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Reconstitución de escena: un ejercicio necesario en estos tiempos. Por Luis Osorio

Al escribir este artículo, tenía en cuenta el año 1972 o el período previo y casi inmediato al 11 de septiembre de 1973, como una imagen que puede ser el inicio de una reconstitución de escena.

También, observo una relación al momento en que un personero cualquiera de derecha, repudia en la actualidad al terrorismo y la violencia. Y antes de comenzar, también hago memoria del significado de un aprendizaje extraído de la física y sus principios, uno de los cuales es el de acción y reacción perfectamente aplicable a la relación entre las personas.

Así, la escena parte de un período muy convulsionado en el cual a la derecha no le agradaba lo que ocurría en el país, y se une para sus propósitos en concomitancia con la democracia cristiana. Lograba mancomunarse y producir una ambientación, para literalmente darle un golpe al Estado.

Generan un ambiente de gran violencia, desestabilizan al país con los acaparamientos que afectan la economía, haciendo desaparecer los productos básicos del comercio y logrando así un descontento de la población, además, en forma insistente hacen llamados para que las fuerzas armadas se posicionen en el país, y las instalan por 17 años junto a civiles de tendencia conocida, algunos siguen vigentes ya no desde una patrulla juvenil como se hacían denominar, sino como club de adultos mayores.

Las palabras violencia, en este caso de Estado; la delincuencia; el terrorismo; la usurpación del poder; la violación sistemática a los derechos humanos; los asesinatos; la desaparición de personas; la ausencia del estado de derecho; son todas palabras o conceptos, que situados en el hoy, la derecha repudia con energía. En ese momento era un diccionario incorporado a su práctica cotidiana.

El propósito de mayor envergadura, era de una finalidad política de imposición doctrinaria y de un tipo de sociedad bien claro, con horizonte de largo plazo. Lo primordial era el fin, y la democracia no tenía relevancia. Se trataba del principio de una acción, que no daba lugar a una reacción porque el castigo no se hacía esperar instauraban el miedo entre sus armas de hostigamiento, e ideaban estructuras de amplio espectro, con afección para toda la población, a unos pocos de manera favorable y a los más en el sentido opuesto.

Comenzaban a aparecer luces laser proyectadas a gran distancia, que hasta la actualidad se logran percibir.

Esto es parte de la historia vivida y ampliamente comentada.

Pero la extensión del tiempo, permite ir practicando cortes análogos a lo que sería un scanner, con un diagnóstico contundente que evidencia el paso de la historia plagada de hechos bastante reprochables que no hablan bien del país y mucho menos de una sociedad de justicia humana, no creo que alguien se atreva a refutar una percepción de este tipo. Esto va dejando al descubierto una senda, con una acción plasmada desde una herida y que las reacciones no manifestadas, se van acumulando y se convierten en rabia, a partir de hechos concretos que agudizan el diario vivir.

Materias en que lo comunicacional puede cifrar como áreas con avances, como la educación, con exhibición de todo un conjunto normativo, la verdad es que tiene un desarrollo muy débil, con tendencia a que hay mucho de faltante en lo fundamental, y una gran brecha entre lo público y privado.

Conclusión, nunca ha interesado a través del tiempo, dar un vuelco sustantivo el cual podría verse reflejado en el momento en que las familias de más altos recursos, confiaran en la educación pública para sus hijos. Esto opera de manera transversal a otras áreas, donde lo público siempre es desatendido.

Las grandes ideas de cambio, provienen de largos tiempos de postergación y ausentismo o nulas voluntades.

De esta forma se va armando la escena, que se entrelaza con otros hechos de origen. El golpe de estado es financiado con recursos del país, en ese momento se finaliza un concepto de ingenuidad, en cuanto a una supuesta imparcialidad de las fuerzas armadas que no era tal, claramente están al servicio del poder y la derecha, lo cual encierra un tema de riesgo interno, pues representa un factor de desconfianza no menor. No se logra ver una institucionalidad al servicio país, siempre queda la duda sobre la formación que reciben sus integrantes en lo político y las formas de ver las sociedades a las que pertenecen, aspectos que son sensibles y determinantes.

La reconstitución efectuada, lleva a echar un vistazo a la gestación de los acuerdos.

A parte de la acción política ejercida en dictadura, que ya venía con una Doctrina, también arrastraba un Modelo y una Constitución, ésta última redactada entre un grupo de personeros no selectos, y representativos de la derecha que tiene para sí el ejercicio de la violencia como método y una imposición hacia los demás en grado extremo. Pero si llegará a constituir esa forma una reacción de sus oponentes, pasan a ser actos repudiables y que se deben perseguir. Es de importancia esta expresión de hechos, ya que no siempre se les desenmascara en estos términos.

