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Reflexión sobre dos años de gobierno y con 34 años de postdictadura. Por Luis Osorio Olivares

Transformar una sociedad enraizada en un modelo dictatorial, exige premura, mucha convicción y claridad sobre lo que debe ser sujeto de transformación.

El cambio no surge de un día para otro, pero la elaboración de éste implica un proceso constructivo y de involucrarse en el pensar e idear.

Si el tiempo acumulado es muy grande, es razonable pensar que sencillamente no se quiso transformar, hubo una adaptación al modelo, primó el individualismo, el interés personal y se enfatizó el rol de eficiente administrador.

Con lo dicho, hay una cuadratura perfecta con 32 años medidos desde el año 90 en adelante.

Ya pasados 34 años, no había nada que esperar desde el momento en que se presenta al país, en segunda vuelta, una coalición de gobierno compuesta por personeros y personeras del mundo concertacionista y responsables del statu quo que nos llevó al estallido social.

En la práctica, no se supera la historia, sino que la administración del modelo sigue.

Pero no sólo está presente la reflexión del hito que se cumple el día de hoy. Ayer se realizó un plebiscito de unificación del Frente Amplio que seguramente intencionadamente se trató de hacer coincidir, los resultados son un tanto engañadores.

Algunos dirigentes señalaban que la aprobación a la unificación se había logrado con sobre el 80% de las preferencias a favor, lo cual numérica se aprecia como una cifra atractiva.

Sin embargo, algo no menor es que la cantidad de preferencias alcanzadas por hacer un solo partido son 8.598, y que en relación a la votación obtenida por el presidente Boric representa un 0,186%. Si retrocedemos hasta la candidatura de Beatriz Sánchez, período en que tiene un auge en lo público el Frente Amplio, el porcentaje relativo se eleva a 0,64%. Estas cifras podrían ser levemente mayores, si consideramos que el Partido Comunes está en proceso de resolver situaciones con el SERVEL, que le impidieron ser parte de la decisión, pero aún bajo esa consideración no saldrían de la línea de lo exiguo, casi cupular y de un estilo elitista. Interesante el proceso con vista a futuro, que habrá que observarlo en el tiempo, no obstante, es delicada la situación de la desconfianza en los partidos políticos, casi una nula participación en política. Somos parte del período de la inscripción automática y el voto voluntario, en el cual los presidentes han sido elegidos con mayoría relativa.

Falta demasiado para aspirar a grandes transformaciones y a la apertura de las grandes alamedas, a las cuales se les ha ido poniendo en el tiempo más cerrojos que rendijas destinadas a cumplir la expectativa del presidente Salvador Allende, que seguramente algunos quisieran olvidar y dar vuelta la página habiendo ya pasado las conmemoraciones de los 50 años. Si en el tiempo no ha existido la capacidad de construir una visión de sociedad haciendo caso a la justicia en dicho ámbito, y los autores del modelo que ha determinado la consecuente injusticia se han prolongado con sus doctrinas y poderes, no se puede llegar a acuerdos sustanciales con interlocutores que no quieren cambiar y tampoco con quienes les dejaron despejado el camino de continuidad, la estrategia y la táctica de los poderosos estaba bien planeada.

11 de marzo de 2024

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