejoras continuas que ofrezcan mayores Oportunidades de desarrollo y Respeten el ecosistema natural. Sin embargo, AMOR no ha comportado cambios radicales. No ha impedido, por ejemplo, que se incremente el volumen de residuos plásticos; que el número de vehículos contaminantes se acerque a los 4.000 (de 300 a 400 matriculados cada año) y que siga adelante la aspiración de recibir cien mil turistas al año. Actualmente hay un coche para cada dos habitantes y las emisiones que genera este parque son un peligro para la protección del patrimonio arqueológico. Los privilegiados turistas deberían visitar los monumentos a pie o en bicicleta; en pequeños autobuses solares o eléctricos. Si nada cambia la situación se hará insostenible. “¡Hay que sacar la chatarra de la isla!”, clama el alcalde Pedro Edmunds.

También se ha producido un compromiso de las autoridades locales de homologar los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODC) acordados por la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2015. Una hoja de ruta tal vez excesiva para una acción diaria que dispone de un presupuesto insuficiente. ¿Nos hallamos ante otro brindis al sol?

La Covid pudo haber sido un período para repensar el modelo. Pero no se aprovechó aquella crisis sanitaria para cambiar el rumbo y de nuevo ha resurgido el afán de crecimiento y de vorágine desarrollista. Existen dos eventos históricos que afectaron la vida de los rapanuis y que introdujeron el “american way of life”: la base militar de la USAF instalada entre 1965 y 1970, abandonada con la llegada de Salvador Allende a La Moneda, y la filmación en 1993 de la película “Rapa Nui”, de Kevin Reynolds producida por Kevin Costner. Pero la mitigación del cambio climático para ser eficaz exige optar por unos valores opuestos a los que introdujeron aquellas invasiones de la cultura del dólar.

El futuro de los rapanuis es ahora más incierto. Los incendios ocurridos en octubre del 2022 son un aviso de lo que les espera y han sido una tragedia que revela el descontrol de las prácticas agrícolas y ganaderas en las zonas del patrimonio arqueológico. Últimamente se ha mejorado la vigilancia con nuevos caminos, vallas protectoras y accesos restringido. Pero estas prevenciones no impidieron el fuego provocado por la quema “controlada” de nueve hectáreas de pastizales en las laderas del Rano Raraku. La fuerza del viento permitió que las llamas arrasaran cien hectáreas y dañaran a ochenta moais que han quedado totalmente carbonizados. Existe el peligro que la blanda piedra se descomponga. Aún no se ha dado a conocer cómo se llevará a cabo su restauración. ¿Qué espera la UNESCO?

Otro tema por resolver es como restituir al pueblo rapanui los restos arqueológicos expoliados. De la misma forma que Noruega acordó devolver las piezas que Thor Heyerdahl se llevó fruto de sus exploraciones, los ingleses deberían de hacerlo con el famoso moai Hoa Hakananaia expuestos en el British Museum de Londres y que fue robado del ceremonial Orogo en 1868 por la expedición del buque HMS Topaze. Esta justa reivindicación resultó contradictoria con un intento fallido en el 2010 de trasladar un moai de ahu Tongariki para ser expuesto en París bajo el patrocinio de la fundación Louis Vuitton.

Rapa Nui requiere con urgencia ayuda financiera (tal vez de entidades como el Banco de Desarrollo de América Latina) para poder proteger su patrimonio y planificar su transición energética y la adaptación al cambio climático; especialmente para estudiar cómo resolver la protección de sus ahus ante la subida del nivel del mar. El de Tongariki puede caer de nuevo; la playa Ovahe de arena fina y color rosado, producto de la mezcla de la escoria volcánica y del coral blanco erosionados, único reducto de la flora costera original, como la “boerhavia acutifolia”, puede desaparecer en la próxima década. También se teme por el cementerio que se halla a escasos metros del océano. El incremento de fenómenos meteorológicos, como grandes tormentas y violentos huracanes, ha sido advertido, una vez más, en el sexto informe del IPCC.

