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Recordar para no repetir: las acciones encubiertas (1973) y lo siniestro (2019). Por Nicol A. Barria-Asenjo

“Our D-Day was close to perfect….Nuestro día-D fue casi perfecto, con esas palabras informó al pentágono el agregado naval de la embajada de Estados Unidos en Chile, Patrick Ryan, miembro del US Milgroup Navy Section. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 les pertenecía. Era -en la comunicación entre uniformados estadounidenses- “nuestro día-D” (p. 23) Estas fueras las palabras elegidas por la Periodista Patricia Verdugo (2008) para iniciar el primer capitulo de su libro titulado: “Allende: Cómo la Casa Blanca Provocó su muerte”, más adelante agrega, la autora agrega:“porque esta es la historia de un hombre que sabía, pero no pudo evitar que ocurriera aquello que sabía. Esta es la historia de un hombre que encarnó un proceso social, un proceso amasado con paciencia y sacrificio en el curso de más de un siglo por millones de chilenos que soñaron con un país más libre y más justo. Y fue por eso -porque él encarnaba un largo proceso- que nada pudo hacer por evitar la tragedia que se inició con su propio sacrificio. Esta es, también la triste historia de cómo el gobierno más poderoso del planeta provocó una tragedia en una pequeña nación de su mismo continente: Chile. Y lo hizo en nombre de su “Seguridad nacional”. Es verdad que Estados Unidos pudo haber invadido Chile, como antes y después lo ha hecho con otros países del mundo. Pero optó por un método “encubierto” y de ahí la importancia de develarlo, una y otra vez, para que permanezca en la memoria y para evitar que se repita. Y es que las “Acciones encubiertas” - cómo se denominan en el lenguaje de los expertos de Inteligencia- tienen una característica siniestra. Garantizan por un lado, la impunidad de los autores intelectuales y materiales. Y, por otro, crean una gran confusión y dividen profundamente al país que es víctima de esas acciones. En el caso chileno, tres décadas después persiste la confusión acerca del origen real de la tragedia que costó millares de vidas. Una confusión que da paso a mutuas y agrias recriminaciones” (p.24)

A dos años del estallido social del 18 de octubre del 2019, conviene rememorar el punto de inicio, porque es innegable que el golpe militar que tuvo lugar en el año 1973 fue un acontecimiento que no solo alteró y transformó las posibilidades de Chile en ese entonces, sino que, además, logra tristemente persistir en nuestros tiempos, incluso en nuestros días con atisbos de esperanza. El país atraviesa un proceso Constituyente en miras de derrocar oficialmente la antigua Constitución Política, se anuncia un chile Post-dictatorial, una liberación de aquellos simbolismos y significantes traumáticos para la sociedad chilena. Aun así, lo innegable es que este 18 de octubre del 2021 continuamos pisando los escombros de aquella herencia viva del proceso dictatorial que trastocó todo.

El escenario político se vuelve más obscuro al mirar a La derecha y La izquierda política, se encuentran firmes en un sentido radicalmente contrario de reivindicar sus propuestas, ambas posiciones se condensan cada vez más, en el escenario nacional hay una mixtura política cada vez más impresionante, las ramificaciones de los dos significantes políticos son tan variados que tienen entre si muchos puntos de unión y semejanza. Esto anuncia la urgencia de lo radical, las mixturas de forma no aseguran fondos similares, por el contrario, estas mixturas representan meras estrategias detrás de lo cual el modelo capitalista sabe esconderse muy bien y por tanto, continua existiendo. No es este el único fenómeno que merece atención, también lo es el uso de la posición negacionista, fascista y brutalmente discriminatoria como estrategia electoral para quedar en el epicentro de lo debates políticos. Nuestra realidad nacional prevalece como inverosímil, porque es impresentable que en pleno siglo XXI sigan existiendo propuestas de crear zanjas para migrantes, eliminar el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y otras tantas medidas irracionales e inhumanas. Lo medianamente positivo de esto, es que tales estrategias llegan a un punto muerto. Luego de la derrota que sufrió Daniel Jadue candidato del Partido Comunista, podemos afirmar que en Chile, los extremos son negados y rechazados por los votantes, prevalece un conformismo, incluso en tiempos inminentemente políticos y de crisis social se busca algo de esa permanencia en lo conocido, lo que asegure lo mismo o al menos algo no tan divergente.

