Rapa Nui, Takona Tatu de Ana María Arredondo, Sexta Edición, Rapanui Press, 2018. 303 páginas.
Desde tiempos inmemoriales el tatuaje ha sido históricamente un lenguaje corporal universal, cuyos fines varían de cultura y tiempo, en algunos casos representando estatus social, protección espiritual, pertenencia tribal. Desde los maoríes en la polinesia, hasta las diversas culturas africanas. El tatuaje refleja la genealogía incluyendo las culturas Bantú y Zulú, que tradicionalmente usan, escarificaciones para marcar la identidad, el estatus social, la valentía y la protección espiritual. Más allá de la estética, estas marcas actúan como un lenguaje visual que conecta a la persona con su comunidad y ancestros, a menudo aplicadas en ritos de iniciación como los Bereberes (norte de África), Nuba (Sudán) y Yorubas, estas marcas ancestrales, a menudo geométricas, simbolizan la pertenencia y el linaje familiar o ritos de paso (noción antropológica que significa ceremonias o rituales que marcan la transición de una persona de una etapa, estatus social o rol a otro, facilitando cambios importantes en la vida como el nacimiento, la pubertad, el matrimonio o la muerte), y han perdurando por siglos. La escarificación cuya cicatrización deja alforzas en relieve y actúa como lenguaje visual profundo, en muchas etnias es preferida sobre la tinta para crear diseños con relieve, conocidos como queloides, que son visibles en la piel oscura, cuyos propósitos, junto con indicar pertenencia tribal, la madurez, el estado civil, sirven como amuletos de protección. Los guerreros suelen usar marcas para demostrar su valor, mientras que las mujeres a menudo se tatuaban para indicar belleza, fertilidad o preparación para el matrimonio. Entre las técnicas que se utilizan, están las espinas, agujas o cuchillas para hacer cortes, a menudo rellenados con hollín, carbón o hierbas de diversos colores que permiten fijar el diseño.
Polinesia y Oceanía destacan en el tatuaje Maorí (o tatau) que es un símbolo fundamental de identidad y jerarquía. El moko (tatuaje facial) narra la genealogía y el prestigio personal. En Asia (Japón - Irezumi) el tatuaje se remonta al 5000 a.C., conocido como hajichi en Okinawa o tatuajes faciales en la cultura Ainu, históricamente asociado a la espiritualidad y, a veces, al castigo (como estigmatización), sin embargo, ha evolucionado como arte corporal de pertenencia a grupos, entre otros, los Yakuza. El arte refinado (irezumi) originado como protección, se convirtió en estigma criminal antes de evolucionar a la sofisticada estética, el auge del Irezumi y Horimono (Periodo Edo 1603-1868), cubriendo marcas de castigo y al rebelarse, los criminales y las clases populares comenzaron a hacerse tatuajes artísticos, dando origen al tatuaje japonés tradicional que cubre la espalda o el cuerpo completo, de allí la notable Influencia del Arte y la Mitología, los diseños inspirados en el arte ukiyo-e, representando dragones, carpas koi, samuráis y deidades que junto con simbolizar fuerza y coraje son imágenes de protección, lo cual viene a influenciar el tatuaje mundial contemporáneo. En el Sudeste Asiático, en cambio, (Tailandia/Camboya) los tatuajes como el Sak Yant son considerados protectores espirituales mágicos, y son realizados por monjes. En los pueblos originarios, en espacial en la Amazonía o al sur en la Patagonia eran y son utilizados para conmemorar logros en batalla, representar la conexión con la naturaleza y adoración a los dioses. Algo similar a lo ocurrido con la Cultura Vikinga/Celta, cuyos diseños son basados en runas y mitología como talismanes de protección y fuerza.