Con esa ambientación previa, la reconstitución que se está realizando, nos hace llegar a los acuerdos que se generan a partir de materias que son parte de problemas que se deben abordar. Sin embargo, paradojalmente, han concurrido y armado las mesas de negociación quienes no tienen el problema y ni siquiera un mandato ni la confianza, para que sean los que acuerden. Otro ingrediente de fragilidad y que es altamente probable, es que cuando la publicidad decía que la alegría ya venía, se fraguaban acuerdos subrepticios y secretos, condicionantes de la prolongación estructural. Es una idea que se va reconstituyendo y no alejada de la realidad.

En el período de la historia más moderna del país, la elección del año 1989 fue de gran expectativa por el imaginario de en un plazo razonable, se construía un país diferente al ideado en dictadura. Pero en un tiempo razonable, el camino fue otro.

Más aún, en un tiempo excedido cuando se llega al 18 de octubre de 2019, más de alguien comentaba sobre que de manera anticipada y con cierta distancia a esa fecha, avizoraba que Chile era como una olla a presión que en cualquier momento podía estallar, se trata de opiniones fundadas. Seguramente, consecuencia de lo que se repetía en más de una ocasión, las profundas desigualdades que tampoco nadie las podías negar, pero sí algunos las aceptaban en plenitud como algo normal.

Así, la reconstitución de escena nos acerca más al tiempo actual, y llegamos al estallido social, que en rigor era la muestra de más de una crisis, al menos se pueden distinguir cuatro: una crisis de confianza, una crisis política, una crisis de gobernabilidad y se articula todo alrededor de una crisis del modelo con injusticias acentuadas.

Es ahí donde aparecen más conexiones perfectas con la situación de origen, y frente a la acción política inicial, no atenuada con los años, viene la manifestación de una reacción. Es la ocasión en que surge lo profundo de cada ser, y diferentes grados de expresión, en ocasiones violentas, pero que no guardan relación con lo derivado del golpe de estado y años siguientes. Más aún, sobre las acciones de mayor envergadura quedan grandes dudas de los autores que las provocaron.

En conjunto, se trataba de una reacción política proveniente de una justa rabia que había ido en aumento sostenido y que las características humanas las exteriorizan de formas diferentes, y ello es parte de la naturaleza del ser, o de historias de vida asociadas a las oportunidades con las cuales cada uno ha ido creciendo. Si el inicio de un ciclo está marcado por una violencia en un grado mayor, difícil es esperar que la puerta queda cerrada para una reacción violenta en grado menor, y ello debe ser entendido con responsabilidad histórica por parte de quien tira la primera piedra, o en un realismo mayor, de quien presiona un botón para que caigan las bombas sobre el palacio presidencial de La Moneda. El efecto pleno de un daño sistémico producido con alevosía y altamente repudiable.

Posterior al 18 de octubre de 2019, se firma el acuerdo que abre las puertas al proceso constituyente, el cual cada día está más cercano a su finalización total con todos los procesos concluidos, debe ir un reconocimiento a los constituyentes que se las jugaron por sacar adelante su labor, y que será preciso leer en profundidad con el 100% de las etapas finalizadas, es decir, el documento final. Lo anterior, para que no vaya a existir un desequilibrio o retardo al incorporar la parte de transición.

Pero como se trata de una reconstitución de escena, y en esto no tienen nada que ver los constituyentes ya que hay una historia previa cuando ni siquiera surgía la figura de ese cargo. El acuerdo por la paz se siente más como una figura de salvataje a Piñera, lo cual puede ser ratificado ya habiendo terminado su mandato y que el factor pandemia le pudo haber favorecido.

No siendo lo constitucional un tema candente de la expresión del 18 de octubre, en ningún caso se podía esperar que los temas sociales llegarán a formar parte de la agenda de Piñera, e inevitablemente quedarían postergados no son materia de interés de aquel que ostenta la cualidad de ser uno de los más ricos del país.

Como momento histórico, más aún considero que en un acto de reconstitución, los partidos de la concertación no han asumido responsabilidad al respecto, en circunstancias que sí la tienen, el estallido social fue un proceso constructivo al cual no se debería haber llegado. Los elementos de la crisis ya mencionados siguen sin variaciones, y según el devenir de un futuro de corto plazo, post plebiscito de salida, habrá una señal orientadora que pudiese llegar a recuperar confianzas.

Una muestra de la articulación de los partidos concertacionistas, queda a la vista en la reciente elección interna del partido socialista. Se presentaban a lo menos cuatro listas, una de las cuales proclamaba que levantaban su candidatura, para enfrentar a otro grupo de contrincantes que consideraban eran seguidores del modelo neoliberal. Ello no es sano al considerar la manera en que se ha gestado la historia, y la forma en que se van armando poderes de inconsecuencia. El punto más delicado, para la vista de todos, es cuando un partido político tiene una Casa Matriz y ésta se compone de sucursales. Argumento contundente para exacerbar desconfianzas.