Este 18 de octubre del 2021, la historia parece retomar su vida, de Norte a Sur, se siente el mensaje del síntoma que no ha logrado sanar, ese síntoma que persiste y que fue identificado por los manifestantes bajo el mensaje “Chile Despertó”, ese Chile despierto retorna pero, ¿De que forma? ¿El advenimiento de la justicia tendrá lugar tras un nuevo despertar social? Lo que nos lleva a un retorno histórico-conceptual, nuevamente el significante “transición” se incorpora en el escenario nacional, primero tuvimos esa transición a una democracia tras la culminación de la dictadura cívica militar, hoy al parecer hay una transición a un Chile que despierta, otra vez….mañana, tal vez, esas falsas transiciones que en la historia del país han anunciado tiempos mejores se vuelvan verdaderas.

A propósito de la noción de verdad, con lucidez habitual Daniel Matamala (2021) publicó una columna contundente y confrontacional sintetizando la sucia y cínica realidad política actual, cito en extenso: “Quien tiene que investigar son los organismos competentes, no son los periodistas ni los parlamentarios”, concluyó el ministro de Economía, Lucas Palacios. Claro, si la prensa no hubiera investigado, nunca habríamos sabido que Piñera fue uno de los dueños de Dominga, ni que la vendió a su mejor amigo. Nunca habríamos sabido del detalle de las cláusulas y contratos que conocimos ahora. Nunca habríamos sabido de los 30 millones de las pesqueras a Sichel. Tampoco habríamos sabido de Exalmar, ni de las empresas zombis que grandes grupos económicos usaron para eludir impuestos. Ni de Caval, ni del Milicogate, ni de tantos otros casos de corrupción. En todos ellos, el poder político y económico intentó mantener la información lejos de la luz pública, y los “organismos competentes”, como la fiscalía e Impuestos Internos, convenientemente miraron al techo. En ese sentido, la frustración del ministro es comprensible. Si la prensa no hubiera investigado y publicado, la ciudadanía habría seguido en la ignorancia. Ministros y voceros no habrían tenido que dar explicaciones ridículas. Y la historia oficial, esa donde los políticos son ejemplos de virtud, esa donde no hay negocios ocultos ni platas irregulares, habría sido la única verdad”.

La verdad y la mentira en tiempos actuales en Chile están enlazados a la acumulación del capital y a la reproducción ilimitada de ilusiones que logren asegurar tal acumulación, lo que implica de forma paralela la desigualdad e injusticia social. Otra verdad innegable es la dualidad del 18 de octubre del 2019, un acontecimiento que generó que las entrañas neoliberales se movieran sintiendo la potencia de las masas populares, pero al mismo tiempo, en suceso traumático que terminó con violaciones a los Derechos Humanos, perdidas oculares, torturas, muertes y un sin fin de acciones inhumanas contra el pueblo chileno. En este breve comentario he querido rememorar algunos puntos importantes de la coyuntura nacional y de la historia del país, repetir una y otra vez el recuerdo de todo lo siniestro para evitar que nuevamente el silencio permita que el enemigo siga avanzando.

Referencias. Matamala, D (2021) La historia Oficial. Recuperado de: https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/columna-de-daniel-matamala-la-historia-oficial/PZZYIBTZXVDQ3H7Z6OZP5634JE/?fbclid=IwAR2auzskxraFJEGZIHuRS-9J_hha82ydWMUlI289P-Ot36sX7N2eIqVO_JQ

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