Por otra parte, sabemos que la historia del tatuaje en Occidente evolucionó de ser una marca de castigo en la antigüedad, inicialmente asociado con tribus "bárbaras", el tatuaje era usado por griegos y romanos para marcar esclavos, criminales y prisioneros de guerra. Constantino I lo prohibió en el rostro alrededor del 330 d.C. por considerarlo desfiguración de la imagen divina. En siglo XVIII era un símbolo de marginación marinera tras los viajes del capitán James Cook y su tripulación, al regresar de Polinesia, reintrodujeron la práctica en Europa, adoptando el término tahitiano "tatau". Se convirtió en un distintivo de marineros, aventureros y clases marginadas. Luego de la invención de la máquina eléctrica en 1891, Samuel O’Reilly patentó la primera máquina eléctrica basada en el lápiz eléctrico de Edison. Esto masificó el tatuaje, haciéndolo accesible, pero provocando que las clases altas lo abandonaran, relegándolo a circos y subcultura, hasta que .se popularizó, superando el estigma para convertirse en una forma legítima de arte y expresión personal a finales del siglo XX. Sin embargo, la Iglesia Cristiana los asoció con la herejía y el paganismo, prohibiéndolos en diversas épocas antes de su resurgimiento moderno como forma de arte y más allá de la estética, el tatuaje ha funcionado como "documento de identidad" o "pasaporte" que caracteriza el cuerpo de las personas.
El tatuaje en los pueblos originarios, al igual que en la mayoría de las culturas, es una práctica ancestral de identidad, espiritualidad y estatus, no solo estética. Y es utilizado como lenguaje corporal, indicando pertenencia al clan, logros en guerra, o ritos de paso. Las antiguas técnicas incluían punción con espinas, huesos o hilo con hollín, marcando la piel con diseños simbólicos de protección y memoria.
Ya desde la antigüedad hay evidencias en momias egipcias de hace más de 5,000 años que muestran tatuajes, a menudo asociados a mujeres sacerdotisas para fertilidad y protección. También la henna en zonas islámicas, se ha usado durante siglos para tatuajes temporales en bodas y celebraciones. La historia del tatuaje en la India es milenaria, arraigada en tradiciones tribales, espirituales y sociales, con orígenes que se remontan a la civilización del valle del Indo. Históricamente, los tatuajes (o trajva) indicaban casta, identidad tribal, estado civil y protección mágica, siendo comunes entre mujeres Rabari y Mer para belleza o como sustituto de joyas. Además, el mehendi (henna) ha sido un arte temporal crucial en bodas cuyo propósito es la identidad y la casta, o como elemento de protección y magia, incorporando motivos de la naturaleza (leones, escorpiones) para protección o para la fertilidad. El adorno femenino de las tribus Rabari y Mer en Gujarat y Rajastán muestran el rostro, cuello y manos como un "adorno permanente" y signo de belleza. También está la creencia de que los tatuajes marcan a las personas para ser identificadas por los espíritus en la siguiente etapa de la vida. En la Tribu Konyak (Nagaland) los hombres se tatuaban el rostro tras demostrar su valor, a menudo relacionado con el corte de cabezas en el pasado. Ramnami Samaj, en Chhattisgarh, los seguidores se tatúan el nombre de "Ram" por todo el cuerpo como protesta y devoción. En la India y Pakistán aunque no es un tatuaje permanente, el mehendi es una tradición ancestral que adorna las manos y pies de las novias con intrincados diseños florales y de encaje. Cuanto más intenso es el color, mayor es el amor que se cree tendrá la pareja.
Los tatuajes indígenas de los pueblos nación originarios son registros biográficos; por ejemplo, las mujeres Omaha en Norteamérica registraban eventos claves, mientras los Wayuu en Sudamérica usan el "Asho`ojushi" (tatuado con espinas) para reconectar con sus ancestros en el más allá. En la cultura Mapuche, el Kultrun representa la conexión espiritual y es la piel de un animal curtido la que representa la conexión. En las culturas andinas serán las figuras hechas con piedras o en las piedras o maderas tatuadas, bastones de mando o instrumentos. En América del Norte, los tatuajes en la piel funcionaban como "pizarras" para que los guerreros registraran triunfos. En las culturas andinas precolombinas, como la Chimú-Casma y la cultura Ica (Perú), el tatuaje era una tradición documentada que perduró hasta tiempos coloniales.