El 70% de la península del Poike está afectada por la erosión. La cubierta vegetal de la isla no llega al 5%, una cuestión que también preocupó a la expedición que realizó Jacques-Yves Cousteau en 1976 . A ello contribuye también una errónea repoblación forestal con especies no autóctonas como el eucaliptus. Hay que descartar ayudas para construir macroinstalaciones hoteleras, proyectos de campos de golf (felizmente rechazados) o centros de ocio altamente consumidores de agua. Recordemos que las únicas reservas de agua dulce se encuentran en los cráteres de Rano Kau, Rano Raraku y Rano Aroi.

Cierto, el gobierno de Gabriel Boric, no cumple lo prometido. “Es un mentiroso”, denuncia el alcalde Pedro Edmunds a los medios de comunicación. El inquilino de La Moneda no cumplió la ayuda a raíz de los los incendios y no atiende las demandas de autogobierno que reclama la isla. Pero la hábil y popular vehemencia del alcalde requiere también autocrítica y que los rapanuis acepten rectificar el modelo de crecimiento. Ante todo, hay que lograr la autosuficiencia energética mediante el desarrollo intensivo de la energía solar. También se puede estudiar la implantación de la eólica, tal vez en la cumbre del Maunga Tere Vaka, la cima más alta de la isla, en el cerro Maunga Orito, Maunga Vai Ohao o Puna Pau ( “Mana-Vai-Tokerau”) que significa el “Nido de Vientos”, haciendo compatibles estas instalaciones con el impacto paisajístico. Según un estudio de René Waldo Pakarati Icka, de la Universidad Católica de Valparaíso, la eólica podría cubrir el 64%, tal vez más, de la demanda energética (2).

La autosuficiencia alimentaria comportaría un plan para reconvertir en biológica toda la agricultura de la isla, en especial de las más de cincuenta granjas existentes. Se podría ayudar a estos campesinos para que pudiesen instalar solar fotovoltaica y pequeños aerogeneradores para bombear el agua de sus pozos. De forma progresiva deberían abandonar el uso de pesticidas e insecticidas que acaban contaminando el litoral. Pequeñas plantas de biogás son también una propuesta ecológica para los residuos agrícolas.

Es necesario introducir tecnologías para evitar el consumo de agua, favorecer el reciclaje; verificar la “capacidad de carga” para saber a cuantos turistas puede recibir la isla y definir su “huella de carbono”. Otro objetivo, políticamente controvertido, es regular la emigración. Hay suficiente preparación y capacidad técnica entre los rapanuis (lo que no les exime de pedir la colaboración internacional de centros y universidades especificas) para fomentar el ecodesarrollo; un proceso regenerativo que no requiere ninguna nueva colonización. Se trataría de revertir la “metáfora de Pascua”, a la que se refirió hace seis años Ignacio Ramonet en “Le Monde Diplomatique”, en un ejemplo a pequeñísima escala de lo que deberá hacer la Humanidad de forma colosal. Pero el tiempo pasa para convertir la isla de los moais en una ecotopía. La emergencia obliga a una rápida reacción de concertación social y cultural, entre gobernantes y gobernados. Hemos de salvar Rapa Nui y el futuro de sus nuevas generaciones antes que sea demasiado tarde.

Santiago VILANOVA

Periodista y presidente de la asociación Una Sola Terra

vilanova.santiago@hotmail.com

(1) “Energias renovables y turismo. Un gran mercado de futuro. Posibilidades en la Isla de Pascua”, Opet Mercosur Roadshow. Insula/Institut Català d´Energia (ICAEN), Santiago de Chile, 28 y 29 de noviembre de 2001.

(2) René Waldo Pakarati Icka, “Aplicación de energía eólica para generar energía eléctrica en la Isla de Pascua”, Universidad Católica de Valparaíso, Facultad de Ingeniería Eléctrica, 2001.

Ver anteriores artículos del autor en “Le Monde Diplomatique”:

https://www.lemondediplomatique.cl/rapa-nui-estado-de-emergencia-1-por-santiago-vilanova.html

https://www.lemondediplomatique.cl/ecocidios-o-ecodesarrollo-i-por-santiago-vilanova.html

https://www.lemondediplomatique.cl/la-transicion-energetica-oportunidad-para-latinoamerica-y-2-por-santiago.html

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