El resultado Apruebo, podría ser un signo de expectativas con claridad que el efecto no será de inmediato. Sin embargo, debe instalarse el debate de una sociedad diferente y participativa, que para ir marcando una reacción rápida a los elementos que surgen del estallido que siguen a la espera, y que se representan en la foto que antecede este artículo, captada en octubre de 2019 y que ambienta la reconstitución.

A lo menos en un corto plazo, en modalidad Cabildos, dar espacio a Salud, Educación, Previsión, Trabajo, Medio Ambiente, Deportes y Cultura, prepararse para legislar alrededor de una nueva constitución, y aceptar que de una u otra forma son áreas de grandes falencias. El pensar y diseñar no tiene gran costo, es la ejecución la que demanda recursos, pero se puede acompañar de ideas que potencien la creatividad de un renacer de la industria nacional y la conectividad ferroviaria de amplia cobertura.

No son tiempos fáciles, los desafíos son mayúsculos y la historia es larga, el paso a paso de las décadas y siglos, no han sido en vano, siempre detrás de un efecto hay una causa.

La mirada de futuro debe ir hacia adelante, con perspectiva y convicción, sin hacer guiños a un pasado que no ha sido para nada estimulante. El día de ayer, el presidente Boric anunciaba la entrada en vigencia de un salario mínimo de $380.000 en lo inmediato, y de $400.000 a contar de agosto del 2022, lo cual es altamente probable que se encuentre como aspecto destacado en el mensaje presidencial del 1 de junio.

Sin embargo, expresando un reconocimiento a la medida, de inmediato se presentan cuatro ángulos que merecen tenerse en cuenta con la visión de una sociedad diferente y que se debe ejercitar desde ya.

El salario mínimo, tiene un historial. El año 2005, el obispo Goic propone el denominado sueldo ético que asciende a $250.000, cifra de la cual se habló por largo tiempo, pero no se concretaba y se seguía insistiendo en ese monto como referente. El año 2016, es el mismo obispo quien advierte que debido a los reajustes anuales según IPC, el salario ya se debía cifrar en $400.000.

Un segundo ángulo, es que siempre se argumentaba que el subir el sueldo mínimo significaría la pérdida de empleos y todos los efectos colaterales. Al respecto, cabe plantearse que el estar realizando un trabajo por un sueldo mínimo, podría ser consecuencia de una labor que no tiene grandes exigencias en la parte de formación, sin embargo, para la organización laboral es una actividad necesaria y requerida en el rubro en el que se inserta. Se llega así, al círculo que lleva a la necesidad de disponer de mano de obra barata.

El tercer ángulo, es una cuestión matemática relacionada con las cifras que permiten enfrentar el diario vivir. Un empleo formal, determina el pago de cotizaciones, y que en términos reales la cantidad disponible para la satisfacción de necesidades tiene relación con el sueldo líquido. Los montos de $380.000 o $400.000, son los salarios brutos mensuales, pero lo que se recibe a fin de mes en cada caso es $304.000 o $320.000 respectivamente. Por supuesto, habría que revisar condiciones de jornada laboral que operan alrededor de esos montos.

El cuarto ángulo, y en esto una crítica constructiva al discurso presidencial actual, cuando expresa que el haber logrado llegar a establecer un salario mínimo en este nivel, no es algo meritorio del actual gobierno, sino lo que se ha venido haciendo en todos los gobiernos desde el año 1990 en adelante y reconociendo un esfuerzo de éstos, ello se ubica en un estilo de un país con un discurso que no evoluciona, sobre todo teniendo en cuenta las raíces del porque se llega al estallido social. Por parte de los gobiernos no hay esfuerzos, sólo trabajo y responsabilidades. Es representativo de esfuerzo, el desplazamiento a los trabajos en condiciones adversas o el que no alcance el dinero para llegar a fin de mes, entre otras muestras de lo que sí es esfuerzo.

Una sociedad diferente, también se construye desde las palabras, cuando se llega con fuerza a algo que se debe cambiar con urgencia, la razón es la omisión pasada y ni siquiera haber manifestado en los hechos, el interés del bienestar efectivo de las mayorías, siempre había techos y topes.

Alfredo Zitarrosa, cantante uruguayo, decía en una de sus canciones, “no hay revoluciones tempranas, crecen desde el pie”, es preciso tener bien puestos los pies para iniciar los cambios imprescindibles, insistiendo que el cambio de actitudes y de sensibilidades sociales, no son materia de ley, y tampoco requiere de espera. También el ejercicio de pensar, debe estar orientado a perfilar el sentido integral de lo que significa una sociedad distinta, para contraponer a una historia que ha sido indeseablemente conexa.

24 de mayo de 2022

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