El Takona es el arte ancestral de pintura corporal del pueblo Rapa Nui (Isla de Pascua), utilizado para relatar historias, linaje, estatus social y conexión espiritual. Consiste en trazos y diseños realizados tradicionalmente con pigmentos naturales (kie’a) en tonos rojos, blancos y negros, especialmente durante el festival Tapati Rapa Nui. En la Etimología: "Ta" significa marcar o tatuar, y "kona" significa lugar o superficie, traduciéndose como "marcar una superficie o lugar del cuerpo", que se consideraba un receptáculo de mana (poder espiritual), conectando a los individuos con sus ancestros y la tierra; los trazos cuentan vivencias, acontecimientos o elementos de la naturaleza (como el ave Manu Tara o la vulva Comari). Se usaba para diferenciar clanes y jerarquías. Se utilizaba kie’a (tierra volcánica roja), marikuru (blanco de toba volcánica) y hollín negro. El takona no es permanente como el tatuaje (tatū), pero comparte con este la misma carga simbólica y estética ancestral.
Rapa Nui, Takona Tatu de Ana María Arredondo, contiene una serie de apartados que van desde el prólogo firmado por Alberto Hotus Ch. Presidente del consejo de ancianos, mapa de la isla y sus claves, una introducción sobre el vocablo “ta” que significa golpear, grabar, marcar, los tatau podrían tener unos 2000 años antes de Cristo, entre golpear la piel y cortarla o el ranurado, hasta la piel con surco pigmentada, dando cuenta del arte en la cultura rapanui, algunas impresiones de los navegantes, misioneros y científicos a partir del siglo XVIII, la pintura corporal, la preparación del pigmento pintura de niños, pinturas ceremoniales (Koro take- Koro manu), pintura de adultos; prácticas del tatuajes, en diferentes partes del cuerpo, abdomen, pecho, cuello, orejas entre otras. Artistas contemporáneos; Bene Tuki, Pascual Pakarati, Carlos Araki, Makomae Araki, Soane Tavataina Paninia, José Francisco Cáceres, sus portafolios de trabajo, leyendas de tatuajes y pintura corporal, nombres de los diferentes tatuajes, entre otros, junto a una interesante bibliografía. El libro además trae series fotográficas, entre otras las de Eduardo Ruiz-Tagle, Francisco Bermejo, Leonardo Pakarati, Paula Rossetti, Abby Te Rongo, e Ilustraciones de Gustavo Bórquez Paoa y las de Te Pou Huke, realizadas para el libro “Leyendas de Isla de Pascua”. Y una Biografía de la autora, que destaca entre sus publicaciones “Medicina Tradicional en Isla de Pascua”. Y durante años directora de la Galería de Arte Aukara, creada junto a Bene Tuki.
Hoy los Memes son los tatuajes digitales, en donde Donald Trump está besando el trasero de Benjamín Netanyahu, quien a su vez es besado por Jeffrey Epstein, y aunque Melania salga a desmentir que no conoció a Donald en la fiesta de Epstein, a propósito de la nada, justo los días en que los aviones y helicópteros norteamericanos son derribados mientras bombardean a Irán, es una simple curiosidad. O Los memes de la tercera semana en La Moneda con una imagen de rodeo en la espalda de la Sra. Adriasola mientras repartía huevitos, y las medallas olímpicas de la ministra Duco, junto al test de doping, o los pollos tatuados en los brazos del ministro de hacienda, todo es imagen, y la imagen queda en el colectivo, como los recientes recortes anunciados a las investigaciones medioambientales y la agresión a la ministra de ciencias Ximena Lincolao, que se suma al histórico “Jarrazo” de agua de la ex ministra de educación Mónica Jiménez, o el propio Kast cuando era Diputado y recorría las Universidades. La violencia es la violencia, por donde se le mire, es por ello que la imagen en sí misma dice más que mil palabras, como la presunción de inocencia de Senadora Flores, en la imagen también aparece, “la cuota Flores”.
Hans Schuster, escritor
